La desaparición de la carne, la leche y las legumbres en las mesas de los hogares venezolanos se ha agudizado y reemplazado por el consumo de carbohidratos: pasta, arroz y harina de maíz precocida.

Esta es la realidad de Anabel Rodríguez, quien reside en Petare junto a sus tres hijos , uno de 8 años y dos niñas de 10 y 5 años.  Dependiendo del día, hay un poquito de queso, plátanos, huevos, salchicha y quizás pollo, dice.

«Comemos lo justo y lo que compro en el día», dice. «No da chance de hacer un mercado semanal, compro el diario». Rodríguez vende en su comunidad bisutería y prendas que teje manualmente. Por eso recuerda que cuando Nicolás Maduro anunció la cuarentena en marzo por el coronavirus, dijo: «Bueno, Diosito, ahora sí que nos vamos a morir de hambre».

«Ha sido demasiado duro. He tenido momentos en los que lloro y siento que no puedo, y aquí hay muchas madres que pasan por lo mismo. Yo antes de la pandemia salía a enseñar mis cosas. Los sábados me arreglaba y me iba para las casas de mis vecinas, hacía visitas tipo Avon», dice

Rodríguez señala que ha tenido el apoyo de la organización Alimenta La Solidaridad, que tiene un comedor en San Blas. «El almuerzo diario de mis tres chiquitos es en el comedor, gracias a eso puedo comprar otras cosas».

La Encuesta Nacional de Condiciones de Vida 2019-2020 reveló, en julio pasado, que 79% de la población no puede satisfacer sus necesidades de alimentación. El salario mínimo y la pensión, de apenas 400.000 bolívares, representa menos del 1% de la canasta alimentaria, que supera los 90 millones de bolívares.

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Esto ha hecho que las familias tengan una alimentación basada en carbohidratos, y que el consumo nacional promedio de proteínas sea de 34% del requerido, de acuerdo con la Encovi.

Ya no se consumen ni calorías

Por su parte, La nutrióloga Marianella Herrera, investigadora del Centro de Estudios del Desarrollo (Cendes), indica que en Venezuela tampoco hay una suficiente ingesta de calorías, lo que se conoce como marasmo. «La tendencia a una desnutrición proteico-calórica es grande, y eso tiene consecuencias importantísimas».

«Cuando no tienes una ingesta de calorías adecuada, la poca proteína que puedas consumir va a derivarse hacia el metabolismo energético, entonces tenemos dos problemas en uno: la deficiencia de las calorías y la deficiencia de proteínas», explica.

Otro de los problemas que hay con respecto a la desnutrición es la adaptación al déficit crónico del consumo de calorías y proteínas.

«Hay una adaptación en el cuerpo, y esto hace que, por ejemplo, un niño que tenga 8 años parezca de 5. Cuando esta desnutrición crónica continúa a través del tiempo, además de la disminución de la talla, va a tener otros problemas como retardo cognitivo, trastornos psicomotrices y una serie de alteraciones, inclusive de las habilidades matemáticas. Esto al final impacta en la productividad y en el desarrollo del país».

El hambre avanza en medio de la cuarentena

En el trabajo espacial realizado bajo la colaboración de diversos medios impresos y digitales del país, se reflejan las precariedades alimenticias de cada región; las cuales determinaron un factor común: el rebusque para comprar lo necesario.

Las medidas de confinamientos determinadas por el régimen de Maduro han generado pérdidas de ingreso en los hogares venezolanos que, a su vez, se traduce en agudización del hambre.

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La caja CLAP no es suficiente

En los sectores populares y rurales la caja es muy esperada ya que hay muchas familias en las que los ingresos son mínimos, sin embargo, quienes la reciben están conscientes en que es insuficiente ante las necesidades alimenticias, pues sólo contiene lo que la mayoría de los ciudadanos pueden comprar: carbohidratos.

Asimismo, hay comunidades que no la reciben cada 30 días como lo presumen los voceros del régimen, sino que deben esperar dos o 3 meses para recibir dos o tres kilos de arroz, pasta, harina de maíz, un litro de aceite y escasas dos sardinas de lata.

En Venezuela concurre la angustia por la falta de alimentos con la disminución de los recursos para cubrir la cantidad y la calidad de la dieta. En estos tiempos pandemia el mayor temor no es contagiarse de covid-19 sino morir de hambre.

Información de Tal Cual Digital

Prensa Frontera Viva

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