La debacle económica y la constante violación de Derechos Humanos han forzado a los venezolanos a huir de su país. Migración que se ha acentuado en los más recientes años. Hasta noviembre de 2019, más de 4,6 millones de venezolanos habrían buscado refugio en otros países, convirtiéndose en la segunda mayor crisis de desplazamiento del mundo y la más grande de América Latina.

Colombia se ha convertido en el primer país receptor de migrantes venezolanos, acogiendo a 1,5 millones. Desde que inició la crisis migratoria este país ha movilizado asistencia humanitaria y facilitado el acceso al trabajo, creando mecanismos para que cientos de personas puedan regularizar su estatus migratorio.

Es así como Colombia ha sido ejemplo de políticas de fronteras abiertas, mientras que otros países cierran cada vez más sus puertas. Por ello, reconociendo la enormidad de la crisis, la Organización de las Naciones Unidas (ONU), el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) y la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) han creado una plataforma con el fin de brindar una mejor respuesta de ayuda a los países de acogida.

Sin embargo, la capacidad de respuesta del sector público en Colombia para recibir y atender a la población venezolana es cada vez más limitada, debido a la insuficiencia de los recursos institucionales. Además, al mecanismo de coordinación que han dispuesto la ONU y la OIM en el país, conocido como el Grupo Interagencial sobre Flujos Migratorios Mixtos (GIFMM), le ha costado engranar eficientemente con el aparato institucional de la asistencia humanitaria en Colombia.

En medio del proceso de inclusión y adaptación, muchos venezolanos desconocen cuáles son sus derechos y los servicios a su disposición. Pero quienes sí lo saben, deben enfrentar los obstáculos para hacerlos valer; por ejemplo, cobros o procesos burocráticos en los trámites.

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Aunque Colombia ha ofrecido generosas políticas públicas a los migrantes venezolanos, muchos llegan y permanecen baja condición irregular, corriendo riesgos y con poca ayuda. Además, hay población más vulnerable -incluidas mujeres y niñas- que son víctimas de discriminación.

Una tendencia en probable aumento a medida que empeoren los casos de refugiados venezolanos en Colombia, situación que por el actual panorama de Venezuela, vislumbra un indicador de preocupación para Colombia que también debe lidiar con sus problemas internos.

A esto se suma la crisis de desplazamiento interno que colisiona con la de los venezolanos, lo que agrava las condiciones humanitarias para todos. De hecho, gran parte de los migrantes venezolanos se asientan en las mismas comunidades donde residen los desplazados internos, incrementando el estado de vulnerabilidad de ambas poblaciones.

Para palear esta cruda realidad, es fundamental que incremente la ayuda internacional para Colombia de lo contrario, no podrá mantener las políticas públicas que han beneficiado a miles de venezolanos; pues los fondos públicos deben ser debatidos entre las necesidades de los migrantes y la de sus propios ciudadanos.

Sin duda, dicha ayuda podría ser un incentivo para que otros países de acogida de la región sigan los enfoques de Colombia, y promuevan la creación de programas sociales y económicos que ofrezcan estabilidad a los migrantes venezolanos dentro de sus fronteras. / Astrid Anselmi

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