Diego Oquendo Rojas.

Si bien ser pelotero es el sueño de muchos niños y jóvenes en Venezuela, Diego Oquendo Rojas ha logrado hacerlo realidad. Su pasión lo llevó de viajar por el país jugando beisbol a jugar en Estados Unidos (EE.UU.) a nivel universitario.

En medio de un éxodo masivo de juventud que desangra el país a causa de las malas políticas que han llevado a Venezuela al borde del colapso, jóvenes como Diego, se abren paso, extendiendo las fronteras venezolanas más allá del mar Caribe.

Su historia comienza en su Mérida natal con solo 4 años de edad. Diego, ahora con 23 años, recuerda cómo su amor por el beisbol nació al ver a su hermano mayor jugar pelota. “Fue, en parte, por lo que comencé a jugar beisbol”, confiesa.

Sin embargo, materializar sueños no es un trabajo que resulta sencillo y son pocos los que lo logran. Diego es ejemplo de la lucha, fe, constancia y fuerza que caracterizan a la juventud venezolana.

Comenzó en Venezuela

Diego tiene poco mas de un año radicado en Ranger, Texas, al sur de los Estados Unidos, juega como pitcher en el Ranger College y llegó becado al 100%. Se cuenta fácil, pero se trató de una aventura de dos años.

“Yo estaba en Mérida y de repente conseguí por Instagram una propaganda de unas personas que trabajan en Latinoamérica y en ese momento iban a hacer unas pruebas en Barquisimeto. Decidí viajar”, recuerda.

El 19 de diciembre de 2018 el joven pelotero se arriesga y avanza. “Hice la prueba y quedé primero entre 70 personas para un corte de 15 jugadores. Luego de eso nos dijeron que teníamos que hacer un video para enero”. Pasadas las navidades, “volví a Barquisimeto e hice un video mostrando mis habilidades como pitcher. A partir de ese video conseguí una beca”.

Con el ofrecimiento de una beca, parece lógico pensar que ya había logrado su sueño, pero, así como la recibe, la pierde. “Por problemas que tuve con los papeles, yo no pude llegar a esa universidad”.

“Me gusta se pitcher porque tengo el control del juego. El pitcher es el que mantiene el ritmo, es una pieza importante porque es el encargado de mantener al otro equipo a raya. Sin el pitcher no hay juego”.

El “chance” llega por partida doble

Oportunidades como esas son raras y difíciles de conseguir, pero Diego la consigue dos veces. “En septiembre volví a grabar otro video y a partir de ese otro video me volvieron a buscar los coaches”.

Aunque en Venezuela no logró jugar en equipos de las Grandes Ligas (MLB), como siempre había sido su sueño, Diego dedicó parte de su niñez y juventud a practicar y viajar de un estado a otro persiguiendo firmar a nivel profesional. “Lo busqué e incluso estuve en academias en Portuguesa, Acarigua, Aragua, estuve en otra en Carabobo, pero nunca tuve la oportunidad de firmar un contrato profesional”.

Ante le negativa, comienza estudios de medicina en la Universidad de los Andes en Mérida, donde cursó estudios año y medio. Cuando su momento finalmente llegó. Insistió en “buscarle otro chance” al juego y es allí cuando envía un segundo video en septiembre de 2018.

El 11 de enero de 2020 llega a Estados Unidos, con una beca completa para estudiar en el Ranger Junior College en Texas. “Las dos becas que conseguí eran iguales”, comenta Diego. “Becas completas. Donde estoy ahorita no tengo que dar ningún aporte económico. La universidad me cubre todo”.

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Diego como lanzador relevista para la temporada universitaria del 2020.

Todo por un mejor futuro

Lograr un sueño siempre tiene un costo. Para Diego, así como para muchos otros jóvenes venezolanos que han llevado su talento fuera del territorio nacional, abandonar la familia, sus costumbres y celebrar a través de una pantalla ha sido lo más difícil.

“Hay muchas cosas que extraño no solo una, pero creo que, si tengo que elegir una sola sería, aunque suene un poco cliché, mi familia: a mis padres, mis hermanos, abuelos, tíos. Soy una persona muy familiar que le encanta compartir todo con ellos”.

Las barreras del idioma o el golpe por las bajas temperaturas, no llegan a ser impedimento para los miles de venezolanos jóvenes que han dejado el país por no poder contar con una calidad de vida para sí mismos o sus familias.

Como la mayoría de los venezolanos, Diego y su familia atravesaban en 2018 un “momento fuerte”. Recuerda que la idea de emigrar pasó por su mente en varias ocasiones. “Estaba muy prematuro en la carrera y lo llegue a pensar varias veces. En ningún momento pensé que iba a poder emigrar aquí. Sino más bien emigrar hacia algún país cerca de Venezuela porque no tenía los recursos”.

Buscando las oportunidades que Venezuela no les ofrece, el país poco a poco va perdiendo a sus jóvenes, quienes se llevan sus talentos, habilidades, fortalezas y excelencia para enriquecer y fortalecer a países de acogida. Las batallas hoy día no son menos difíciles o reales que la librada por niños, adolescentes y jóvenes en 1814, cuando se luchó por la independencia de Venezuela.

“Veía lejos el hecho de poder graduarme de médico por la situación que había allá. Fue tremenda decisión. Aunque extraño a mi familia es por un futuro mejor. Ha sido fuerte ver a la familia a través de un teléfono, cantar cumpleaños a través de la pantalla, no los veo bien, pero uno se va adaptando. El último mes de diciembre los estuve extrañado mucho”, confiesa. Diego quien está tranquilo al saber que su familia está feliz al verlo bien y que no le hace falta nada. En EE. UU, tiene un mejor futuro que el que pudo haber tenido en Venezuela.

“Las personas saben que tenemos nivel (los beisbolistas venezolanos) debido a que hay bastantes peloteros en diferentes ligas a nivel mundial, sobre todo en las Grandes Ligas en ee.uu., que lo han hecho muy bien. eso hace que sea más fácil para un coach cuando va a reclutar a un pelotero venezolano porque saben que son peloteros de calidad”.

Deporte venezolano sigue en caída

Las diferencias entre el deporte en Venezuela y en Estados Unidos es abismal. Desde las canchas, equipos, uniformes y sobre todo, recursos. Lo único que se mantiene en mejora en el país es la calidad del atleta venezolano, comentó el joven venezolano

“Este (EE.UU) es un país que es potencia mundial no solo en beisbol sino en cualquier deporte. Hay mucha más motivación y apoyo del gobierno”, comentó Diego, a la vez que asegura que el único deporte que “sigue estando en un nivel alto” en Venezuela y “que sigue aportando atletas profesionales que están jugando a nivel del mundo” es el beisbol.

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Con los demás deportes, básquet, fútbol, vóleibol, es más complicado hacerse a un nombre jugando. En EE. UU la motivación es increíble. El mismo sistema hace que practiques un deporte porque te puede ofrecer muchas oportunidades de vida. “Aquí hay becas por todo. Eso es algo que en Venezuela no ocurre”.

Diego como pitcher “cerrador” para el equipo Bravos de Sabetha de Kansas durante la Liga de Verano, en el cual pasaron a las semifinales.

Una juventud “mal” motivada

A juicio de Diego, los jóvenes venezolanos tienen motivaciones, pero marcadas por la crisis del país, lo que los hace enfocarse solo en ser proveedores de las necesidades básicas de la familia y no para una superación personal.

“Aquí los jóvenes están pendientes de ver a qué universidad van a asistir, qué carrera van a estudiar, ese es el pensamiento de los jóvenes, que era más o menos lo que ocurría en Venezuela”, sin embargo, a su juicio, hoy día los venezolanos jóvenes piensan a qué país van a emigrar, pues, aunque quisieran continuar una carrea universitaria, “la situación país los está empujando a buscar cómo lograr esas metas en otra parte”.

Lamenta que los planes de muchos jóvenes sean “irse a otro país a generar dinero porque estudiar en Venezuela es muy complicado”, no por dificultades en la educación, sino porque desde temprana edad los niños y adolescentes se enfrentan a la realidad de que sus padres no ganan un sueldo suficiente o que no hay comida en la casa. “No se sienten motivados a estudiar, sino a irse para generar dinero”.

Ante tantas dificultades que golpean al país, Frontera Viva hace un esfuerzo por destacar el desempeño de jóvenes que, contra todo pronóstico, han podido superarse y alcanzar logros que los nativos de sus países de acogida también anhelan.

Diego está cursando su tercer semestre para optar por un Science Degree (Licenciatura en Ciencias), al terminar el Junior College, planea continuar estudios hasta lograr un título como fisioterapeuta e incluso se visualiza como entrenador de algún equipo deportivo profesional.

En retrospectiva, celebra que, en tan solo un año, haya logrado un gran ascenso personal y profesional. “Estuve reflexionando en estos días, mañana empezamos la temporada nuevamente, y este año siento que he mejorado como un 100%, con respecto al año pasado. El hecho de jugar, aunque haya sido muy poco el año pasado con el College y también haber podido ir a Kansas a jugar una Liga de Verano, donde resalté como uno de los mejores lanzadores tanto de mi equipo como de la liga total, me han ayudado a mejorar exponencialmente como lanzador”.

Sobre su país natal, como cada connacional que se encuentra fuera, sueña con la posibilidad de poder volver a una Venezuela nueva. “Yo amo Venezuela. Me encantaría volver a Venezuela, aunque por los momentos no es un plan que tenga cercano porque la situación allá es muy fuerte y yo sé que este país me puede ofrecer mucho más futuro que el que puedo obtener allá en Venezuela”.

De esta manera, Venezuela celebra otro Día de la Juventud, agridulce. Dulce por todos los jóvenes que dejan en alto el tricolor nacional en diversas áreas, y agrio por los miles que se han visto obligados a dejarla para poder sustentar a las familias. Dulce por quienes siguen apostando por el país y agria por una clase política que, en lugar de ayudarlo, la arruina y colapsa cada día más.

Prensa Frontera Viva

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