Gustavo Tovar-Arroyo @tovarr

Obligados legal y constitucionalmente

Si lo que decimos como gobierno legítimo y reconocido por el mundo civilizado es verdad: unos criminales de lesa humanidad usurpan el poder en Venezuela; las fuerzas del terrorismo y el narcotráfico rigen el Estado venezolano; se persigue, encarcela, viola, tortura y asesina a la población civil por razones políticas; el régimen comunista cubano impera el territorio nacional violando nuestra soberanía, sumado al pavoroso etcétera de terror que padecemos; si eso es verdad, estamos obligados a salir de la tiranía con el uso de la fuerza.

Si –además, como decimos– somos gobierno legítimo, estamos obligados legal y constitucionalmente a hacerlo: usar la fuerza y cualquier mecanismo eficaz para derrocar a los tiranos es una obligación legítima y patriótica.

Es lo serio.

El uso legítimo de la fuerza

Miranda, Bolívar, Sucre y Páez hicieron la guerra para liberar a Venezuela de los usurpadores imperiales, no lucharon e independizaron nuestra patria para que Cuba, Irán y Rusia nos tutelaran. Lo que vivimos con el chavismo no es sólo es una usurpación, es una traición sin precedentes. Hay que declararles la guerra a los usurpadores y liquidar a los traidores, insisto, somos gobierno, no somos oposición ni activistas civiles, somos gobierno, estamos legitimados para usar la fuerza. Hay que usarla.

Y si no la tenemos –la fuerza–, con par de talantes bien puestos, hay que emplear los recursos con los que contamos no para pagar bonos del hambre ni para saciar la corrupción de unos miserables, hay que usarlos para prepararnos para una guerra liberadora.

Con seriedad.

Aliémonos por la libertad

A diferencia de lo que piensan algunos ingenuos y quizá poco informados políticos de la oposición, los gobiernos aliados y amigos no tienen ninguna obligación de enviar sus tropas, sus connacionales, a luchar para liberar a nuestro país (de gratis). Eso no ocurrirá jamás. Nos corresponde a nosotros, ofreciendo mucho a cambio, lograr que algo así suceda. ¿Queremos libertad? Negociemos con nuestros aliados los términos para iniciar una liberación por la fuerza de Venezuela, como corresponde a cualquier país que ha sido invadido por fuerzas extranjeras, por mafias criminales, por terroristas y narcotraficantes. Hablemos en serio, ¡carajo!, hablemos serio.

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Se han cometido muchísimos errores, incontables si se quiere, pero el inaceptable, el fatal, es haber dado concesiones a nuestros asesinos. Mientras ellos nos aplastan y exterminan, nosotros insistimos en besarles el anillo.

No sólo hablemos serio, seamos serios.

Nomenclatura de guerra

Se necesita un plan liberador, un plan para la transición (que debe durar al menos 3 años en lo que limpiamos de lacras criminales al país) y un plan para la democratización. Hablar de elecciones libres y verificables, con las FARC, el ELN, los iraníes, los cubanos, los colectivos, los narcotraficantes y los asesinos en serie que nos rigen no es ingenuo, es iluso. Todos queremos una transición pacífica, pero ésta es –lamentablemente– imposible.

El gobierno colegiado de Juan Guaidó debe empezar a operar en códigos y nomenclatura de guerra, porque estamos trágicamente en guerra. Necesitamos hombres de Estado, necesitamos patriotas visionarios, basta ya de concesiones ridículas con la opinión pública.

Para hablar serio y ser tomados en serio, hay que ser serios.

Venezolanos sin identidad

No entiendo cómo el gobierno legítimo no se ha ocupado de censar, identificar (dar pasaporte y cédula) y registrar a todos los venezolanos en el exterior. Con ellos, censados, identificados y registrados se podrían obtener recursos para la liberación, fuerzas humanas para la lucha y especialistas en diferentes áreas para el ataque. No entiendo por qué han permitido que la nación sea náufraga y carezca de identidad. ¿No hay un solo político que ejecute asuntos de Estado, en serio?

No hay tiempo, no más. Esta autocrítica –porque sin duda somos parte del errar histórico– implica asumir los riesgos que hay que asumir para lograr la libertad, hablando y siendo serios. Para que ocurra la rebelión popular el pueblo tiene que saber que su lucha será definitiva, que será seria.

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Es la hora de la seriedad.

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