Humberto González Briceño @humbertotweets

El tema de las negociaciones y acuerdos de la falsa oposición con el régimen chavista no es nuevo. De hecho se ha convertido en la estrategia preferida del régimen para diluir a la supuesta oposición en sus propias contradicciones y sobrellevar las consecuencias de confrontar con países como los Estados Unidos.

Desde 1999 la conducción de la falsa oposición ha experimentado varias rotaciones en su dirección. Pero la estrategia se ha mantenido intacta. Siempre han buscado diversas formas de cohabitar con el régimen bajo la creencia que la pelea hay que darla desde adentro, esto es tratando de disputarle al chavismo el poder en elecciones presidenciales fraudulentas y ocupando cargos de diputados y gobernadores que el régimen ofrece para asegurar su propia legitimación.

Esta postura de la falsa oposición ha tenido brevísimas pausas cuando en algunos momentos su dirección pensó que había condiciones para beneficiarse de contradicciones internas del régimen y apostaba a improvisados intentos conspirativos. Todos estos sin excepción fracasaron y dejaron tras de sí confusas versiones de delaciones y traiciones sobre eventos que parecían controlados y supervisados desde el propio régimen.  Y en muchos casos puso en evidencia las insalvables contradicciones de una oposición dispuesta a hacer un gobierno de salvación nacional con operadores del chavismo tales como Maikel Moreno y Vladimir Padrino López.

Sin tener la capacidad para articular una política efectiva de oposición y resistencia esta falsa oposición siempre termina repitiendo el círculo vicioso de negociar su supervivencia con el régimen chavista. Y este ha sido un patrón que se sigue repitiendo una y otra vez sin que produzca algún resultado positivo para la nación venezolana que se deshace en manos del chavismo.

Con el surgimiento del llamado gobierno interino se crearon expectativas sobre la conformación de un eje de poder que, con el apoyo de una difusa comunidad internacional, pudiera arrebatarle el poder político al chavismo. Pero con el tiempo las expectativas cedieron paso a las realidades. No se puede articular un gobierno y menos aún un estado desde una oficina de lobby y sin controlar un metro cuadrado de territorio.

El interinato de Juan Guaidó tuvo en su momento cierta relevancia derivada del apoyo, no de la comunidad internacional, sino fundamentalmente de los Estados Unidos. Esto además le permitió acceso instantáneo y sin controles a la inmensa masa de activos de Venezuela en el exterior. Pero esta relevancia se diluye cada día ante la incapacidad de crear una política que efectivamente logre el cese de la usurpación como tantas veces prometió el interinato.

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Es, posiblemente, la ausencia de políticas y de una vía consistente y coherente para disputarle el poder al chavismo lo que ven con mayor preocupación los operadores de la diplomacia internacional y especialmente los Estados Unidos. Para quienes controlan y se benefician del llamado gobierno interino de Juan Guaidó parece normal seguir en ese infame ejercicio demagógico y burocrático en forma indefinida o como ellos mismos dijeron con el mayor desparpajo “hasta que cese la usurpación”.

Pero en la política internacional, gobernada por la dialéctica de estados, no hay espacio para la inercia y la inacción. Peor aún, esta dialéctica no está basada en la moral de los derechos humanos sino en la implacable racionalidad que impone los costos de los conflictos y las guerras. Ningún país, ni siquiera los Estados Unidos, va a absorber el costo gratuitamente de ser parte de una guerra que no ve como suya. Aunque públicamente digan otra cosa. Incluso aunque digan que apoyan a Guaidó, apliquen sanciones al régimen chavista y le pongan precio a sus cabezas. El ritmo de esa danza tiene sus límites.

Desde esa óptica, las chapuzas y las improvisaciones que se han orquestado desde el gobierno interino de Juan Guaidó solo pueden producir pánico y la certeza que están tratando con unos piratas de la política cuyos planes van de ningún lado a ninguna parte. Y en esas condiciones es difícil esperar que los llamados apoyos internacionales al interinato se mantengan inalterados. Por el contrario, se percibe no solo la discreta retirada de  muchos países sino también una banalización del tema Venezuela en foros internacionales tales como la OEA y la ONU donde las acciones no pasan de una mera e inútil declaración de condena al régimen chavista de Venezuela sin que esto lleve a mayores consecuencias.

Es factible que sobre estas consideraciones la administración de Joe Biden haya emprendido quizás la más sutil, por lo imperceptible, y agresiva de las iniciativas para quitarse de encima el tema de Venezuela y el interinato de Juan Guaidó. No se puede obviar la lectura entrelíneas del reconocimiento tácito de los EEUU al Consejo Nacional Electoral oficialista (Julie Chung, 6 de Mayo de 2021). Ni los reclamos al interinato por la forma poco transparente como ha manejado la ayuda humanitaria (Juan Gonzalez, 8 de Mayo de 2021). Menos aún la advertencia de que las sanciones (contra el régimen chavista) no son para siempre (James Story, 13 de Mayo de 2021).

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Detrás de este cambio en la política de los EEUU podría estar el improvisado y desesperado llamado de Guiado para negociar si o si con el régimen de Maduro. Para guardar ciertas formas de decencia lo han llamado Acuerdo de Salvación Nacional. Pero haciendo a un lado la necia invocación retorica la salvación que está en juego sería la de la falsa oposición y no otra.

Algunos operadores del propio entorno de Guaidó se han atrevido a confirmar públicamente que efectivamente los Estados Unidos le dieron plazo a Guaidó hasta el 1ro de Diciembre de 2020 para supuestamente sacar a Maduro del poder. Aunque ya el propio embajador Story hizo el conveniente control de daños asegurando, una vez más, que los EEUU siguen apoyando a Guaidó al tiempo que hábilmente desliza la noción que los norteamericanos no son parte de lo que esté haciendo Guaidó. Esto pareciera el preámbulo de la inevitable sacada de alfombra diplomática al interinato.

Lo más probable es que efectivamente los Estados Unidos le hayan puesto un finiquito en el tiempo al interinato de Guaidó para obligarlo a negociar con el régimen chavista y producir un resultado concreto antes de finales de año. De esta forma, y ejercitando el mayor pragmatismo,  los EEUU planea desentenderse del tema Venezuela dejándolo “en manos de los venezolanos.” Así planteadas las cosas el interinato y la falsa oposición van embalados a otra ronda de negociaciones con el chavismo esta vez llevados de la mano -¿o empujados?- por los EEUU.

Esta será la peor de todas, porque la supervivencia del régimen chavista no está en juego ni se define con esas negociaciones de las cuales ellos perfectamente pueden prescindir y seguir jugando baraja. Pero la falsa oposición y quienes se han enchufado al interinato necesitan que esas negociaciones les permitan por lo menos guindarse de alguna pata del régimen que les reconozca el papel de oposición oficialista y obediente con todos los beneficios y las prebendas que eso significa.- 

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