Pese a las medidas decretadas por Colombia y Venezuela sobre el cierre de sus fronteras para evitar la propagación del coronavirus, al país neogranadino se le dificulta la tarea de contener el desplazamiento entre naciones debido a los porosos límites de la nación.

Desde hace años, Colombia enfrenta una de las más grandes crisis migratorias del mundo. Con una frontera compartida con Venezuela de 2.200 kilómetros, repleta de trochas, por donde los venezolanos huyen del régimen de Nicolás Maduro.

Sin embargo, parece que el éxodo no tiene temor al coronavirus y a las restricciones migratorias cuando se compara con otros temores como el hambre, la persecución y los grupos armados.

Ahora, las fronteras se plantean como un reto para las autoridades de ambos países frente escenarios del que evitan ser réplica: Italia o España, por ejemplo, que hoy se muestran frágiles ante la pandemia por falta de controles y prevención.

Los tramos más transitados

Norte de Santander

El 13 de marzo por la noche, tras el anuncio del presidente Iván Duque sobre el cierre de las fronteras con Venezuela, la situación se tornó caóticamente preocupante. La gran mayoría de venezolanos quería regresar al país, pues muchos de ellos viven de la economía informal y se mantienen en una situación migratoria irregular; otros, hacen parte de la llamada migración pendular, es decir, que van y vienen constantemente.

Según el secretario (e) de Seguridad de la ciudad de Cúcuta, John Anzola, el flujo de migrantes ha bajado un 80 por ciento. Actualmente, solo pueden pasar hacia territorio colombiano quienes demuestren motivos de fuerza mayor, especialmente pacientes crónicos.

El cierre de los cuatro puentes entre las naciones hermanas no les ha dejado a los migrantes otra alternativa que aventurarse por los caminos verdes o llamadas “trochas”.

Los pasos ilegales con Puerto Santander, Villa del Rosario y Cúcuta suman alrededor de 139. Muchos venezolanos se aventuran a pasar por las trochas para comprar medicamentos, alimentos o simplemente regresar a casa; un atrevimiento que además de representar riesgo, también les cuesta dinero.   

En el camino tienen que pagar pequeños peajes, que pueden sumar 30.000 pesos colombianos, una cantidad muy representativa para los venezolanos. En esta porosa frontera, grupos irregulares conformados por la guerrilla o “paracos” controlan las actividades ilegales y el paso de migrantes.

El punto más crítico se llama La Pared, ubicado a 2 kilómetros por la vía que conduce a La Parada, un estratégico barrio de Villa del Rosario. Allí, del lado venezolano construyeron una escalera artesanal que les permite pasar, aunque las autoridades colombianas aseguran tener esta zona controlada.

Sin embargo, controlar todas las trochas es casi imposible en una frontera tan larga. Actualmente, la Policía trabaja con toda su capacidad en alistamiento de primer grado: Carabineros, Esmad, inteligencia y cuadrantes. El Ejército también hace presencia con su capacidad desplegada y sus drones. Cuando las autoridades encuentran personas en las trochas las conducen a los pasos regulares y allí Migración Colombia realiza el proceso para que regresen a Venezuela, donde Nicolás Maduro decretó cuarentena en todo el territorio.

La Guajira

De este lado, son 249 kilómetros de frontera terrestre que colinda entre el departamento de La Guajira con territorio venezolano. Se estima que existen alrededor de 250 trochas ilegales en este tramo, utilizadas para el cruce ilegal de personas y mercancías, lo que la convierte en una zona difícil de controlar.

Incluso, el gobernador de La Guajira, Nemesio Roys, ha reconocido que se trata de una frontera difícil, por lo que ha pedido al Gobierno colombiano aumentar el pie de fuerza militar y mayor intervención del Esmad. Refuerzos con los que busca restringir el paso por las peligrosas trochas.

Astrid Anselmi

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