Bandera venezolana. Foto cortesía.

Por Sofos de Mileto

El Estado, en un sentido amplio, es tan antiguo como la sociedad misma, y de su origen, que se pierde en la historia, solo se tienen hipótesis. Los grupos constituidos trascienden más allá de lo doméstico, y a una familia se le une la otra, y a las dos primeras una tercera, creándose por multiplicación los grupos, los cuales se van desarrollando intelectualmente y adoptando un sentido propio, único e independiente de otros grupos humanos. A ello se le une una economía creciente que ve la necesidad de la agrupación en mayor escala para subsistir y defenderse.

El Estado, entonces, es el producto de una larga y lenta formación histórica y social, a la cual se le une el Derecho, pero su raíz se pierde al paso de los siglos. Es factible pensar que el ser humano sintió en ese grupo la necesidad de crear un poder coactivo que garantizase la paz interna y organizara la defensa en lo externo. Es así como el Estado es la creación del ser humano, de su cultura y sin él no puede existir.

¿Qué es un Estado?

Los griegos llamaron a su organización estatal “polis”, o sea, ciudad. Era un Estado miniatura con su derecho, su idiosincrasia, su estructura democrática sui géneris, donde se enseñaba la política al igual que un arte, creando así la ciencia política. No hay que confundir la noción de Estado con el de país, nación, gobierno, ni mucho menos con el de patria.

El concepto de Estado difiere según los autores, pero en general lo definen como el conjunto de instituciones que poseen la autoridad y potestad para establecer las normas que regulan una sociedad, contando con una soberanía interna y externa sobre un territorio. La definición clásica del jurista alemán Hermann Heller lo ubica como una unidad de dominación, independiente en lo interior y en lo exterior, que actúa de modo continuo, con medios de poder propios, y claramente delimitado en lo personal y territorial. Jellinek, desde la perspectiva social y jurídica, lo entiende como unidad de asociación dotada originalmente de poder de denominación, formada por hombres asentados en un territorio. Según al concepto de Derecho, agrega este autor, es la corporación formada por un pueblo, dotada de un poder originario y asentada en un territorio, o la corporación territorial dotada de un poder de mando originario.

Elementos existenciales del Estado

Todo Estado tiene un territorio, toda población se encuentra asentada en un territorio, y toda población y su territorio se encuentran unidos por un ordenamiento jurídico. Un territorio sin población no es más que un desierto. En realidad ni siquiera sería un territorio, sería una superficie perdida en el globo terráqueo. Y una población sin territorio o es nómada o no existe; y el ordenamiento jurídico es el poder unificador de territorio y población. De allí que pueblo, territorio y dominio no es una abstracción jurídica, sino una realidad efectiva que solo se inicia en la concurrencia de los tres factores. Dos de ellos (territorio y pueblo) son de naturaleza material; el tercer elemento (dominio o poder) pertenece al reino ideológico. La conclusión de lo anterior es la imperiosa e ineludible necesidad de estas tres condiciones: territorio, población y poder para la existencia del Estado. Visto ello, se puede concluir, indefectiblemente, que el Estado es una sociedad humana establecida en un territorio que le corresponde, estructurada y regida por un orden jurídico, que es creado, definido y aplicado por un poder soberano, para obtener el bien público temporal, formando una institución con personalidad moral y jurídica.

La población

La población la constituyen las personas que se encuentran en la superficie terrestre de un Estado, nacionales o no, estructuradas en una organización capaz de perpetuarla, de diferenciarla de otros conglomerados humanos circundantes y de constituirse en el fundamento del mismo. La población, entonces, puede definirse como el conjunto de seres humanos que constituye, por sus nexos, una colectividad fija, establecida sobre un territorio. El concepto de población tiene un sentido diferente al de pueblo. La población propiamente dicha es una formación natural, es una unidad política y es susceptible de contarse. Se trata de un grupo biológico, es un concepto genético, es la condición de existencia política, pero sin fisonomía propia, pues los fenómenos demográficos son iguales en todas las naciones. El concepto de pueblo va más allá de lo demográfico. El pueblo es el producto de la historia que ha  ido uniendo, por nexos íntimos y a través de generaciones, a los seres humanos, como son una cultura específica, la religión, el idioma y una idiosincrasia que el devenir ha ido amoldando y consolidando, para llegar a tener su fisonomía, su propia conciencia. Un pueblo específico está determinado por su propia personalidad. Entonces, cada pueblo tiene su propio cuerpo físico que se mantiene mediante la reproducción natural.

El pueblo, en este aspecto natural, es la población, susceptible de ser captada por conceptos estadísticos y de las ciencias naturales.

La población venezolana está menguada

La Plataforma de Coordinación para refugiados y migrantes de Venezuela (R4V) de Naciones Unidas señalaba que para el 5 de marzo de 2020 el número de estas personas venezolanas en el mundo alcanzó la cifra de 4.933.920, de los cuales 4.1 millones, aproximadamente, residían en países de América Latina y el Caribe, registrando la mayor inmigración venezolana Colombia, Perú, Ecuador, Chile y Brasil. Cierto que ha habido recientemente un número de retornados al país, pero no es una cifra tan enorme como los venezolanos que aún permanecen afuera. Venezuela se encuentra infiltrada de grupos cubanos, que han penetrado diversas instituciones públicas y oficiales, en áreas de tanta estrategia como seguridad y la propia migración. Se ha nacionalizado a iraníes, quienes junto con los chinos y rusos han penetrado áreas de producción de materia prima y de recursos básicos para el Estado. Grupos irregulares armados se han asentado dentro de la población, como guerrilla y paramilitares, así como mafias narcoterroristas, que penetran y se desplazan desde la línea limítrofe hacia los Estados fronterizos y al interior con la mayor impunidad y con la mirada pasiva de las autoridades. Estos indeseables atracan, roban, secuestran y raptan a la población venezolana.

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Pero como si esto no bastara, la propia población que se mantenido sobreviviendo en Venezuela lo hace con unas condiciones sociales y económicas de extrema pobreza, con desnutrición infantil, mortalidad neonatal y con población adulta que se encuentra desnutrida y enferma. Es una especie de exterminio deliberado, que ha puesto a toda esta población en el mayor riesgo, en una situación de vulnerabilidad permanente. La población económicamente activa ya casi ni existe, porque las fuentes de producción, de trabajo formal, de prestación de servicios fueron aniquiladas. El campo y el medio rural ya no generan riqueza por el abandono en su apoyo de producción. Y el desempleo es la regla en el comercio, en las industrias, en las empresas, en los servicios personales y de atención masiva. La población venezolana, como medio para justificar la existencia del Estado, se encuentra en grave deterioro, disminuyendo y contando su descenso. La población venezolana tiene una mengua continuada.

El territorio

Se trata del espacio donde se levanta y tiene su asiento la comunidad del Estado. Ocupa un espacio dentro del globo terráqueo, con una ubicación geográfica en latitud y longitud. El territorio con sus costas, montañas, lagos, pantanos, clima, depresiones, recursos naturales, fronteras y otras peculiaridades, constituyen, en sí, una unidad. En esta parte de superficie terrestre, delimitada mediante fronteras, el Estado ejerce su soberanía y dominio exclusivo. Sin territorio el Estado no puede concebirse. Sin territorio tampoco hay población. La propiedad esencial del Estado es la unidad e individualidad del mismo. Es la base de sustentación física de un pueblo organizado jurídica y políticamente, donde ejerce su poder.

El territorio comprende a su vez el espacio terrestre, el espacio aéreo, el espacio insular, el mar territorial, la zona marítima contigua y la zona económica exclusiva o mar patrimonial. En las últimas décadas ha cobrado también importancia la regulación jurídica del mundo cósmico o espacio ultraterrestre. El límite de todas estas porciones se denomina frontera, y es lo que en definitiva hace identificable al Estado. Pueden existir fronteras físicas y naturales, así como las convencionales o artificiales.

En el territorio habitan los ciudadanos en un plano de igualdad. Es la tierra con la cual está en relación la población, donde arraigan sus habitantes y tiene sus afectos, con sus recuerdos, la tierra de sus ancestros, no importa que sea grande o pequeña, rica o pobre. En ese espacio el ciudadano va generando una vinculación espiritual de amor que lo identifica con su región, haciéndolo diferente de sus vecinos en cuanto a valores y tradiciones.

El territorio posee una doble importancia jurídica. En el aspecto positivo, el Estado solo ejerce dominio sobre los seres que habitan en su territorio, incluyendo a los extranjeros. En el aspecto negativo, se prohíbe a toda potencia intervenir jurídica o moralmente sobre habitantes de un territorio que no es el suyo, excepto que lo permita un tratado político o de paz.

El territorio venezolano está invadido

Sin contar que el Esequibo está en discusión y que los responsables de defenderlo y recuperarlo como parte de nuestro territorio han sido negligentes en instancias internacionales, el espacio venezolano está invadido. Bolívar y Amazonas han sido explotadas por extranjeros con total permisividad para extraer ilegalmente los recursos naturales de una tierra de gran emporio. Hay informes recientes de ONG’s según los cuales la zona limítrofe de Venezuela con Brasil y Colombia están tomadas por el narcotráfico e irregulares armados de la guerrilla, que controlan 2580 pasos fronterizos en una sola entidad federal, así como el mando en pasos fluviales, utilizándolos para el narcotráfico, el contrabando y hasta el paso de armas. Lamentablemente, no se han dado acciones concretas de las Fuerzas Armadas para detener esta invasión. Ni tampoco habrá “Zonas Estratégicas de Defensa Integral Temporal” que de manera efectiva detengan estas incursiones en territorio donde el Estado venezolano debería poseer y ejercer plena soberanía. Se ha revelado incluso que esos elementos de la guerrilla utilizan escuelas fronterizas como sus centros de reclutamiento y adoctrinamiento de niños. Todo eso sin contar la trata de personas que cometen, desplazándose a sus anchas por esas áreas limítrofes. Lo grave es que varios de esos grupos armados tienen presencia hasta en el interior del país, en estados como Trujillo, Lara, Falcón, Portuguesa, Guárico, Carabobo, Distrito Capital, Anzoátegui, Monagas y Delta Amacuro. Transparencia Venezuela informa recientemente que 9 bloques delictivos armados operan en el país y 15 grupos paramilitares o parapoliciales, extranjeros y nacionales, dominan la Nación. El territorio venezolano tiene una invasión continuada.

El Poder Político

El Estado para existir requiere de un ordenamiento que regule la voluntad de sus ciudadanos, estructurado jurídica y políticamente, en el cual se establezcan los derechos y deberes de los gobernantes y gobernados, y estar constituido por un conjunto de normas cuya supremacía le corresponda a la Constitución y a las leyes, que deben obedecer, observar y ejecutar, dirigidas a lograr los fines de justicia, seguridad jurídica y una vida abastecida para todos. Maurice Hauriou menciona que el Poder Público implica una libertad soberana que reside en el pueblo, ejercida a través de órganos constitucionales; es una energía dirigida hacia la consecución permanente del Estado de Derecho; y es una superioridad que gobierna a los ciudadanos asentados en un territorio determinado, mediante reglas establecidas que se deben poner en práctica para garantizar el orden constitucional.

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El Poder Político es de derecho y realiza el derecho mediante la coacción, lo cual es un deber que el Estado cumple a través de sus órganos. Sin embargo, el Poder no es del órgano, sino del Estado, y ese poder en un régimen constitucional dominante está repartido con referencia a la ley. Es preciso agregar que la autoridad del poder se basa en la legitimidad y la confianza que la población le ha dado al depositario del poder, al cual se ha reconocido como una personalidad superior. Los detentadores legítimos del poder están en capacidad de tomar, por cuenta de la sociedad organizada, todas las decisiones que precisa la gestión de sus intereses generales, organización de la que deriva aquel poder coactivo, que permite a la voluntad  así constituida, imponerse a los individuos con fuerza también legítima y dentro del marco de la ley.

El Poder Político venezolano está asaltado

El Poder Político en Venezuela está asaltado, atracado, secuestrado y manejado al antojo del crimen. Los órganos del Poder Público, con excepción del Parlamento Nacional, (en vía de extinción por un CNE espurio) no se han autolimitado ante el propio ordenamiento jurídico que deben crear, y que más bien vulneran, lo interpretan y aplican a su real conveniencia. Sus actos, lejos de propender al bien común, al bien público, de unificar hacia el orden, la justicia y la seguridad jurídica a las voluntades individuales y colectivas, degradan la dignidad humana.

El Poder Político en Venezuela, desde hace años, carece del sistema de pesos y contrapesos para que esos órganos sean controlables mutuamente. Existe una terrible confusión cuando los asaltantes del Poder Político creen que los titulares de esos órganos atracados son permanentes, no sujetos al principio alternativo en el ejercicio del poder, y pretenden perpetuarse en el tiempo, cometiendo sus desafueros, cuando en realidad es el Estado, como unidad política y social, el que posee la continuidad en el tiempo. Las generaciones pasan pero el Estado subsiste. El único órgano del Poder Público en Venezuela, reconocido con legitimidad, legalidad y autoridad, en la conciencia nacional y en las esferas internacionales, es el legislativo. Sin embargo, le colocan al lado a otro parlamento paralelo, tal como sucede con cualquier órgano de poder que no esté bajo el control de los atracadores. Sucede así, por ejemplo, con la figura -sin ninguna base constitucional- del protectorado. Los asaltantes y usurpadores del poder se han robado también la soberanía popular y, de manera descarada, el poder originario que reside intransferiblemente en el pueblo de Venezuela. La autoridad del poder se ha convertido en una fuerza bruta, que con grupos policiales y militares se ha dado a la tarea de perseguir, detener, torturar, liquidar y ajusticiar a cualquier pensamiento que les parezca amenazante y sea expresión de disidencia, de reclamo, de información, de oposición, de ciudadanía aquejada o de liderazgo social. Sus actos, aparte de nulos de nulidad absoluta, se configuran como delitos graves de narcotráfico, terrorismo, corrupción, tortura, exterminio, crímenes de lesa humanidad, ultraje de la dignidad humana y violación de derechos humanos esenciales. El Poder Público venezolano es objeto de un atraco continuado.

Es dudoso reconocer que existe un Estado

Sin la presencia a cabalidad, con certeza, y en forma institucional de una población, de un territorio y de un poder público, hay que poner en duda la existencia de un Estado en Venezuela. No existe, con sus tres elementos constituyentes, un Estado que en su esencia sea una unidad colectivamente organizada, con acatamiento de un ordenamiento jurídico que le dé un piso de institucionalidad. No hay un ente que en derecho persiga como sociedad estatal el bien común, orientado por la Constitución y leyes de obligatoria observancia. En vez de imponerse un Estado sujeto al derecho y al bienestar colectivo, en el que gobernantes y gobernados acuerden quedar sometidos bajo los principios de igualdad, de corresponsabilidad, de respeto, de tolerancia, se ha impuesto por encima de ese Estado un interés personal de un cartel de criminales, que más que gobernar han dilapidado ingentes recursos públicos para intereses propios.

En Venezuela hace años se esfumó un Estado democrático y social, de Derecho y de Justicia, que proveyera la defensa y el desarrollo de la persona y el respeto a su dignidad, el ejercicio transparente de la voluntad popular a través del sufragio, la construcción de una sociedad justa y pacífica, la promoción de la continua prosperidad y bienestar de la ciudadanía y la garantía del estricto cumplimiento de la Constitución y del ejercicio pleno de los derechos humanos. Venezuela es realmente un caso inédito del acontecer contemporáneo donde no existe Estado. Es una porción de tierra donde reina el caos y la anarquía.

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