En 1994 el país experimentó la crisis bancaria más grande de su historia. La intervención de bancos y entidades financieras de todos los tamaños tuvo repercusiones negativas en la economía nacional que contribuyeron a alterar el panorama político y social de la época, aumentando el descontento y la búsqueda de soluciones inmediatas.

Antecedentes

En Venezuela la conocida como “represión financiera”, conjunto de normas de profunda intervención estatal del sistema bancario, fue creando distorsiones en el funcionamiento del sector que ayuda a movilizar la economía al ser un instrumento mediador que permite el emprendimiento de proyectos a base de la transferencia de ahorros, como sostiene Leopoldo Yañez en el ensayo Crisis financiera y regulación de multibancos en Venezuela.

Agregado a esta condición de controles estatales, entre los que se encontraban el control de la tasa cambio, de las tasas de interés y la prohibición de capital extranjero en la banca nacional, entre otros, en 1974 la expansión del gasto público impulsado por el aumento de los precios del barril de petróleo, creo un incentivo para la expansión de la banca.

Los propietarios de los bancos sirvieron al Estado venezolano desde entonces como grandes mecanismos para ofrecer estímulos a partir de la expansión de las líneas de crédito destinadas a diferentes sectores de la economía, como el de la construcción, el acero, el petróleo, las comunicaciones, y demás, según comenta Leopoldo Yañez en su mencionado ensayo.

Así mismo, existía una alta dependencia de los ingresos externos derivados del negocio petrolero y del endeudamiento masivo que se había afianzado en el quinquenio de 1979 – 1983, y que terminó por generar un ciclo de recesiones, como resalta Pedro Palma en La economía venezolana en el periodo (1974-1988): ¿últimos años de una economía rentista?

El hecho

Sería el 13 de enero de 1994 cuando esta práctica de permanente expansión monetaria y crediticia, respalda por el Estado, y la dependencia de los ingresos petroleros en una economía fuertemente controlada, derivó en la intervención del Banco Latino, el segundo banco más importante del país.

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Lo que parecía un proceso ya practicado, puesto que en 1978 se había intervenido el Banco Nacional de Descuento, en 1982 el Banco de los Trabajadores de Venezuela, y en 1983 varias asociaciones financieras, terminó por generar un efecto dominó que hizo colapsar a casi la totalidad del sistema bancario nacional, con graves repercusiones en la economía.

Tras varios meses de intervención gubernamental donde el Banco Latino no pudo cumplir con pagos acordados, otras entidades empezaron a solicitar rescates al Fondo de Protección Social de los Depósitos Bancarios (FOGADE), para cumplir con los distintos compromisos adquiridos.

El clima de incertidumbre producido por la falta de información, el congelamiento de los depósitos, el continuo aumento de los precios y los impagos a tenedores de deuda y a la nómina de empleados, generó directamente en el público un pánico bancario donde cada quien buscó retirar su dinero para ponerlo a salvo en sus bolsillos.

La BBC Mundo en el artículo Cuando la banca venezolana colapsó, argumenta que, para el cierre de 1994, un total de 75 instituciones financieras habían cerrado, y 19 bancos estaban intervenido por el Estado, quien debió recurrir directamente al Banco Central de Venezuela (BCV) para efectuar los rescates, puesto que el dinero existente en Fogade era insuficiente.

Consecuencias

Tanto 1994 como gran parte de 1995, fueron momentos de tensión y deterioro económico. El 46% del mercado bancario debió ser intervenido por el Estado, con desembolsos que alcanzaron el 12,7% del PIB en 1994, y el 1,5% en 1995, según refrenda Leopoldo Yañez en su citado trabajo.

Esto condujo a que el PIB de 1994 cayera 4,6, como narra Pedro Palma en su ensayo, acción que terminó de profundizar la recesión acaecida en 1993 y que se prolongó hasta 1999. El incumplimiento de pagos en el sector bancario sirvió para revelar que múltiples proyectos emprendido eran inviables porque no había una demanda real de consumidores, y que los empleos creados a partir de estos estímulos lo que hicieron fue alejar a las fuerzas labores y los recursos de la producción de bienes y servicios que realmente necesitaba la población.

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Pese a la realización obligatoria de reformas en el sector bancario nacional, liberando las tasas de interés y el tipo de cambio, así como ejerciendo una política de supervisión más meticulosa de la entrega de créditos, la banca continuó siendo una herramienta controlada por el Estado a través de la cual conducía el dinero proveniente de la actividad petrolera, los préstamos de entidades exteriores y la política inflacionaria del BCV, para la atención del gasto público.

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