Por Leonor Peña

La panadería más famosa, la más aristocrática, la que aromaba la ciudad como una catedral de pan, era esa panadería de doña Nina Estela de Villasmil

Ramón J. Velásquez

Era un pan glorioso!!!

Entrevisté al Dr. Ramón J. Velázquez sobre la historia, la memoria de las panaderías y el pan en San Cristóbal en tiempos de su niñez, y el a sus noventa y cuatro años me contó que recordaba muy bien el pan que hacían en casa de la señora Nina Estella de Villasmil, casada con Don Domingo Villasmil, madre de los Villasmil Estella.  Ellos vivían en la esquina subiendo del Edificio Nacional, y tenía una panadería en su casa. Hacía pan para vender. Él contó así y con su frase inicio esta crónica:

 “¡ERA UN PAN GLORIOSO!” …

Uno veía llegar el pan en unas cestas cubiertas con paños blancos, era como la distribución de las hostias, casi sagrado; era una panadería dentro de la casa de familia, diagonal con los Branger, frente a los Necker Quintero, donde vivía la familia de don Jorge Necker, que una de ellas Doña Eli Necker fue esposa del señor Caracciolo Carrero Prato y de allí surge la familia Carrero Necker, la otra hija de Don Jorge Necker fue casada con Don Jorge Casanova. El pan de la señora Nina Estella de Villasmil era elaborado con todo el arte, la higiene y la calidad del artesano, del mejor artesano italiano.  Era hecho y dirigida su producción por Doña Nina.

También tenía una gran panadería, y podría decirse que era un glorioso pan el de Don Julio Torres en la Plaza La Ermita, era una gran panadería. La esposa de Nemecio Morantes tenía también una panadería, ellos eran conocidos por sus hijos que, aunque eran una familia de clase media, trabajadora, sus hijos eran famosos por ser elegantísimos, -dice el Dr. Velázquez-.  Este señor Nemecio Morantes era muy amigo de Don Israel Ramírez quien tenía un local en la esquina del Edificio del Mercado del antiguo Mercado Cubierto, poseía un almacén y después estaba el almacén de Don Ernesto Iriarte y el almacén del señor Cacique; esa tienda del señor Cacique que fue muy famosa, allí algunas veces se veían sus hijos. Él fue el padre de Joel Cacique.  En                                                                                                                                                                                                                                                                                                                    octubre de 1899 ellos se fueron para Caracas, pero se regresaron, Don Israel Ramírez a poner su tienda a una cuadra de la Plaza Bolívar y Don Julio Torres en la Plaza La Ermita.  Entonces fueron tres panaderías de las que le hablo:  la de Nina Estela de Villasmil, la panadería que tenía el señor Julio Torres en la Plaza de la Ermita y la panadería casera que tenía la esposa de Nemecio Morantes. Todo esto fue durante los años de principio del siglo XX. 

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La panadería más famosa en San Cristóbal, según cuenta el Dr. Velázquez y en sus palabras repito: la panadería más famosa, la más aristocrática, la que aromaba la ciudad como una catedral de pan, era esa panadería de Doña Nina Estela de Villasmil y después estaba la segunda que era la de Doña Carmelita de Morantes, la esposa de Nemecio. Ellos tenían tres hijos muy elegantes y la hija era una niña muy bella. Vivían a una cuadra de la Plaza Bolívar donde fue durante treinta años el Club Demócrata; luego estaba la gran panadería de Don Julio Torres en La Ermita. Don julio estuvo casado una hija del Gral. Aurelio Amaya.

Había mucha elaboración del pan en la ciudad, en ese edificio que se llamó el Mercado Cubierto existían toda clase de pan y había toda un ala del edificio al entrar donde se podían ver en las vitrinas todos los productos de panadería. Ese edificio fue construido por una sociedad de ciudadanos de San Cristóbal en donde estaban los Semidey y los Branger, y eran unas vitrinas inmensas las que conformaban esta área de la panadería y vendían pan de todas las clases.  En el ala siguiente estaban las carnicerías. El pan era muy bueno y venia de todas las panaderías de San Cristóbal, casi todas de descendencia italiana, luego llegó el pan francés que es un pan hecho de harina, sal y horno. Además de todos los panes blancos estaba el pan de panela, el pan moreno y la acema que se hacía por lo regular con panela.  El pan de San Cristóbal era el de los italianos, que a alrededor de 1840 ya producían una gran variedad de pan entre ellos el bizcocho.

La panadería italiana era casera, por eso cuando llegaron las familias de los emigrantes cada uno sabia y traía sus recetas, porque el pan de ellos se elabora en casa. Lo mismo sucedía en La Grita y en Táriba, en todo él Táchira se vendía un pan con queso y miel que, en el centro del país llamaron golfeados, pero que aquí en el Táchira tiene otro nombre, y varían en su forma, son como las quesadillas. Había unos rellenos con dulce de cidra*, con miel de cidra y queso. 

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*Citrus medica.  Comúnmente llamado cidro o citrón, es un arbusto de la familia de las rutáceas cultivado por su fruta, llamada cidra.

Y aunque en los primeros siglos el pan fue español, como los fundadores, es a partir del siglo XIX que la presencia italiana se muestra en la mesa del Táchira, con la bondad del pan y el vino.  Por ello es preciso decir que el pan de San Cristóbal vino de Pamplona.  Vino con los conquistadores, con el Capitán español Juan Maldonado que, al fundar San Cristóbal, detrás del sueño de Francisco Sánchez, el cabildante que propuso en la alcaldía de Pamplona fundar una villa de paso.  Desde entonces nuestra ciudad ha sido como lo afirma en su discurso del Cuatricentenario de la ciudad el Dr Ramón J. Velásquez:   lugar de comprensión para la tregua. 

Los colonizadores llegan de Pamplona al mando de don Juan Maldonado y Ordoñez de Villaquirán, que era yerno de Ortún Velásquez de Velasco, viene hasta acá y trae a su gente, españoles como él, que era de Barco de Ávila, en Salamanca, pero también venía la gente de Pamplona de la región andina: los indios, aborígenes, digamos los campesinos de la época de la colonia. Llegaron como colonos. Como labriegos, y trabajaron los primeros cultivos en las primeras encomiendas, fueron campesinos en su labranza y cocineros, ayudantes y horneros de pan. Fueron ellos los primeros panaderos.

Lo reseña así en su obra San Cristóbal siglo XVII, Tiempo de Aleudar, Lucas Guillermo Castillo Lara.  BATT Biblioteca de Autores y Temas Tachirenses.

Fueron ellos los vecinos de Pamplona los primeros panaderos de nuestra ciudad de San Cristóbal, que horneaban pan desde el primer poblado fundacional cuando San Cristóbal nació por orden de Pamplona como una villeta de paso camino a La Grita y Mérida.

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