“Pure” nunca había caminado tanto en toda su vida, pero ahora recorre miles de kilómetros hacia Colombia en la afanosa búsqueda de los medicamentos que necesita una de sus hijas. El instinto maternal que manifiesta con todas las personas que la acompañan en el camino, le concedió su apodo, el cual usan algunos jóvenes venezolanos para referirse a sus padres o a cualquier persona mayor, sin distinción de sexo.

No sabe qué le espera en el vecino país, pero está segura que será mejor a lo que vive en Venezuela.

Con un par de bolsos a la espalda y en compañía de sus dos hijas persigue la ilusión de encontrar un lugar tranquilo fuera del caos que para ella representa el país que la vio nacer.

Aún tiene confianza en que Venezuela va a superar las calamidades que ahora enfrenta y espera volver para ayudar a reconstruirla.  

“Algún día Venezuela tiene que cambiar… ¿cuándo? no sé, pero algún día”, dice al borde del quebranto.

Prensa Frontera Viva

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