Las esperanzas de los conductores se diluyen frente al funcionamiento de una sola estación de servicio en la localidad

A la única estación de servicio que funciona actualmente en San Antonio del Táchira, “La Esperanza”, llegó este jueves una gandola de Pdvsa luego de permanecer ocho días cerrada por falta de combustible. De inmediato, vehículos particulares, taxistas y conductores de camiones, bordearon la bomba.

Ese combustible, según comentaron los habitantes, estaba destinado, en primer lugar, al sector de los camiones, que tuvo la prioridad por poseer un convenio con la Alcaldía, que consta de surtirse a cambio de un viaje hasta el vertedero de basura. Los taxis y vehículos particulares, al rato, fueron pasando de forma intercalada.

Cerca de las 9:00 a.m. de ayer, aún no habían comenzado a avanzar los carros. Fabiola Rojas era la primera en la cola. Tenía el número 382 de los más de 1.600 vehículos que fueron anotados en la lista que hacen los funcionarios de la GNB, para evitar que los carros pernocten en las calles.

“El 381 fue el último que pasó hace una semana. Yo quedé en la entrada de la estación”, dijo Rojas, quien se hallaba de primera y a la espera de pasar antes del mediodía. “Es muy duro todo lo que estamos viviendo”, aseguró.

La dama, hace 15 días, se vio en la obligación de pasar la noche en la calle, durmiendo en su camioneta, con el objetivo de no quedar tan lejos cuando pasaran los uniformados anotando la placa. “Imagínese, hasta hoy (jueves) es que voy a pasar”.

Los residentes no albergan muchas esperanzas con el combustible que arribó. “Se trata de una sola gandola que no va a surtir ni a la mitad de los que quedaron en la lista, pues también deben pasar las motos, carros de funcionarios y los que entran por debajo de cuerda”, dijo José Castro.

El hecho de que la ciudad cuente con una sola estación de servicio, enciende las alarmas de una localidad que, al igual que el resto del estado andino, se ve afectada por la escasez de combustible.  A veces, los que tienen cómo pagarla, acuden a los revendedores por una pimpina que puede costar hasta 45.000 pesos.

Ni autoridades ni dueños de la estación “La 56”, han dado a conocer los motivos reales del cierre de la bomba. Extraoficialmente se conoció que la estación se encuentra fuera de servicio por haber registrado irregularidades.

Por: Jonathan Maldonado

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