Ph.D. Tomás Páez

Desde hace varios meses, decenas de miles de candidatos optan a diferentes cargos de representación en distintas instancias del Estado: más de 70 mil aspirantes se han postulado a 3 mil cargos, 300 aspirantes lo hacen a 23 gobernaciones y 4.500 a 335 alcaldías, de acuerdo con los voceros del ente electoral.

Los aspirantes del régimen están incapacitados para construir lazos con la diáspora. Ni siquiera son capaces de ponerse de acuerdo en torno al número de personas que la integran. El Sr. Maduro dice que son 600 mil y su defensor, el Sr. Tarek W., lo contradice: “ha retornado un millón de venezolanos”. Su cinismo e indiferencia los inhabilita para cualquier diálogo y cubre de vergüenza a sus defensores y representantes.

El diálogo solo puede entablarlo quien reconozca la existencia e importancia de la diáspora, condición que debe acompañarse de políticas y acciones con la finalidad de crear la indispensable atmósfera de CONFIANZA. Por ese motivo echamos en falta su ausencia en la abrumadora publicidad de los candidatos, pues hay pocos hogares en cada ciudad sin una silla vacía y un “corazón partío”.

No es un hecho fortuito. También estuvo ausente en la propuesta de Ley de Ciencia y Tecnología más reciente. Es preciso insistir: la diáspora, conformada por más de 6 millones 700 mil ciudadanos (Observatorio de la Diáspora Venezolana al mes de julio de 2021), representa aproximadamente 20% de la población del país. Ojalá la omisión no haya sido deliberada y consciente y no obedezca a la letanía de siempre, “tienen razón, pero se fueron y perdieron el derecho a opinar”, o aquella otra, fundamento del pragmatismo miope, “es verdad, son muchos pero no votan y las elecciones se ganan con votos”.

Quienes así actúan menosprecian los fuertes lazos familiares, afectivos y económicos de los votantes con la diáspora. Un porcentaje de los electores recibe de ella diversos apoyos: remesas, uno de los rubros de ingresos más importantes del país, medicinas, alimentos y los más variados bienes y equipos. Con su actitud los aspirantes evidencian su desconocimiento y, de hecho, el rechazo al acuerdo internacional en el cual se establecen los derechos sociales y políticos de las personas, a votar y ser elegidos con independencia del lugar de residencia. La defensa de estos derechos debería ocupar un espacio central en la agenda de los candidatos demócratas.

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La diáspora, aunque los candidatos pasen de ella, está implicada en el desarrollo local y regional a través del apoyo que brindan a familiares y amigos en sus comunidades de origen: cuanto más grande el éxodo regional, más elevados podrían resultar los apoyos. El reconocimiento de esta realidad da pie al diseño y ejecución de políticas activas, orientadas a ampliar y profundizar su participación. Asimismo, el éxodo produce otros efectos e impactos que es necesario considerar, ya que proporcionan una idea del esfuerzo POLÍTICO, ECONÓMICO Y SOCIAL de la nueva realidad.

De las regiones han emigrado empresarios obligados a cerrar sus negocios, convirtiendo vibrantes parques industriales en cementerios de empresas. Los migrantes dejan tras de si a padres, hermanos e hijos que corren el riesgo de desincorporarse del sistema educativo. Ello plantea nuevos desafíos a la política social y educativa regional y local. Con el éxodo se modifica la estructura poblacional de ciudades y regiones, generando presiones adicionales sobre los sistemas de salud, entre otros muchos efectos. Como observamos, los intentos por desconocer a la diáspora son vanos, están a la vista y son imposibles de ocultar.

Atender y dar respuesta a las nuevas realidades y problemas creados al calor de la migración, incluidos los de los migrantes mismos, es una obligación para quienes aspiran dirigir las instituciones de los gobiernos subnacionales. No pueden eludir los problemas de las nuevas dinámicas sociales y económicas, entre ellos la limpieza del registro electoral y los derechos sociales y políticos de los ciudadanos.

Los candidatos no pueden evitar a la tirana realidad: la diáspora fragua una nueva geografía de Venezuela; hace insuficiente la noción de Estado-Nación. Es preciso una visión más global, transnacional. Por ejemplo, en lo relacionado con el ejercicio del voto y el derecho a ser elegido, el registro electoral, el dibujo de las circunscripciones electorales o la ampliación del derecho a votar de la diáspora en elecciones distintas a la presidencial o en los referendos. Además de salvaguardar los derechos humanos, el del voto y el de ser elegido en todas las instancias es una forma de fortalecer y perpetuar los lazos de pertenencia de la diáspora a su país.

Vistos los impactos decisivos de la diáspora en ciudades y regiones: envío de remesas, recursos para adquisición y reparación de equipos, mantenimiento de viviendas y, en definitiva, la mejora de las condiciones de vida de familiares y amigos, nos preguntamos: ¿se trata de indiferencia, desprecio o desconocimiento de la realidad?

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Los efectos producidos por la diáspora ponen de relieve la necesidad de conocer el número y porcentaje de migrantes en cada ciudad, las principales ciudades de destino de sus coterráneos, en donde han creado nuevas redes institucionales, políticas y empresariales de enorme interés para las regiones de origen y acogida. Un importante segmento del éxodo está integrado por quienes retornan (o sus descendientes) a las ciudades y regiones de donde habían emigrado a Venezuela. Ellos abren nuevos espacios y oportunidades a los acuerdos regionales transnacionales, las inversiones y el desarrollo de ambiciosos proyectos conjuntos.En los nuevos espacios y límites creados por la diáspora, se construyen innovadoras redes empresariales, académicas, culturales, políticas e institucionales y un proceso de múltiples intercambios de información, productos, recursos económicos, ideas e ideologías entre los integrantes de la diáspora y los ciudadanos de las regiones de origen.

La novedosa geografía de Venezuela crea nuevos límites humanos, de carácter transnacional, abre innovadores espacios empresariales y políticos, denominado por algunos autores como “espacios políticos desterritorializados”. Si la pretensión de los candidatos es hacer POLÍTICA, están en la obligación de hacerlo sobre realidades y, por tanto, deberían mejorar su conocimiento de la diáspora y las repercusiones del éxodo en su región.

El conocimiento y la información deben acompañarse de una capacidad para escuchar a los ciudadanos de su región, a los que votan y a quienes, pese a no votar, como en el caso de la diáspora, pueden incidir en el resultado electoral. Escuchar permite conocer las expectativas, necesidades y problemas específicos de los múltiples grupos de interés que cohabitan en un espacio transnacional.

De hecho, la nueva realidad humana convierte la campaña electoral, quiéranlo o no los candidatos, en un evento transnacional; su desconocimiento supone prepotencia y miopía y acarrea la precariedad del ejercicio político. Tal indiferencia solo conduce al desaprovechamiento, para el desarrollo local y regional, de los millones de agregados comerciales, culturales, científicos y de las redes construidas por la diáspora. Así como los candidatos compiten por votos que respalden su proyecto, las ciudades, localidades y la sociedad que en ellas habita, compite para atraer inversiones, promover el desarrollo, mejorar la productividad y la calidad de vida de sus ciudadanos. La omisión de la diáspora imposibilita su participación en el desarrollo de la región que aspiran representar. 

@tomaspaez @vozdeladiasporavene

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