Cumplir con una diligencia que ameritó el traslado caminando pocos kilómetros entre una y otra residencia familiar,  se convirtió en la peor pesadilla para Raúl, un joven colombo venezolano de 20 años que fue detenido, maltratado y sometido a tratos crueles por parte de funcionarios de la Policía Nacional de Colombia, en Villa del Rosario, departamento Norte de Santander

Por Rosalinda Hernández C.

El único delito que Raúl (nombre empleado para resguardar la identidad real) aseguró haber cometido fue mostrar a las autoridades colombianas la cédula de identidad venezolana cuando le solicitaron identificarse.

El hecho ocurrió el pasado 9 de abril, mientras caminaba por una estrecha calle de Villa del Rosario, municipio fronterizo con Venezuela.

Con residencia en San Antonio del Táchira y familiares viviendo en Ureña, Cúcuta y Villa del Rosario, Raúl se hace asiduo visitante de las poblaciones fronterizas.

En Villa del Rosario, en casa de una tía había decidió pasar una larga temporada en medio de la pandemia mundial generada por COVID19.

El venezolano se ha dedicado desde hace unos años al oficio de la carpintería y luego de la decretada cuarentena nacional se ve obligado a cesar funciones en el pequeño taller donde elaboraba y comercializaba piezas de madera.

El calvario que Raúl relató haber vivido, inició cuando decidió salir cerca de las 10 de la mañana a casa de una pariente a llevar un repuesto. Lo acompañaban dos amigos, uno de nacionalidad venezolana y otro colombiano.

El joven y los acompañantes no vieron inconveniente en caminar algunos kilómetros y completar la diligencia. Cerca del centro histórico de Villa del Rosario, fueron abordados por unos patrulleros de la Policía Nacional de Colombia, quienes les dan voz de alto y exigen mostrar documentos.

Hasta ahí todo parecía un trámite normal y cotidiano.

¿Cuál fue el delito?

Raúl posee también la cédula de ciudadanía del vecino país por ser hijo de colombianos. Para el momento de la detención  no la portaba y no vio problema en mostrar a los policías los documentos de identidad venezolana.

Uno de los dos amigos que lo acompañaba no llevaba  documentos de identidad (venezolano) y el otro (colombiano) se negó a mostrarlos, relató.

Sin ninguna evidencia que los incriminara en delito alguno, los jóvenes fueron señalados por las autoridades colombianas como expendedores de droga.  

Ante la arremetida de las autoridades el ciudadano de nacionalidad colombiana saco el documento, lo mostró, le impusieron una multa y se marchó sin mayores tropiezos.

“Nos retiramos caminando con tranquilidad hacía la vía publica porque estábamos en medio de un callejón. Los policías empezaron a pedir refuerzos y en cuestión de cinco minutos llegan como ocho motorizados con sus respectivos parrilleros”.

Recordó Raúl que en adelante empezaron los insultos que cada vez se  volvieron más ofensivos y violentos. Los policías  usaron rolos, mecates, incluyendo puños y patadas en contra de él y su amigo.

Raúl mostró a Frontera Viva las marcas que dejaron en su cuerpo la represión policial

Fueron obligados a subir a un camión cerca de las 10:30 de la mañana. Los trasladaron  unos kilómetros más adelante, hacia la autopista que conduce desde Villa del Rosario a San Antonio del Táchira, Venezuela.

Luego los movilizaron cerca a la sede de Migración Colombia, del puente internacional Simón Bolívar y más tarde a la redoma cercana al anterior lugar. Allí los mantuvieron todo el día hasta las 7 de la noche, sin alimentos, ni les permitieron tomar agua.

Transcurrieron nueve horas detenidos y los familiares desesperados nunca imaginaron que los muchachos habían sido arrestados por la policía colombiana.

“Me quitaron el teléfono y lo revisaron completamente. Luego de unas horas me lo devolvieron”, dijo Raúl.

Tratos crueles

Lo anteriormente narrado no se compara en nada al infierno que aseguró haber vivido Raúl, durante las siguientes horas cuando fue sometido a tratos crueles por parte de la Policía Nacional de Colombia.

La espalda, el rostro y los brazos de Raúl, muestran las huellas del mal trato propinado por las autoridades.

“Estoy convencido que la acción se trató de un acto de xenofobia, dijo el joven colombo venezolano a Frontera Viva.

“Cuando los policías empezaron a pedir las cédulas y se dieron cuenta que éramos venezolanos, se volvieron como locos, agresivos. Cuando el colombiano entregó su documento lo dejaron quieto y se fue, con nosotros el trato fue diferente”.

En el camión donde fueron transportados había un grupo de al menos 22 venezolanos más que también habían sido sometidos a tratos crueles, señaló la victima.

Durante la aprehensión uno de los venezolanos intentó huir pero fue capturado en las cercanías de Migración Colombia, comentó.

“Lo llevaron debajo del puente Simón Bolívar, le dieron una golpiza y luego en una camioneta de la policía lo meten con gas pimienta, con los vidrios del carro arriba (…) todo esto ocurre a plena luz del sol”.

Para el venezolano los policías del país vecino se extralimitaron y violaron sus derechos humanos, a su juicio,  solo por ser de nacionalidad venezolana.

“Cuando les preguntaba que iban a hacer con nosotros decían que esperaban respuesta de la Cancillería. Nos trataron como perros solo por ser venezolanos. Es muy triste. Nada pudimos hacer porque de llegar a responder la situación hubiera sido peor y nos acusarían de actuar en su contra o quien sabe qué más”.  

Piden justicia

La historia de Raúl no termina con los atropellos y posterior liberación. El joven afianzado en sus derechos ciudadanos apeló por la asesoría y el apoyo del abogado Armando Sánchez  y la ONG, defensora de Derechos Humanos Operación Libertad Internacional.

Ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, (CIDH) se elevó la denuncia a fin de hacer justicia ante los atropellos a los que fue expuesto el joven.

Recordó el abogado defensor que las violaciones a los derechos humanos no prescriben y aseguró que se llegará hasta las últimas consecuencias para que los responsables paguen por las arbitrariedades cometidas.

Hasta la Personería Jurídica, ubicada en la ciudad colombiana de Cúcuta, institución que atiende los casos de abusos policiales, también se llevó la denuncia sobre la violación de los derechos humanos al ciudadano colombo venezolano.

Fue enviada una notificación al Comandante de la Policía de Villa del Rosario, expresando el rechazo a la actuación de sus subordinados y exigiendo una averiguación sobre el caso.

“Se les violó el libre paso, además de la flagrante violencia física, verbal y el abuso de poder que se ejerció en contra de ellos. Los policías deben pagar lo que hicieron de acuerdo a las leyes colombianas”, explicó Armando Sánchez.

Por su parte la directora de la Organización Operación Libertad Internacional, Natacha Duque, señaló que se encuentra a la espera de una respuesta por parte de los  organismos colombianos sobre las sanciones que se aplicarán a los funcionarios involucrados en el hecho.

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