Félix Carvajalino, vendedor.

Los vendedores alegan que una de las causas es el incremento de venezolanos que arriban a la zona a dedicarse a lo mismo.

Por Jonathan Maldonado

La Parada, en Colombia, se ha convertido para muchos venezolanos en la opción más cercana para desempeñar alguna labor a escasos metros de su país, y que genera ingresos en moneda extranjera. Este escenario, ha hecho que la competencia se incremente cada día entre los vendedores, al punto de registrar fuertes caídas en la salida de los productos.

Ernesto Rivas, de 39 años, lleva tres años dedicado al mundo de la informalidad en La Parada. “Lo que fue enero y lo que va de febrero, las ventas han bajado muchísimo”, indicó quien, frente a las pocas ofertas de empleo, se vio en la necesidad de armar su tarantín y ofrecer variedad de productos.

Rivas guarda optimismo y pronostica que, con el transcurrir de los días,  la situación mejorará. “En lo que va de 2020, que hemos estado cortos de plata, uno se limita a gastar en lo más esencial”, aseveró quien en su ciudad natal, Caracas, era soldador y conductor de transporte de carga pesada.

Ernesto Rivas, vendedor.

Según dijo, en los últimos meses se han visto “muchas caras nuevas” que se instalan en cualquier espacio para vender sus productos. “Eso también ha influido y ha hecho que las ventas disminuyan”,  acotó al tiempo que destacó: “ofrezco gaseosa, chucherías, café, cigarrillos, recargo y también vendo minutos”.

Franklin Padilla, de 26 años, también manifestó su angustia frente a la caída de las ventas. “Hay mucha competencia, se siente la diferencia y afecta nuestro bolsillo; sobre todo porque uno debe pagar alquiler y conseguir lo de la comida”, señaló quien pronto cumplirá un año en la zona comercial. “Al inicio era más fácil la venta de los productos, uno mandaba dinero con más frecuencia”,  precisó.

Franklin Padilla, vendedor.

Padilla está ubicado en la calle de retorno a Venezuela. “Aquí tengo ya mi puesto fijo.  A veces la Policía de Colombia nos corre, otras veces nos deja trabajar; ahí vamos”,  detalló el joven, oriundo del estado Yaracuy. “Allá estuve en diciembre, pero no aguanté mucho, la cosa está peor”, lamentó.

Regresó a su tierra por necesidad

Félix Carvajalino, de 54 años, nació en Cartagena, en Colombia, y de joven, como muchos, decidió migrar a Venezuela, específicamente a la ciudad de Valencia, en Carabobo, donde constituyó su familia y vivió por más de 30 años.

Vendedor informal en La Parada.

Ante la crisis que azota a la nación del oro negro, retornó a Colombia, pero sin irse muy lejos, ya que montó su puesto de venta de chucherías en La Parada. “Ya llevo un año acá. Ahorita están flojas las ventas, pero aunque sea me da para comer. En Venezuela, al final, ya estaba aguantando hambre”, señaló.

Si las cosas cambian, Carvajalino no descarta la posibilidad de retornar a Venezuela, nación que “siempre me ha tratado muy bien y me abrió las puertas desde el principio”, recordó con un dejo de melancolía.

Informales en La Parada.

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