Por Lala Lovera, directora de Comparte Una Vida Colombia

Los titulares de muchos medios se han llenado con noticias que hablan del retorno de los migrantes venezolanos a su patria como respuesta a la crisis generada por el COVID-19 y los denominados lockdonws1, o confinamientos preventivos obligatorios, de los diferentes países y ciudades que habían sido receptoras de la población migrante venezolana. Se debe empezar por aclarar que dentro de cualquier política seria y responsable.

de manejo de población migrante, se debe contemplar el retorno de esa población a su lugar de origen. Desde la OIM2 se promueve y contempla de manera deliberada esta medida desde 2007, que para las personas que trabajan con la problemática migratoria en el mundo, no es ni ajena, ni extraña, ni sorprendente ni exclusiva. Retornar es parte de lo que ocurre en el proceso de las migraciones y todos los gobiernos3, nacionales y locales, de las comunidades receptoras de la población migrante, deben entonces estar preparados para esto.

Lo que se ha comenzado a ver en los días recientes en el caso colombiano sobre el retorno de los migrantes venezolanos de territorio colombiano a su país natal, es algo que produce escozor.

El retorno de los migrantes venezolanos no se está produciendo de manera voluntaria, enteramente como se ha querido mostrar. Se está generando como consecuencia del miedo y las incertidumbres que se han generado como consecuencia del COVID-19. Estas personas, como ya lo había apuntado en un documento anterior, han sido víctimas adicionales de la pandemia y de las medidas locales para contenerla. Se han visto en una situación aterradora en la que se ha ordenado el confinamiento de las personas en sus viviendas, y los migrantes, claro, en muchos casos, carecen de una vivienda, pero en todos los casos, carecen del soporte moral, psicológico y humano, que ofrece el país propio. Al drama de la pandemia, debemos sumar el execrable actuar de un gobierno venezolano que a cualquier coste quiere hacerse propaganda y entonces utiliza a sus nacionales migrantes como una ficha en su juego de posverdad.

No se puede adicionar una tragedia mayor a la vida ya carente de gracia de los migrantes venezolanos. En algún momento de todo este proceso lamentable y doloroso de la migración venezolana, hablaremos de retorno. Espero fervientemente que cuando llegue el momento adecuado hablemos sobre ello pero teniendo en cuenta todas las condiciones manifiestas para el adecuado retorno planteadas por ACNUR4 y por todos los organismos internacionales que se han encargado con tanta dedicación y tanto juicio al adecuado estudio de los fenómenos migratorios y al planteamiento de ejes de solución. Pero ese momento no ha llegado aún. Estamos frente a un quiebre de la realidad como la conocíamos y al nacimiento de lo que ya muchos llaman “the new normal”. Acuñado está el término, pero no conocemos las condiciones de esa nueva normalidad. Los migrantes están siendo revictimizados en medio de esta tragedia. Unos los usan para su posvedad, otros usan el retorno para resolver un problema que se había generado con la llegada de los migrantes, otros quieren indulgencias y otros quieren aparecer en los diarios y las revistas posando de gestores o redentores. Lo cierto es que entre tanto, los migrantes son los que ven aparecer un infierno nuevo y aterrador cuando son dejados con sus enseres en las fronteras y deben darle la cara a la cruda realidad de grupos armados que cobran peajes infames para regresar a su país porque las fronteras están cerradas o porque temen realizar el cruce legal por no tener documentos. De no ser poco, todo esfuerzo para regresar resulta cuestionable cuando encuentran que las fuerzas violentas de Venezuela los reciben con amenazas por haber dejado el país.

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Parece broma. Pero es una realidad de a puño que conocen pocos y que sufren solo ellos. Por eso hay que levantar la voz por los migrantes venezolanos de manera urgente.

Los migrantes para los que vivimos en Colombia son una realidad que nos tocó vivir. Y es hora de que la sociedad civil como un todo, los integre y deje de verlos como algo circunstancial o pasajero.

Ejemplos de integración, acción en ese sentido con los migrantes venezolanos tenemos muchos. Pero es hora de que se generalice esto como una actitud nacional y no solo como unos esfuerzos de pocos.

En Cartagena encontramos a la Fundación Juanfe en donde se ha desarrollado un programa donde 450 mujeres venezolanas y sus hijos, migrantes y retornantes, son asistidas con atención en salud, apoyo psicosocial y nutrición; este último a cargo de la fundación Comparte Por Una Vida, Colombia5 (CPUV Colombia). Adicionalmente, en la misma Juanfe cinco madres adolescentes venezolanas con sus bebés, están en el Modelo 360 grados que tiene una duración aproximada de dos años y consiste en la provisión integral de servicios de salud (mental, emocional y física), educación de calidad (básica, técnica laboral y complementaria) y vinculación al mercado laboral formal6. También es destacada la forma en que la ONG Ayuda en Acción Colombia, con presencia en Cúcuta (Norte de Santander) ha venido desarrollando programas para prevenir la xenofobia, al mismo tiempo que distribuye, sin distinción de nacionalidad, alimentos y agua segura en poblaciones vulnerables mixtas. Venezolanos y colombianos afectados por el éxodo son beneficiarios de esta labor.

No se puede dejar de mencionar el trabajo que Felipe Muñoz Gómez, Gerente de Frontera del Gobierno Nacional, de la mano de Migración Colombia, ha logrado alinear acciones institucionales con el documento del Ministerio de Salud de Colombia “Lineamientos para la prevención, detección y manejo de casos de COVIOD-19 para población migrante en Colombia”7 , logrando la implementación en tiempo récord de programas como: 1.- Estrategias: CASH, WASH, kit de alimentación. 2. Líneas telefónicas y puntos de atención psicosocial para población vulnerable. 3. Corredores humanitarios en la frontera favoreciendo estudiantes, población indígena, mujeres gestantes, personas con enfermedades crónicas, etc.

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Acciones todas que definitivamente ayudan a que se de la integración de esta población migrante venezolana dentro de la realidad nacional colombiana.

Este es entonces el llamado actual: La sociedad civil, el Gobierno Nacional, las ONGs y la empresa privada, deben comenzar a actuar con miras a integrar a la población migrante de Venezuela que se encuentra en el territorio nacional y de esta forma, asegurar que la estigmatización, señalamiento y la revictimización, comiencen a ser parte del pasado.

El retorno de los migrantes venezolanos a Venezuela, es un espejismo. Se trata de un eufemismo para tratar una problemática de desplazamiento dolorosa, peligrosa y desnaturalizante. Hay que integrar la realidad de la migración y esta es una tarea de la sociedad civil como un todo.

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