En un momento donde las variaciones del tipo de cambio vuelven a despertar incertidumbre y alarma en la población venezolana por la permanente devaluación del bolívar frente al dólar, sería interesante recordar un caso único en la historia nacional ocurrido 1934.

El Bolívar (Bs.), nombre que recibe el signo monetario nacional de uso legal y forzoso, lleva una amplia trayectoria de permanentes devaluaciones. Algunos recordarán de manera casi inmediata, porque lo vivieron o se los contaron, el viernes 18 de febrero de 1983, cuando el entonces presidente de la República, Luis Herrera Campins, realizó un ajuste al tipo de cambio que manejaba el Banco Central de Venezuela (BCV)

Con ello se intentaba corregir la diferencia existente entre el dólar que vendía la entidad bancaria a un precio bajo, y el vendido en el mercado común que tenía un precio más alto, lo que generaba un incentivo para comprar dólares artificialmente baratos y venderlos por fuera.

Fue entonces cuando se creó el Régimen de Cambio Diferencial que anunció un dólar flotante para “viajeros y gastos no indispensables” que iniciaba su venta en 7,50 bolívares por dólar. La noticia ponía punto final a 22 años de un dólar que se podía adquirir vía bancaria en torno a los 4,30 Bs.

Pero previo a ello existió la devaluación de noviembre de 1960, cuando el entonces presidente Rómulo Betancourt creó la Oficina de Control de Cambios adscrita al BCV, y ajustó el precio del dólar para la venta al público de 3,35 Bs. a 4,50 Bs., como señala Carlos Hernández Delfino en su artículo, Los controles de cambio en Venezuela.

Por supuesto, hubo otros casos previos que no son el caso citar en esta oportunidad. Pero lo importante es saber que más o menos hasta 1934, “las relaciones del bolívar y el dólar fueron de una larga estabilidad”, según refiere el economista Asdrúbal Baptista en un artículo para la revista El Desafío de la Historia, (Edición 1).

Le puede interesar.  Coronavirus en Venezuela: nuevos sectores entran en el plan de flexibilización

Esto quiere decir que no había grandes variaciones en la tasa de cambio previas a fecha. Por lo que se podía hablar de una moneda fuerte en cuanto a su poder adquisitivo se refiere, y una moneda que demuestra mantener su valor por una política monetaria responsable, tiende a ser bien evaluada por generar confianza, haciendo que los ciudadanos le usen como medio de ahorro y como medida contable.

Un ejemplo de lo dicho lo manifiesta Baptista en el citado artículo al decir que: “si en 1895 alguien hubiera querido cambiar sus bolívares por dólares, habría tenido que pagar 5,20 bolívares por cada dólar comprado. Y esa misma persona – ya con sus años desde luego – hubiera hecho lo mismo en junio de 1933, pues la situación de intercambio no le habría variado, [debiendo entregar] 5,23 bolívares por cada dólar comprado”.

Pero lo asombroso estaría por ocurrir cuando en septiembre de 1933 el tipo de cambio cotizó a 4,84 Bs/dólar, y en diciembre llegó a estar por debajo de 4 Bs/dólar. Que un dólar americano se intercambiara por menos de 5 bolívares, era algo que había ocurrido durante unos pocos meses de 1918, cuenta Baptista.

Y el asunto no quedó allí, porque en enero de 1934, cuando el entonces presidente de Estados Unidos, Franklin Delano Roosevelt, decidió devaluar el dólar frente al oro, la divisa venezolana demostró su envidiable solidez.

En aquel momento, mientras las monedas de países como Francia, Reino Unido, Italia, y la inmensa mayoría de Latinoamérica, se devaluaban frente al dólar, el bolívar se revaluaba. Si en 1928 se necesitaban alrededor de 5,21 bolívares para comprar un dólar, en 1938 sólo hacía falta entregar 3,19 bolívares. Como diría el Asdrúbal Baptista, esto demostraba que “el mundo andaba por una dirección, y Venezuela andaba en sentido opuesto”.

Le puede interesar.  Venezuela registra 228 feminicidios en lo que va de año

Una razón importante para entender por qué se mantuvo relativamente estable el tipo de cambio Bs/dólar, es por la política monetaria que mantenía el régimen del Gral. Juan Vicente Gómez.

Mientras la mayoría de gobiernos de otros países gastaban grandes sumas de dinero, incurriendo en déficit fiscales que luego financiaban vía emisión monetaria, el General, cuenta Tomás Polanco Alcántara en su libro Juan Vicente Gómez: aproximación a una biografía, siempre buscaba que “los gastos no excedieran a los ingresos y lograr sobrantes para situaciones imprevistas”, porque tenía una gran desconfianza por el endeudamiento.

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí