Sofos de Mileto

En el año 2013 Malcolm Gladwell, periodista, escritor, ensayista y sociólogo inglés publicó su libro “David y Goliat: Desvalidos, inadaptados y el arte de luchar contra gigantes”. En esta obra Gladwell se centra en la posibilidad de que ocurran eventos improbables en situaciones donde un resultado pareciera muy favorecido hacia el contrincante. El texto contiene muchas historias diferentes de desvalidos que terminan superando las posibilidades. Personas con debilidades de partida han llegado más lejos que muchos que tienen el viento a sus espaldas. Y eso vale tanto para David frente a Goliat, una de las historias allí reflejadas, como para todos los Vietnam -civiles o militares- que en el mundo han existido. Hay una amplia gama de ejemplos en los que las principales desventajas percibidas de hecho resultan ser las claves del triunfo de los Davids contra los adversarios o situaciones similares a Goliat. La adversidad, la inadaptación, confieren una fuerza que hay que saber aprovechar. Entonces, el que parece poderoso no lleva siempre las de ganar. Gladwell no hizo más que actualizar un concepto bien conocido en la historia: el del conflicto asimétrico o la lucha entre el débil y el fuerte.

El conflicto asimétrico, bien estudiado por la historiografía militar estadounidense en pleno fiasco de Vietnam, precisa que su resolución depende de la legitimidad de las partes.

El lado fuerte gana si sabe persuadir al débil de que su autoridad es legítima. Y a la inversa, la parte débil gana si sabe sostener y mantener que el comportamiento de la parte fuerte es ilegítimo. Conclusión: en el conflicto asimétrico se gana más por psicología que por fuerza.

El atractivo y la oportunidad del débil.

“Metiendo David su mano en la bolsa, tomó de allí una piedra, y la tiró con honda, e hirió al filisteo en la frente; y la piedra quedó clavada en la frente, y cayó sobre su rostro en tierra. Así venció David al filisteo con honda y piedra; e hirió al filisteo y lo mató, sin tener David espada en su mano” (Samuel 17, 49-50). Pues bien, este relato bíblico es la victoria del pequeño frente al grande, del desvalido frente al poderoso, un recuerdo de que aunque tengamos todo en nuestra contra, siempre habrá posibilidades de salir triunfante. Es una peculiar metáfora que se ha extendido por todo el planeta, en cuanto que da forma al universal anhelo de poder decidir nuestra suerte por nuestra propia mano, sin encontrarnos sometidos a influencias externas.

Lo que hace parecer fuerte a Goliat es su mayor debilidad. Al menos, lo teníamos claro hasta que Gladwell reformula el mito. Parece que más bien David lo tenía ganado desde el principio.

En ningún momento Goliat podría haber vencido, afirma el escrito, y era algo que tuvieron muy presentes los primeros transmisores de la historia. Se suele olvidar que David iba armado con una honda, un arma de largo alcance, mientras que Goliat, por su gran tamaño, estaba especializado en el cuerpo a cuerpo. Por ello, el filisteo le dice a David “ven a mí, y daré tu carne a las aves del cielo y a las bestias del campo”. En opinión de Gladwell, es un detalle esencial. No demuestra sólo que Goliat era un bravucón, sino que le interesaba que David se acercase.

“Y aconteció que cuando el filisteo se levantó y echó a andar para ir al encuentro de David, David se levantó y corrió a la línea de batalla contra el filisteo”, cuenta la Biblia. En realidad, lo que cuenta la historia es que David consiguió ganar haciendo imponer sus virtudes sobre las de su adversario, con el que se encontraba en casi igualdad de condiciones. Goliat lo habría destrozado en un combate cuerpo a cuerpo, pero probablemente David era un virtuoso de la honda, con la que había pasado toda su existencia derribando a leones y lobos. Ciertamente, en realidad, la honda era una tecnología muy superior a la armadura y la lanza de Goliat.

La fortaleza es sólo una apariencia, recuerda Gladwell. Todos los Goliats tienen importantes puntos débiles que un enemigo avezado puede descubrir y aprovechar.

Si el más fuerte gana todas las batallas, no hay ninguna esperanza para el resto de nosotros. Si los mismos que tienen todo el poder, todo el dinero y toda la fuerza son los que van a ganar todas las peleas, ¿para qué vamos a seguir adelante? Así que esta historia sirve para los que no tenemos grandes esperanzas pensemos que de vez en cuando podemos llegar a la cumbre. Eso es absolutamente cierto, y es de lo que tratan las historias de los desvalidos.

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¿Cuáles son las armas del monstruo venezolano?

El Goliat en Venezuela ha pretendido imponer su temeridad, su fuerza bruta, su poderío, su imparable represión a la gran mayoría de los venezolanos, tratando de inocular miedo y pretendiendo hacernos sentir los débiles en este conflicto asimétrico.

Desde el establecimiento del chavismo como corriente política en Venezuela a finales de los años 90’s, surgieron grupos sociales de tipo comunitario autodenominados “colectivos”, que apoyan al chavismo y al madurismo. Estos grupos manifestaban al comienzo estar dedicados a la promoción de la democracia, de grupos políticos y actividades culturales. Sin embargo, la mayoría de ellos han venido actuando como grupos paramilitares para la defensa del régimen. Sus conductas de intimidación y hasta hechos delictivos, con el apoyo del Estado, los hicieron intervenir frecuentemente en las marchas opositoras para arremeter contra los manifestantes. Finalizando su mandato en 2018, Nicolás Maduro solicitó públicamente en diversas ocasiones estar preparados para el combate en caso de que sucediera un golpe de Estado en su contra o una intervención militar extranjera, alimentando aún más la actitud hostil de estos grupos.

Pero estos colectivos no han sido los únicos grupos que infunden temor en la población civil. Desde que se inició el mandato de Maduro en 2013, las fuerzas de seguridad del Estado también han sido empleadas como instrumentos de intimidación, persecución y tortura. Las Fuerzas de Acciones Especiales (FAES), en todo momento violando la Ley, pero con apoyo del Estado, realizan operativos en los sectores populares del país para supuestamente combatir la delincuencia, pero con la aplicación de ejecuciones extrajudiciales en contra de civiles desarmados. Últimamente su función se ha circunscrito tanto a intimidar, apresar y violentar la integridad física y psíquica de dirigentes de la oposición, periodistas, médicos y cualquier venezolano que ose dejar en evidencia el comportamiento brutal del régimen en la violación de todos los Derechos Humanos, como en cometer las más abyectas fechorías relacionadas con la corrupción, el narcotráfico y la vinculación con grupos armados terroristas, especialmente la guerrilla colombiana y el Hezbolá. 

El propio narco Estado venezolano ha criminalizado de facto la protesta. La práctica frecuente es acusar de traición a la patria a cualquier manifestante, quienes en detrimento de sus derechos constitucionales, son enjuiciados en tribunales militares, aunque estos tribunales existen solo para procesar militares, no civiles. En otras ocasiones, una simple imagen, tomada en  ejercicio de la libertad de expresión y de difusión convierte al usuario de la red en infractor que incurre en instigación al odio.

La Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos en informe ha documentado cómo las fuerzas de seguridad del Estado han utilizado las detenciones arbitrarias como mecanismo para intimidar a los disidentes del gobierno de Nicolás Maduro. Igualmente denuncia el escrito que las personas detenidas con frecuencia han sido sometidas a torturas y tratos crueles. Asimismo se expone en el informe casos en que miembros de las fuerzas de seguridad, presuntamente responsables de la ejecución extrajudicial de manifestantes, fueron liberados a pesar de ser objeto de órdenes judiciales de arresto o permanecieron simplemente retenidos en comisarías o cuarteles militares donde podían moverse libremente y no eran tratados como detenidos. Inclusive se ha denunciado que la ministra del Servicio Penitenciario ha liberado reos en ocasiones para arremeter contra la población. Caso omiso hace el monstruo de las exigencias de organismos internacionales de paralizar estas arremetidas.

La tendencia en la alta esfera del chavismo es la difusión de odio en contra de la oposición venezolana, quien es vista no como un adversario político sino como un enemigo que se debe erradicar. En programas transmitidos por el canal estatal Venezolana de Televisión (VTV), se acusa públicamente de distintos delitos a varios individuos de oposición, aun sin presentar pruebas de sus acusaciones. Incluso el propio Nicolás Maduro en 2018 amenazó con aplicar ejecuciones extrajudiciales a cualquier opositor que considerara “terrorista”, esto en alusión al asesinato del exfuncionario Óscar Pérez en manos de efectivos de seguridad del Estado.

El arma del temible Goliat venezolano es la aplicación de la fuerza, del terrorismo de Estado, y del combate en posición de total asimetría contra un pueblo desvalido, desnutrido, hambriento, cansado, enfermo, agotado, lleno de miedo y ahora desprotegido ante una terrible pandemia, en la que el régimen juega a su sostenimiento en el poder, controlando la ausencia de combustible y dejando a la buena de Dios a los contagiados, con una supuesta improvisación en la atención médico hospitalaria. Es la perversidad la que blande el mango de la lanza de este Goliat. Estas son sus armas que presuntamente lo muestran como indestructible.

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¿Y qué hacemos los Davids venezolanos?

Lo primero por hacer como presuntos débiles es restaurar la más firme convicción que después de un mal final para Goliat, viene un nuevo y mejor comienzo para David. Si caemos en la trampa de la desmoralización con la cual el régimen nos quiere inculcar, para mantenernos pasivos, y con ello arrinconarnos hacia el precipicio, como dijo Mons. Baltazar Porras el pasado 02-08-2020 en la misa para conmemorar a la virgen María en su advocación de la Rosa Mística, seremos una sociedad muerta. Los Davids todavía tenemos un hálito de esperanza y una capacidad así sea mínima de reacción. En el primer semestre de 2020 se registraron alrededor de 4500 protestas en todo el país.

Luego de rescatar esa proyección hacia un horizonte promisorio, hay que encauzar y canalizar apropiadamente las exigencias y demandas sociales, económicas y políticas. La oposición indudablemente ha sido torpe en diagnosticar las fortalezas que tenemos como supuestos débiles y en planificar una efectiva estrategia de lucha, que nos permita sacar del bolsillo la honda que dé en el blanco.  No podemos depender solo de una –parece ya lejana- intervención externa. Todo parece indicar que si comenzamos nosotros mismos a examinar cuáles son las armas con las que posiblemente ya contamos y no las hemos apreciado o las hemos ignorado, hay grandes probabilidades de vencer al monstruo. Tal vez así haya mayor concreción en el acompañamiento de los aliados externos.

El Goliat perverso está herido. Tiene su flanco débil. Tiene muchos frentes abiertos que lo tienen también acorralado. Por ejemplo, su fuente de financiamiento del narcotráfico se le cierra gradualmente y lo pone en vías de asfixia. Su legitimidad ante el mundo la tiene en el subsuelo. La corrupción, desmantelando hacia el exterior el erario público, se persigue hasta con recompensa. Ante tantos golpes los débiles debemos seguir persistiendo en abrirle aún más esas lesiones para convertirlas en mortales. ¿Y cómo se hace eso? Con el arma que todos tenemos, con la honda que todos poseemos. Cada quien desde su plataforma, con sus propios recursos, con sus habilidades y destrezas podemos tumbar a ese Goliat presuntamente imbatible. Si al régimen no le gusta la buena educación, pues los educadores deben seguir ilustrando, enseñando, formando, encendiendo y manteniendo esas luces para atacar la ignorancia con la que Goliat quiere oscurecernos. Si al régimen le molesta la protesta, hay que proseguir, colocándolo en evidencia como el mayor violador de los DDHH, y hay que seguir mostrando al mundo todas esas fechorías. Si al régimen le da urticaria que los médicos exijan mejores condiciones para su labor asistencial, por tener un sistema de salud totalmente colapsado, y en el más grave deterioro, hay que seguir reclamando por la salud integral. Si los servicios públicos están totalmente inservibles, y el régimen continúa suspendiendo su prestación adecuada, hay que continuar demandando la continuidad con calidad de los mismos. En fin, cada David debe seguir en su rol desempeñando con excelencia lo que sabe hacer, indudablemente no dando oportunidad para dejarse atrapar, midiendo la reacción del Goliat y preservando su integridad. Debemos, como David, mantener que el comportamiento del Goliat es ilegítimo, maligno y traidor. Entonces, los débiles ganaremos más por la estrategia, la psicología, la coordinación, que por la fuerza. Mientras nos mantengamos en esa tónica, aparecerán los liderazgos apropiados, los que realmente estén consubstanciados con nuestros planes, con nuestras pericias, con nuestras aspiraciones, con la recomposición de nuestro horizonte.

Esta lucha puede acabar sólo de dos formas.  O Goliat nos sigue invitando a acercarnos a él y nos aplasta totalmente, o como David, con astucia, mayor inteligencia y habilidad le ponemos la piedra en todo el frente, ganando lo que parecía perdido.   

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