Por PhD. Tomás Páez

En tan solo dos décadas la diáspora ha fraguado “una nueva geografía de Venezuela”,   un novedoso espacio humano imposible de ser gestionado con criterios convencionales. Un nuevo contexto de carácter transnacional al que la política, que lidia con realidades, debe hacer frente. La gestión de esta inédita realidad reclama una mirada innovadora. El creciente éxodo y la inmensa diáspora, de cerca de 7 millones de ciudadanos, es algo más que una excusa recurrente para atacar al régimen, causante de la mayor tragedia humanitaria conocida en Latinoamérica.

De los autores del cataclismo y el saqueo de los derechos humanos de los venezolanos no es posible esperar nada diferente a destrucción y xenofobia, atributos del modelo. Cuando se han dignado a admitir la existencia de la diáspora, lo han hecho para estigmatizarla o utilizarla para un “plan de retorno al paraíso terrenal” del socialismo del siglo XXI. En el año 2000 mostró sus primeras costuras, cuando el “Frente Simón Bolívar del Soberano Pueblo de Venezuela” hostigó con panfletos a las comunidades española, italiana y portuguesa.

Por esa misma fecha, el libro de la materia de “instrucción “pre-militar” escrito por la profesora Maryorie Vásquez, estigmatiza con argumentos discriminatorios a las comunidades peruanas, ecuatorianas, haitianas, guyanesas y las provenientes de países del Cono Sur. Apenas comenzando este régimen, el director de la Oficina de Identificación y Extranjería, Rafael González, iniciaba un plan de deportación de indocumentados. Años más tarde, el “difunto jefe del fracaso”, se refería con desprecio a la comunidad judía. Sus palabras, y sobre todo su gesticulación ante las cámaras, impregnadas de odio, estimularon el asedio a las sinagogas y “visitas policiales” a instituciones de esa comunidad.

La conclusión es evidente: corresponde a la alternativa democrática el diseño y ejecución de la estrategia de gobernanza de la diáspora. La gestión de tantos millones de ciudadanos alrededor del mundo, superior al de varios países en el planeta, requiere de iniciativas en todos los terrenos y ámbitos: empleo, emprendimiento y empresas, salud, identificación, educación, cultura, jubilados y pensionados, asistencia humanitaria y un larguísimo etcétera.

Algunos voceros demócratas usan argumentos que calzan a la perfección con la “antipolítica”  hasta convertir a los ciudadanos en pretexto. Pensaba en el comentario de uno de ellos, decía: “para que entren las vacunas hay que salir del régimen”.  Afirmaciones como esta producen hartazgo y desapego de la ciudadanía con quienes hablan en su nombre. A la Política (con P mayúscula) corresponde hacer todo lo posible para que todos los ciudadanos reciban la vacunas y evitar la muerte. Compete al liderazgo democrático: social, económico y político, desplegar una estrategia capaz de resolver los temas de interés de los ciudadanos.

La estrategia de gobernanza es una forma de recuperar y devolver a la POLÍTICA todo su sentido y poder desarrollar una gestión coherente en torno a la diáspora: inmenso activo e importante reserva internacional de Venezuela. Recobrarla es una forma de evitar las alarmantes distancias que hoy existen entre la sociedad civil y quienes ejercen la política. Un paso en esa dirección consiste en prestar mayor atención los argumentos y acciones de la diáspora y sus organizaciones.

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Escuchar y estar cerca de la diáspora posibilita una mayor comprensión del fenómeno migratorio, de sus implicaciones, posibilidades y de su pluralidad. La complejidad de la diáspora no admite explicaciones simplistas y reduccionistas, tan inexactas como inútiles y contrarias a cualquier estrategia de gobernanza.

Los hallazgos de nuestro estudio y los resultados de investigaciones realizadas con otras diásporas muestran la diversidad de razones que intervienen en la decisión de migrar: búsqueda de oportunidades de trabajo e ingresos, reunificación familiar, aprovechar los contactos y redes sociales, relación de pareja, facilidades migratorias, huir de la persecución ideológica y política, de la inseguridad yindustrian a,y un extenso etcétera.

En encontrar respuesta a muchas de estas razones se funda la política de los países receptores de la migración venezolana. Las mismas favorecen la integración y el empleo, proveen asistencia humanitaria y regularizaa los inmigrantes a fin de evitar las industrias diaspóricas de tráfico de drogas y personas. A estos pilares de la estrategia se suman los relacionados con la gestión de fronteras.

¿Cuáles son los aprendizajes que podemos extraer del trabajo realizado por las organizaciones diaspóricas a lo largo de dos décadas? ¿Qué podemos aprender de las políticas e instituciones creadas en los países receptores para atender a la diáspora venezolana? ¿Ha sido suficiente o es necesario un mayor compromiso y participación de organizaciones e instituciones en el país de origen? ¿Ha sido suficiente o es necesario un mayor compromiso y participación de organizaciones e instituciones de carácter global? y ¿Cuáles los propósitos, contenidos e instrumentos? ¿Es necesario una mayor participación de la sociedad civil y de las empresas en este proceso?

Veamos que nos dice la experiencia de algunos países. Argentina y Uruguay han extendido el Acuerdo de Residencia al éxodo venezolano. El alto gobierno de la República Dominicana, país que acoge a más de 120 mil venezolanos, lleva a cabo encuentros con el propósito de evitar el desaprovechamiento de ese inmenso capital humano, además de inestimable bono demográfico.

El Gobierno de Costa Rica aprobó, a quienes se les haya negado la condición de refugiados y se encuentren en situación de vulnerabilidad, una categoría especial de protección temporal, dirigida a migrantes venezolanos, cubanos y nicaragüenses. El recién electo Presidente de Ecuador anuncia un “nuevo proceso de regularización que, para ser una política efectiva, duradera y permanente, deberá complementarse con estrategias de INTEGRACIÓN económica para el acceso al mercado laboral”. El gobierno colombiano creó el Estatuto de Protección Temporal y Estados Unidos el TPS, un permiso dirigido a proteger y regularizar a la diáspora venezolana.

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Por su parte, la labor conjunta de las organizaciones diaspóricas de la sociedad civil, la población migrante, las comunidades receptoras en los países de acogida y origen, hacen posible construir un escenario de integración regional y global. Lo medular de este esfuerzo consiste en la CONFIANZA construida a partir del trabajo diario.

Los gobiernos de los países receptores ejecutan políticas con el objeto de facilitar la integración y la inclusión y llevan a cabo estudios con el fin de solventar los obstáculos que la impiden, todo ello animado con el propósito de ayudar a los venezolanos a encontrar un hogar. El flujo de migrantes y refugiados en un desafío  y también una excelente oportunidad para el desarrollo económico y social, como plantea Pirani.

Las políticas de regularización son instrumentos para combatir la pobreza en los países receptores y medios para enfrentar la irregularidad, fuente de explotación y extorsión.  Han sido concebidas con el fin de facilitar el emprendimiento y el acceso al trabajo a todos los migrantes y solicitantes de asilo y refugio. Políticas que cumplen el doble cometido de respetar a la persona, reconocer su derecho humano a la movilidad y facilitar su integración y sus aportes al desarrollo económico. Gobiernos de otros países, como Turquía, han impulsado el emprendimiento con los refugiados sirios.

Los gobiernos han formulado y ejecutado respuestas rápidas y factibles de regularización, complementarias al derecho de asilo.  Nos dicen cómo defender, incluir e integrar a la diáspora venezolana. Con sus acciones, POLÍTICAS e instituciones, sientan las bases de la estrategia de integración regional, la cual requeriría un papel más activo de los voceros de la alternativa democrática.

  • Además de los gobiernos, también contribuyen a la integración y gestión regional de la migración las organizaciones de la sociedad civil en cada país y entre países. En este ámbito es importante recuperar la capacidad de la POLÍTICA para articular, fortalecer y conectar esos esfuerzos, que se realizan no sin dificultad y en contextos adversos.

La diáspora venezolana, agradece, reconoce y aplaude estas iniciativas y es consciente de que no se trata de soluciones definitivas. Las políticas desplegadas por los gobiernos en medio de un contexto de fragilidad económica e institucional, perfila la estrategia de gobernanza y de integración regional. Los resultados de las investigaciones en marcha acerca de la circularidad del capital humano hablan de la necesidad de crear las condiciones de paz, seguridad en las cuales el ser humano pude desarrollarse, cubrir sus necesidades y poder atender a quienes dejan tras de si.

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