Luego de años de fisuras en las relaciones diplomáticas entre la Casa de Nariño y el Palacio de Miraflores, la situación podría cambiar con la llegada de Gustavo Petro al poder.

Hasta ahora no se han delegado equipos de trabajo y apenas se conoce el primer renglón de la agenda que es la reactivación plena de la frontera de 2.219 kilómetros: el área limítrofe terrestre más grande de Colombia con un vecino.

Esa determinación compromete a una población binacional de 12 millones de personas que residen en los departamentos y estados fronterizos, al comercio que espera atravesar nuevamente los seis cruces oficiales –pues hasta la fecha solo el puente de Paraguachón ha estado habilitado– y deja en el tintero una serie de decisiones políticas marcadas por polémicas.

El principal reto será determinar si esa relación colombo venezolana trasciende los intereses ideológicos para volver a ser un asunto de Estado. En palabras del investigador del Observatorio de Venezuela, Ronal Rodríguez, “sería un error volver a hacer una relación generada en lo gubernamental. Hay que darle un tono estatal a la diplomacia”.

Línea de las discordias

La frontera es una conexión de trochas y riachuelos que están entrelazados con cuatro puentes internacionales; radares rusos del lado venezolano, vigilancia del Ejército del costado colombiano; grupos ilegales, narcotráfico y comercio ilegal de mercancías.

Allí mismo se han dado los hitos de la relación binacional, como la crisis de febrero de 2019 cuando el gobierno de Iván Duque prestó este flanco para el ingreso de la “ayuda humanitaria” gestionada por el opositor Juan Guaidó, a quien Colombia reconocerá como presidente interino hasta el 7 de agosto.

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El comienzo de ese 2019 marcó una fractura en la relación porque la Casa de Nariño desconoció a Maduro como presidente después de que este se juramentara –el 5 de enero de ese año– ante el Tribunal Supremo de Justicia y después de unos comicios que no reconoció la comunidad internacional.

Desde entonces tomó vuelo el “Maduro dictador” de Duque, el cerco diplomático y el fallido Grupo de Lima, que dio paso a los tres años y medio de relaciones con el retórico gobierno de Juan Guaidó, que no consiguió pisar el Palacio de Miraflores, pero hasta el solo de hoy sigue teniendo legitimidad a los ojos de Estados Unidos.

Con información de El Colombiano

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