Leonor Peña

Una bendición que vino de Pamplona

El Táchira amanece en la historia como parte de la provincia de Pamplona, y nuestro pan, el primer pan, llega con los fundadores que por mandato de Don Hortún Velásquez de Velasco arribaron hasta  las vegas del río al que llaman Tormes como el  río de la ciudad de Barco de Ávila,  tierra natal de Don Juan Maldonado y Ordoñez de Villaquiran,  Capitán español que arriba con el mandato de fundar nuestra ciudad como: Villa de San Cristóbal. 

El pan llega con los colonizadores que avanzan por el Valle de Santiago para  fundar nuestra ciudad, que nace como  villa de paso, sufragana de Pamplona.   Y  ¿quiénes vienen con el Capitán español,  don Juan Maldonado y Ordoñez de Villaquirán?   Pues vienen los vecinos de Pamplona, españoles allí avecindados,  el pueblo aborigen, pueblo de campesinos, labriegos colombianos, que más adelante fueron llamados  reinosos, por ser del Nuevo Reino de Granada.

El Táchira de los primeros tiempos pertenecía a esa región llamada en la cartografía de la conquista española según documentos oficiales:  Provincia de Pamplona.  Puedo afirmar, entonces, basada en las investigaciones de los expertos y especialmente de la antropóloga Reina Duran, fundadora del Museo del Táchira, gran investigadora, que ha demostrado con su trabajo arqueológico, la presencia primera de trigo y trigales, de molinos, y de iniciales manifestaciones de labranza y cosechar trigo que luego serían pan. 

El trigo llegó de Pamplona con los primeros vecinos, colonos, frailes,  monjes,  conquistadores, que poblaron la Villa de San Cristóbal, como fueron tambien en La Grita, Delicias, y otras tierras altas tachirenses, sus fundadores los primeros labradores.  Así lo reseña  Lucas Guillermo Castillo Lara  en su libro San Cristóbal siglo XVII.   Tiempo de Aleudar.  Batt.  Biblioteca de Autores y Temas Tachirenses.

Los expedicionarios y frailes venidos de Pamplona, seguramente traían en sus andariegas alforjas de pioneros las primeras semillas para iniciar sembradíos, en la esperanza agricultora de cultivarlo y poder hacer el pan nuestro de cada día, que desde entonces bendijo la mesa de nuestra ciudad de San Cristóbal y con ello la mesa tachirense.  Lo más probable fue que también trajeran en sus provisiones harina de trigo pamplonés para amasar  la oblea de consagrar,  para hacer las hostias y así cumplir con la liturgia de la misa. Entonces el pan tachirense nació al tiempo con la misma masa suave del amasijo sacramental  para la comunión en el altar, y así ser  para siempre el  pan nuestro de cada día: Ofrenda y bendición en la mesa familiar.

Desde entonces, el pan es para nosotros los tachirenses una alegre y bendita presencia de  bondad, que tanto en la paciente labor de cultivo, como en el esmero culinario para llevarlo al altar cristiano o la mesa familiar. Tanto  en la sagrada liturgia católica, como en la reunión diaria de nuestra mesa de comedor, aparece  para ser una bendición. Es la verdad, el pan del Táchira es una bendición que vino de Pamplona.

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