• Caos y violencia. Caos y extorsión. Caos y comercio. Este es el corregimiento más activo económicamente de toda Colombia.

La ley del silencio se impone en el corregimiento de La Parada, primer punto de contacto de los venezolanos con Colombia al salir del Puente Internacional “Simón Bolívar”. Según cifras de ACNUR, la organización de las ONU para los refugiados,  gran parte de los 45 mil venezolanos que atraviesan la frontera hacia Colombia para hacer compras de alimentos, medicinas, productos diversos y para abandonar al país, lo hacen por este territorio.

A pesar del bloqueo físico en el puente internacional impuesto por el gobierno venezolano, con containers y otras barreras, las personas siguen pasando. Por trochas, por el puente, como pueden.  La necesidad de abastecerse de lo que no se consigue en Venezuela es mayor que los riesgos que se imponen.

Las calles de La Parada se han transformado en un enorme mercado al aire libre. Cientos de vendedores formales, con locales y negocios registrados ante el Municipio de Villa del Rosario, luchan con los informales y otras formas de vendedores ambulantes por captar clientes venezolanos.

Son millones de bolívares, pesos, dólares que se transan en una población que se parece más un caótico centro urbano  que a un corregimiento, tal y como oficialmente se le denomina en los registros públicos.

De este caos un solo factor unificador: la violencia, la extorsión. Palabras y acciones en consecuencia impuestas por grupos que se denominan colectivos, guerrilla o la reaparición en la zona de los autodenominados paracos.

La lucha es por el control de cada centímetro de tierra. De los pasos, del cobro de vacunas y peajes en las trochas, alentadas por el gobierno venezolano con el absurdo cierre de fronteras. Seis incidentes a tiros entre grupos irregulares ha sido la consigna en las últimas tres semanas.

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Muertos, entre ellos varios venezolanos dedicados, para unos, al acarreo de mercancías. Para otros enrolados en uno u otro bando: guerrilleros colectivos o paracos.

Nadie quiere hablar del tema. Uno de los comerciantes, lo hace nervioso, “pero en el depósito, no aquí en la calle”. Y nos narra la historia de violencia que ya conocemos en la crónica diaria que resaltan los medios fronterizos.

-¿Quiénes cobran extorsión?

– Yo le pago a todos. Guerrilla, paracos y otros ocasionales.

– ¿Y da el negocio para eso?

– Si da. Nadie aquí puede decir que le va mal: tiendas, casas de cambio, hoteles, vendedores ambulantes, etc. Esto es una tierra sin ley en donde la autoridad hace esfuerzos por controlar la violencia pero esto se les fue de las manos.

– ¿Y lo de la granada que explotó la semana pasada?

– Pasó a una cuadra de aquí. No causó más muertos porque la granada chocó con un muro del restaurant y rebotó a la calle. Si no la mortandad hubiera sido mayor.

La Parada es el caos. La riqueza, como lo fue hace años, la aportan miles de venezolanos que a diario se concentran allí para comprar alimentos, medicinas, para transportarse a otras ciudades colombianas o a Ecuador o Perú. Las mafias viven de estos negocios e imponen su propia agenda violenta.

Muchos miran a los lados, aceptando la ronda de la muerte, como si esto fuera una parte del paisaje.Alans Peralta Mora

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