Hoy se cumplen 28 años de aquel dantesco y triste evento social, de aquel intento de golpe de Estado del 4 Feb de 1992. A partir de ese momento, Venezuela vive en un abismo sociopolítico, económico y moral.


Un propósito: el implementar el socialismo a cualquier precio. Un responsable: Hugo Rafael Chávez Frías quien, a través de una agenda castro cubana, implementó las doctrinas del Marxismo destrozando los cimientos de millones de familias venezolanas y extranjeras quienes, para aquel entonces, el único deseo era el de producir y vivir en una democracia llena de oportunidades.


Y hoy, ese fatídico y frustrado golpe de Estado’ ha mancillado el deseo de oportunidades, esta nueva generación, lejos de llevar ese arraigo ético y moral, ha comenzado a emular a través de una red criminal transnacional y terrorista, que las oportunidades nacen a través del negocio ilícito. Quienes no están de acuerdo, que son millones de venezolanos, no les queda más que emigrar por temor a ser asesinados o a que sus familias mueran de hambre.


Es así como el comunismo radical, disfrazado de chavismo, a través de una propaganda engañosa logró establecer el régimen borrando parte de la Historia e implementando una supuesta gesta de gloria y de heroísmo.


Dicha narrativa constante, a través de los medios de propaganda, doblegan y educan a las nuevas generaciones a que el socialismo fue la mejor y valiente decisión, cuando lo que ocurrió realmente fue: actos de cobardías, des-organización, engaño y cientos de civiles asesinados.


El 4 de febrero de 1992 hay que decirlo, dio inicio al caos y la destrucción del sistema e instituciones venezolanas que concluyeron en una actual hecatombe del Estado de derecho que desbordó la incapacidad de actuación del poder militar, legislativo y judicial, hoy lamentablemente viciado y corrompido por la mafia y criminalidad.

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Militares corruptos, primitivos y oportunistas enterraron a la Venezuela de oportunidades en un país de atraso, ignominia, pena mundial, convirtiendo al pueblo en limosneros de dinero que se debe internacionalmente, de venezolanos convertidos en testaferros y viviendo las mieles del narcotráfico, del arco minero y el tráfico de la gasolina.

No hay nada que celebrar, lo que sí hay es mucho por qué reflexionar y reaccionar; lo que una vez fue un guion preparado aquel 4F 1992, llamado entre comillas “día de la dignidad” debería llamarse “día de la degradación de la sociedad y la democracia”.


Pero, de lo que sí tenemos certeza es de que Venezuela se recuperará y vendrán aires de democracia, y con ello, sentenciar a los que tanto daño hicieron. La justicia siempre llega y el mundo da lecciones de ello.

Editorial Frontera Viva.

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