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Por Frontera Viva

La llegada del año 2023 es para los venezolanos el inicio de una nueva jornada de protestas que se han desarrollado como consecuencia de la pérdida del valor adquisitivo en el país.

Un salario que al día de hoy es de 130 bolívares equivalentes a 5,91 dólares, es insuficiente para vivir. Por este motivo, trabajadores del sector público, jubilados y pensionados se han unido a las recientes protestas llevadas a cabo por los docentes venezolanos para exigir un aumento salarial que supere o que esté cerca del costo de la canasta básica alimentaria valorada en 400 dólares.

Según Josefa Piñero, bedel de una escuela pública de Miranda, “el sueldo mínimo hace tiempo dejó de alcanzar”.

Es por esta razón que se ha unido a las manifestaciones, realizadas recientemente, en busca de reivindicar los beneficios laborales de los trabajadores venezolanos.

“Este sueldo es una miseria, pena debería darle al gobierno pagarnos eso”, declaró, Piñero a Frontera Viva.

Josefa, quien se ha dedicado al mantenimiento de las aulas de una institución del municipio Sucre de Miranda, asegura que la mayoría de sus compañeros de trabajo han renunciado ante los bajos sueldos.

“Yo no me he ido porque es lo único seguro que tengo. En otro país pagarle 5 dólares por un mes de trabajo a alguien sería injusto, pero en Venezuela nadie hace nada, por eso salimos a protestar”.

No estamos exigiendo nada imposible, solo pedimos que nos paguen lo que merecemos, agregó

Protestas

De acuerdo al Observatorio de Conflictividad Social durante los primeros 23 días de 2023 se han realizado más de 500 protestas en el país, la mayoría impulsadas por la crisis salarial.

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Según han manifestado distintos sectores y gremios venezolanos, el régimen de Nicolás Maduro viola la Constitución al someter a la población a un sueldo miserable.

Conforme al artículo 91 de la Constitución venezolana, “todo trabajador o trabajadora tiene derecho a un salario suficiente que le permita vivir con dignidad y cubrir para sí y su familia las necesidades básicas materiales, sociales e intelectuales”.

Sin embargo, la ola de protestas que se ha desarrollado desde inicios de 2023, producto de la pérdida de la capacidad adquisitiva de los venezolanos, no ha generado que el régimen de Nicolás Maduro anuncie ninguna solución.

Hasta ahora no ha habido algún anuncio o pronunciamiento sobre un aumento salarial que dignifique los derechos de los trabajadores.

Decrecimiento económico

Aunque la inflación es un fenómeno que afecta a la economía venezolana los 12 meses de año, fue durante diciembre de 2022 cuando se acentuó el aumento de los precios en vestido y calzado (57,8%), equipamiento del hogar (55,8%), alquiler de vivienda (51,8%) y alimentos (49,4%), según información del Observatorio Venezolano de Finanzas (OVF).

De acuerdo al OVF, “las alzas de precios de los alimentos han golpeado con especial intensidad a los sectores de menores ingresos toda vez que el gasto en esos bienes representa la mayor porción de las erogaciones del grupo de ingresos más bajos”.

Cabe destacar que, “las pronunciadas aceleraciones de la inflación que se vienen registrando desde septiembre de 2022, pudiesen ubicar a la economía venezolana ante el peligro de un rebrote hiperinflacionario, que está tomando fuerza con la sostenida devaluación del bolívar que ejecuta el BCV”. 

Esto explica porqué durante los últimos meses de 2022 la crisis económica se fue acentuando, siendo enero de 2023 el mes en que los sectores populares, gremiales y sindicales decidieron alzar la voz ante el decrecimiento del valor del salario.

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“No alcanza para vivir”

Como Josefa, Ramón Useche de 64 años se ha unido a las marchas, realizadas en las últimas semanas, con la esperanza de que sus peticiones sean escuchadas.

“Mi fe está intacta, a pesar de que no creo en este gobierno yo sé que nos van a subir el sueldo y la pensión pronto”.

Asegura estar consciente de que un próximo ajuste salarial no va a alcanzar para cubrir la canasta básica alimentaria ni sus necesidades básicas, situación que lo obligará a continuar reinventándose en el campo laboral para sobrevivir mes tras mes.

“Estoy claro de que el próximo aumento no será mucho y en unos meses se devaluará también”.

Ramón, es un obrero jubilado que se ha dedicado en los últimos años a vender víveres desde su casa ubicada en Las Minas de Baruta. Este trabajo es el que le da el sustento para mantener su hogar, el cual comparte con su esposa.

“No gano mucho, pero me sirve para comprar la comida y las medicinas del mes”, aseguró Ramón quien gana alrededor de 70 dólares mensuales con la bodega improvisada desde su casa.

Es por esta razón que Ramón seguirá en las calles junto a decenas de trabajadores venezolanos, exigiendo una pensión digna.

“Seguiré marchando hasta que me muera, mi derecho de exigirle al gobierno no me lo puede quitar nadie”, afirmó.

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