Imagínese por un momento que para salvaguardar su vida debe estar confinado en una vivienda y además, debe sobrellevar los días sin electricidad, sin agua potable, sin gas y sin conectividad. Esta es la realidad que se vive en Venezuela desde el inicio del estado de alarma nacional decretada por la pandemia de covid-19, enmarcada por la profundización del colapso del sistema eléctrico nacional y demás servicios públicos.

En el mejor de los casos, se “goza” por pocas horas algunos servicios, pero casi nunca o nunca todos a la vez. Este es el escenario en el que los venezolanos enfrentan el aislamiento en medio de la más grave crisis económica, política y social que azota al país.

Esta es una situación confirmada estadísticamente gracias al seguimiento del Comité de Afectados por Apagones presidido por Aixa López, quien además asegura que las constantes fallas eléctricas han sometido a la población a otro tipo de distanciamiento social.

Consecuencias de las inclementes fluctuaciones eléctricas

Los bajones, apagones y fallas parciales o totales han provocado, en una Venezuela sin poder adquisitivo ni ahorros, el daño de artefactos eléctricos y/o electrodomésticos, por ende, también han perdido alimentos perecederos como leche, queso, carne, pollo y hortalizas.

Asimismo, López señaló que la situación empeoró en mayo, sobre todo en los estados Táchira, Barinas y Zulia, que sigue siendo la entidad más golpeada por el colapso del sistema eléctrico nacional.

El pueblo exige calidad de servicios públicos y el régimen reprime

Según el Observatorio Venezolano de Conflictividad Social, sólo en el pasado mes de abril se reportaron 464 protestas por falta de servicios públicos, de las cuales, gran parte de dichas manifestaciones fueron motivadas por las fluctuaciones del sistema eléctrico.

Ante esto, la presidente del Comité de Afectados por Apagones denuncia que el régimen de Maduro, en lugar de dar soluciones, lo que hace es reprimir y detener a las personas que protestan por las fallas en el servicio eléctrico.

“Lo que exigen es tener un servicio de calidad. Las fallas afectan también otros servicios. Es injusto y nosotros lo condenamos y rechazamos”.

El país no genera la energía demandada

De acuerdo con la Asociación Venezolana de Ingenieros Electricistas, Mecánicos y Profesiones Afines (Aviem), las 11 plantas termoeléctricas y las cuatro hidráulicas ubicadas en Barinas, Mérida, Trujillo, Táchira, el Sur del Lago de Maracaibo en Zulia y Alto Apure apenas están suministrando 10% de la energía que requiere la región suroccidental, refirió el diario Tal Cual.

Además, el desarrollo hidroeléctrico de Los Andes está totalmente apagado. Esto significa que la demanda de la región depende casi enteramente del bajo Caroní, al sur de Venezuela.

Por la caída de la generación, el régimen ha aplicado fuertes racionamientos en el occidente del país.

Colapso generado por la corrupción

Por su parte, el ingeniero Winston Cabas, presidente de la asociación Aviem del Colegio de Ingenieros de Venezuela, sostiene que el deterioro del parque termoeléctrico e hidroeléctrico nacional, la caída en la generación del bajo Caroní y las fallas en las líneas de transmisión son factores que hacen que el sistema eléctrico venezolano sea frágil e inestable.

Cabas se mantiene en el exilio desde que el régimen lo persiguió en 2019 por haber denunciado la crisis del sistema eléctrico nacional.

“Esto es producto de la falta de mantenimiento, la corrupción y de que Pdvsa no está produciendo los combustibles que el país necesita para la operación de las plantas termoeléctricas. Esto hay que decirlo hasta la saciedad. Esto hace que haya un déficit de generación en todo lo largo y ancho del país”

sentenció el presidente de Aviem.

Prensa Frontera Viva

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