Alba Pereira, presidenta de la fundación “Entre Dos Tierras”, aseguró que en Bucaramanga, capital del departamento de Santander, Colombia, cada día echan a la calle a entre 20 y 25 familias venezolanas ante la imposibilidad de pagar el alquiler.

Se trata de venezolanos migrantes a los que la pandemia del COVID-19 ha complicado aún más su ya difícil situación, pues con trabajos informales mal remunerados han pasado a quedarse sin ingresos, después de la paralización de la economía colombiana por las restricciones de la cuarentena.

“La gente piensa que ahora hay más migrantes, pero no es así, se les ve más porque a muchos los han desalojado y andan en las calles sin poder trabajar. Ahora con el cierre parcial de la frontera, muchos buses dejaron de salir y la ciudad está recibiendo diariamente personas de otras ciudades”, explicó Pereira al Proyecto Migración Venezuela.

No hay decreto que valga

A pesar del decreto del presidente de Colombia, Iván Duque, que prohíbe los desalojos durante el estado de emergencia provocado por la pandemia, un aproximado de 100 migrantes quedan a la deriva con pocas posibilidades de pagar un techo y van a parar a las calles de esta ciudad.

La única salida de los desalojados en levantar campamentos improvisados en plena vía construidos de cartón o plástico, ya que la mayoría de las personas subsistían de la economía informal.

Ante esta situación, el secretario del Interior de la Gobernación de Santander, Camilo Arenas, señaló que realiza su mayor esfuerzo para atender a los venezolanos migrantes.

De acuerdo con cifras de Migración Colombia al 31 de diciembre de 2019, en Santander habitan 99.659 venezolanos, convirtiéndose en el sexto departamento colombiano con el número más alto de venezolanos. En su capital, Bucaramanga, residen 40.940.

Prensa Frontera Viva

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