El análisis de los sucesos que tuvieron lugar en la Terminal Ejecutiva de Barajas la noche del 19 de enero y su comparación con los procedimientos que habitualmente son llevados a cabo por las alegaciones diplomáticas que llegan a nuestro país pone de manifiesto el cúmulo de precipitaciones, opacidades e irregularidades en las que incurrió el Gobierno en el llamado «Delcygate».

Aunque el relato que se deduce de la declaración jurada ante notario del vigilante de Ilunion J. S. M. M. es bastante elocuente en sí mismo, fuentes diplomáticas confirmaron al diario larazon.es que «los dos carros de maletas» que sin ningún tipo de control aduanero entraron en territorio nacional no pueden ser considerados desde ningún punto de vista valijas diplomáticas, el método habitual de intercambio de documentos entre los ministerios de Asuntos Exteriores y sus diversas delegaciones repartidas por el mundo.

Aunque su forma física concreta puede variar levemente de un país a otro, una valija diplomática es una saca de lona reforzada con cuero en la parte inferior que tiene un candado y un sello que solo puede romperse en el punto de destino. En la saca viene indicado en letras claramente legibles que se trata de una valija diplomática inviolable y se suele añadir, como en las utilizadas actualmente por la diplomacia española, la bandera nacional del país que se trata.

Es habitual que se encomienden al comandante de un vuelo internacional de la línea aérea de bandera del país que se trate y que sean recogidas en el aeropuerto de destino por un diplomático del ministerio. Hasta hace muy poco era obligatorio que fuera un diplomático el encargado de recogerla pero actualmente el reglamento permite que sea un empleado de embajada o del Ministerio. Otros países, como por ejemplo la Secretaría de Estado de Estados Unidos, tiene un cuerpo propio de correos que son los que custodian las valijas a lo largo de todo el vuelo sin apartarse ni un instante de ellas.

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La valija diplomática es un método de comunicación utilizado para intercambio de despachos y otros documentos principalmente y aunque los encargados de los controles aduaneros tienen prohibido abrirlas rompiendo el sello, esto no exime para que sean sometidas a examen por escáner o por perros entrenados para comprobar que no contienen objetos sustancias consideradas ilegales en el país de destino.

Este extremo es importante por que aun en el supuesto caso que Venezuela en la noche del Delcygate en Barajas hubiera intentado hacer pasar las maletas como valijas diplomáticas eso no justificaría que hubieran entrado en territorio nacional sin pasar por los preceptivos controles aduaneros.

Las fuentes diplomáticas consultadas coinciden en que en el supuesto caso de que se presente en Barajas un embajador o un alto dirigente de un país diciendo que determinadas «maletas» deben ser consideradas valijas diplomáticas aunque éstas no lleven ni sellos ni los distintivos habituales el encargado de los controles en el aeropuerto avisaría inmediatamente al Ministerio de Exteriores para informar de la situación, que destacaría al lugar un diplomático para investigar la situación. Es decir sería Exteriores y no Interior –departamento al que le corresponde la vigilancia de las fronteras– el encargado de gestionar el asunto.

Aunque como en todo proceso burocrático la transferencia de valijas diplomáticas está sujeta a «acomodaciones» (sobre todo entre países en los que hay confianza) este tipo de comunicaciones están escrupulosamente regladas por la Convención de Viena sobre Relaciones Diplomáticas, el tratado internacional que regula las relaciones diplomáticas entre los países y la inmunidad del personal diplomático.

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Este acuerdo, que lleva en vigor desde 1964 y que ha sido ratificado por la práctica totalidad de las naciones del planeta (salvo excepciones del tenor de Palaos, Islas Salomón o Sudán del Sur) forma parte del derecho internacional y son tomadas muy en serio.

El vigilante J. S. M. M poco después de consignar que «a partir de las 01.30 horas, los pasajeros del vuelo procedente de Venezuela son alojados en las zonas Vip de la Terminal Ejecutiva» especifica que «el personal de Sky Wallet traslada dos carros con maletas al exterior de la zona pública para ponerlos en los vehículos sin pasar ningún control de aduanas».

El testimonio no solo corrobora que se cometió una irregularidad sino también algo más grave: fue la presencia del ministro Ábalos la que provocó que se violaran los procedimientos habituales que marca no solo la costumbre sino la legislación internacional.

Por A. Rojo / larazon.es

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