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El cerro Santa Ana es el lugar donde nació Guayaquil, allá por el siglo XVI en las décadas de 1540 a 1550, cuando el español Diego de Urbina reasentaba la ciudad en las faldas de lo que se denominaba Cerrito Verde o Cerrito de la Culata, que junto al Cerro del Carmen formaban una imagen parecida a una silla de montar por lo cual se llamó a la urbe como la “Ciudad de la silla gineta”.

El nombre de Santa Ana se debe a una antigua leyenda que dice que el soldado español Nino de Lecumberry, en una de sus faenas, estando en peligro de muerte, invocó a dicha santa para salvarse. Al lograrlo, en agradecimiento, colocó en la cima del cerro, una cruz con la leyenda de “Santa Ana”. Desde ahí, los pobladores empezaron a llamar así al lugar.

El Cerro Santa Ana de Guayaquil es un sitio de interés turístico. Su acceso se da por las escalinatas Diego Noboa, cuenta con 444 escalones, que terminan con el faro y una vista panorámica de la ciudad.

Durante el recorrido hasta el faro se pueden probar distintos platos de comida que ofrecen los habitantes del sector.

Hay más de una escalinata que conectan al Faro con la Numa Pompilio; todas ellas brindan hermosas vistas a la ciudad y al río Guayas.   Hay plazas, glorietas, museos, capilla, el faro, galerías de arte, tiendas de artesanía, cibercafés, bares y restaurantes.  En su ascenso se puede encontrar a la Plaza Cerrito Verde y la Plaza de Los Piratas, que contiene la espada de Santiago, símbolo de la fundación de Guayaquil,

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A 310 metros se encuentran restaurantes, cafés, galerías de arte, cibercafés y tiendas de artesanías. Está dotado de plazoletas, áreas verdes para recreación y descanso. Su atractivo más importante que ofrece al turista es la vista majestuosa de Guayaquil. En el mirador del cerro, se puede encontrar unos binoculares especiales, que los turistas podrán utilizar para observar la vista panorámica hacia la ciudad.

En La Plaza Mirador se ubica El Fortín, que es el punto más elevado del Cerro donde se levantan el Faro, la Plaza de Honores, la Capilla de Santa Ana y el Museo abierto y el Cuartel que vigila el orden de la Plaza.

El Faro del Cerro Santa Ana fue construido en el 2002 y tiene una gran connotación simbólica, pues Guayaquil ha sido en muchos aspectos, luz y guía del Ecuador. Se levanta en la cima a una cota de 85,90 metros sobre el nivel del mar, a 18,75 metros de altura y cuenta con una escalinata interna desde la cual se accede a una terraza, punto estratégico para observar la ciudad.

La Plaza de Honores fue implantada en la cima junto con el faro y la capilla, es un espacio destinado a rendir homenaje a los símbolos patrios. El diseño del ancla responde al sendero marcial para izar y arriar la bandera. Es un lugar donde se puede apreciar la historia urbana y naval de la ciudad, punto de resguardo y lugar para efectuar actos oficiales durante la conmemoración de fechas cívicas.

El Monumento al Sagrado Corazón de Jesús se encuentra ubicado en lo más alto del Cerro del Carmen. Guayaquil manifiesta su devoción a través de este monumento que tiene una mirada dirigida al sur de la ciudad.  La estatua se trabajó en Pistoya – Italia, y fue trasladada en partes a Guayaquil en 1970.

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Pero no hay que dejar por fuera la vida nocturna, que es muy intensa y agradable para el turista. Allí se puede encontrar una amplia variedad de bares, discotecas y karaokes que reciben a los visitantes de martes a domingo.

Sin embargo, la pandemia y las medidas de bioseguridad dispuestas por las autoridades del cantón recrudecen la opacidad del lugar. Muchas de las farras han desaparecido, tanto o más que los mismos turistas y caminantes que llegaban también al sitio para subir los 444 escalones. Hoy todo es distinto. hay silencio y caminos vacíos, con apenas unos cuantos vecinos que desde sus portales advierten a las visitas por dónde seguir. La llegada de la COVID-19 y el funcionamiento restringido en la ciudad de bares y discotecas para evitar contagios ha calado hondo en la vida del cerro. Diva Nicotina, La Taberna, Fountain, el Bar Karaoke Pan de Oro, así como La Casa Grande, son algunas de las opciones que encuentra esa noche. En todos los sitios, convertidos ahora en restobares (el requisito para funcionar en medio de la pandemia), hay apenas unos contados clientes. La nostalgia se ha adueñado de sus moradores.

No se pierde la esperanza en que vuelva la magia, el bullicio y el encanto al Cerro Santa Ana.

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