Si se va a hablar de radio en Venezuela se tiene, indudablemente, que mencionar a Cecilia Martínez Mendoza, la mujer que por osada empezó a hacer radio.

Cecilia nació un 24 de noviembre de 1913, en la todavía Caracas de los techos rojos. Su padre Alberto Martínez Reverón, primo del artista Armando Reverón, fue el encargado de su crianza, junto a la de sus otros tres hermanos, cuando su madre Josefina Mendoza murió en 1926.

Por suerte la joven recibió desde temprana edad lecciones de canto y piano por parte de su madre, quien era bisnieta del presidente Cristóbal Mendoza. Ese abonado amor por la música y el canto, fue precisamente lo que le llevó por casualidad a la radio.

Entre 1932 – 1933, no se tiene fecha exacta, su primo Eduardo Martínez Plaza, pidió a Alberto Martínez, que permitiera que sus dos hijas, Cecilia y Fina, fueran a cantar en su espacio radial de 15 minutos en la Broadcasting Caracas 1BC, ubicada en la terraza del Almacén Americano, propiedad de William H. Phelps.

Esta emisora fundada el 11 de diciembre de 1930, y que, con el tiempo, en 1937, pasaría a llamarse Radio Caracas Radio, fue la segunda que existió en el país tras la efímera vida de Ayre. En ella, Cecilia cantó en un gesto de atrevimiento cuando su hermana Fina quedó paralizada de los nervios.

La misma Cecilia cuenta en el libro “Estamos en el aire: 18 temas de la cátedra de radio Oswaldo Yepes”, de El Nacional, que cuando su primo le llevó a la estación, la sentó en una silla para que simplemente viera cantar a su hermana, pero que Fina quedó paralizada de los nervios, por lo que ella se levantó y fue directo al micrófono, y sin permiso alguno, empezó a cantar.

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El osado acto no sólo salvo a su primo Eduardo de haber quedado solo frente al micrófono tocando la guitarra, sino que, además, impresionó a Edgar Anzola y Ricardo Espina, quienes tras lo ocurrido hicieron las diligencias pertinentes para que la joven recibiera el permiso de su padre para trabajar en la emisora.

Desde ese momento, Cecilia empezó a frecuentar la estación de radio para cantar y realizar comerciales, que en un primer instante eran de las tiendas que estaban ubicadas en el mismo edificio comercial del Almacén Americano.

Vale la pena tener en cuenta que por aquellos días no existía en el país el mecanismo para grabar los sonidos, por lo que se debía realizar el comercial en vivo. Cecilia, en el ya citado libro de El Nacional, cuenta que mientras trabajaba en Leche de Magnesia Philips, tenía que ir hasta seis veces al día a la emisora a hacer el comercial correspondiente.

El amor y el talento por el oficio de locución le llevaron posteriormente a participar en la primera radionovela de suspenso de Latinoamérica, El misterio de los ojos escarlata, obra de Alfredo Cortina y Mario García Arocha, que fue transmitida en 1933.

Y más adelante, en la radionovela costumbrista, La comedia Santa Teresa, también obra de Alfredo Cortina, que estuvo al aire desde 1930 hasta 1934.

Durante su paso por la radio, que duró 21 años, se recuerda la anécdota del comercial de jabones John Laud, el cual fue censurado por el gobierno, entonces presidido por el Gral. Juan Vicente Gómez, por supuestamente considerar que su contenido era atrevido e iba contra la buena moral. El mismo decía:

Suspirando está en el baño, Ana María de la Luz, /Porque ella quiere bañarse con John Laúd / y su madre no concibe que Ana María de la Luz / quiera meterse en el baño con John Loud / mamita, mamita, encárgame un ataúd / si no me dejas bañarme con John Loud.

Cecilia hizo también televisión a partir de 1953, debutando con el programa Tribunal juvenil, de Radio Caracas Televisión (RCTV), misma casa donde inicia el programa Nosotras las mujeres, que fue el primero de la televisión venezolana dedicado al público femenino.

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Este programa duró al aire tres décadas, aunque cambió de nombre y de estación: en Venevisión fue conocido como Cosas de mujeres, mientras que en Venezolana de Televisión se llamó Toda una mujer.

Y a mediados de la década del 50, presento en RCTV junto a Luis Negrón, el programa de concurso Monte sus cauchos Goodyear, del cual nació la popular frase: “Cecilia, ¿cuánto tiene el pote?”. Usada por Negrón para consultar cuánto dinero tenía el recipiente con sobres que se giraba hasta sacar uno y darlo como premio al participante.

La locutora que también llegó a hacer cine y telenovelas, y que dio su ultimo respiro el 23 de septiembre de 2015, a los 102 años, tuvo entre su repertorio de vivencias, el haber bailado una pieza con Carlos Gardel, cuando la estrella visitó el país en 1935.

Ya entonces casada, Cecilia fue invitada a un agasajo que le ofrecieron al cantante argentino en el Dancing de Sociedad. Allí, sentada frente a este, según ella misma cuenta en el mencionado libro de El Nacional, el cantante se levantó y pidió el permiso de su esposo, como era costumbre en la época, para bailar con ella.

Cuenta que una vez terminada la pieza, cuando caminaban de vuelta a la mesa, Gardel la detuvo y le dijo: “Oiga, si yo fuera su marido, jamás la hubiera dejado bailar conmigo”.

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