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Leonor Peña

Escritora y Coordinadora del Programa Venezolanos en Pamplona.

En el siglo diecisiete y dieciocho ¿Qué pasaba en el Norte de Santander y en el Táchira? Los cultivos de cacao de la provincia de Pamplona, los cultivos de cacao de las vegas del Río Táchira, los cultivos de cacao… Salían por el Río Zulia, Rio Catatumbo, iban en canoas, en piraguas al Lago de Maracaibo, por ahí iba todo el producto de esta región que era Virreinato todavía y no había problemas de frontera. Esos cargamentos eran llevados primero a Cartagena, otros a Veracruz en México y todos a España. Esta fue una gran zona productora de cacao, es el siglo diecinueve el que transforma en caficultora y ganadera a esta, la Provincia de Pamplona.
Esa tarde el lobby del hotel parecía una sala de cine llena de espectadores que centraban su atención en la gran pantalla del televisor, porque se anunciaban las declaraciones del vice presidente de Venezuela, Jorge Rodríguez sobre el caso de los militares venezolanos en Cúcuta, que se habían exiliado en respaldo a Juan Guaidó, Presidente interino nombrado por la Asamblea Nacional. Además, los avances del noticiero anunciaban que el régimen de la dictadura declararía directamente la persecución policial y denunciaría ante organismos internacionales a los miembros de la oposición venezolana, promotores de los recientes eventos de Cúcuta en apoyo a Juan Guaidó.
Era el año 1992 y el Dr. Ramón J. Velásquez ejercía la primera magistratura designado por el Congreso Nacional como Presidente de Venezuela, por un lapso de transición. Una gran conmoción política, un fallido golpe militar al presidente Carlos Andrés Pérez y luego su destitución ahondaron la crisis y activaron la emergencia para que se decretara el gobierno de transición, se designara al presidente interino y se aprobara el cronograma electoral que permitiría elegir al próximo presidente constitucional de la República.
Según cuenta con su palabra luminosa nuestro máximo historiador, en las primeras décadas del siglo XX el éxodo laceraba a la familia tachirense que sufría el tener que partir huyendo al destierro, por los caminos que conducen a la frontera colombiana. Relata nuestro respetable paisano, que hace cien años por los senderos rurales y los caminos de San Cristóbal rumbo a Cúcuta se veían miles de tachirenses caminando como una procesión de penitentes huyendo hacia Colombia. Era una legión de nómadas que salían escapando de la sangrienta dictadura de Juan Vicente Gómez, a quien representaba en San Cristóbal su primo Eustoquio Gómez, gobernador del Táchira. Entonces la policía matonil de Eustoquio llamada La Sagrada, cumplía la orden vil de robarlos, quemarles sus casas y matarlos. Roberto, Candelario y Mateo, era la contraseña que como mensaje cifrado enviaba el gobernador del Táchira a través de las líneas del telégrafo, y en órdenes a sus guardias y sicarios.
Con orgullo como editora presento a ustedes las publicaciones correspondiente a la Serie Patrimonio cultural gastronómico de Pamplona, que se inicio en el año 2017, con el Recetario de la navidad pamplonesa, de Martha María Villamizar Ramírez, primer cuaderno de la Serie que publicamos con el sello editorial de Venezolanos en Pamplona.

El pan tachirense

El Táchira amanece en la historia como parte de la provincia de Pamplona, y nuestro pan, el primer pan, llega con los fundadores que por mandato de Don Hortún Velásquez de Velasco arribaron hasta las vegas del río al que llaman Tormes como el río de la ciudad de Barco de Ávila, tierra natal de Don Juan Maldonado y Ordoñez de Villaquiran, Capitán español que arriba con el mandato de fundar nuestra ciudad como: Villa de San Cristóbal.
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Nadie puede detener la primavera… Los venezolanos estamos celebrando en New York que volvió la primavera, que las flores han regresado, vuelven a nacer y el verdor de los árboles nos recuerda al trópico. La primavera está en la alegría de ver el sol, en respirar la esperanza que tenemos todos los newyorkinos y en especial nosotros los migrantes venezolanos de pasar esta prueba gigantesca de una pandemia, y recuperar nuestras rutinas de trabajo, la convivencia, el compartir. La primavera ha significado el primer paseo por la ciudad, para redescubrir la ciudad con el cuidado que exige la situación y poder estar por un corto tiempo fuera de casa luego de pasar cincuenta días de cuarentena en el encierro por aislamiento preventivo… Salir en primavera fue vivir ese primer día la felicidad de saber que sobrevivimos el invierno y que seguimos viviendo. Que estamos libres y vivos.

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