Muchos habitantes, de los mas de un millón 300 mil que tiene Montevideo, aprovechaban esas horas del pasado 31 de marzo para beber el tradicional mate y admirar la vista desde la Rambla, paseo marítimo de 20 kilómetros de largo y que bordea la ciudad frente al Río de la Plata. Esto ocurría mientras, a otros 20 kilómetros, pero en el mar, un crucero de bandera australiana fondeaba frente a la ciudad mientras sus pasajeros y tripulación rogaban por ayuda humanitaria a Uruguay. Había un brote de COVID-19 en la nave.

En ese momento una joven médico venezolana, Nohelia Rojas Ruiz, repasaba su trabajo para la Policlínica de la Red de Atención Primaria. Con tres años en Uruguay, Rojas, nacida en Maracay, estado Aragua, no tenía ni la menor idea que su vida y la de los 112 pasajeros y 83 tripulantes del crucero “Greg Mortimer” se iban a unir para siempre, en una experiencia de humanidad, riesgo, compromiso y aventura en tiempos de pandemia. El 08 de abril estaba montada en el barco.

La nave de turismo de lujo, de 104 metros de largo, perteneciente a la empresa australiana Aurora Expeditions ofrece la opción de cruceros turísticos por el mundo y había partido desde su país hacia la Patagonia argentina. Su plan original era bordear la Antártida y las islas Georgias del Sur, otros puertos en Latinoamérica  con destino final en las islas Canarias partiendo desde Ushuaia en Argentina.

En este puerto argentino, el 15 de marzo, los pasajeros, la mayoría de ellos de nacionalidad australiana, neozelandesa, americana y otros europeos, eran atendidos por la tripulación. La nave de apenas un año de construcción tienen el nombre del fundador de la compañía: Greg Mortimer. Y bajo esta premisa es una nave de lujo, dotada, entre otras cosas, de una adecuada área de servicio médico.

El medico de la nave, el galeno colombiano Mauricio Usme, detectó, el 22 de marzo un caso de pasajero con síntomas de COVID, estableciendo las alarmas sanitarias al interior de la nave a los pocos días los casos de neumonía. La noticia corrió rapido:  al final 27 pasajeros y 33 tripulantes se contagiaron de COVID, entre ellos el mismo médico de la nave el 01 de abril. La situación se hizo desesperada, especialmente cuando la mayoría de los pasajeros eran mayores de 60 años y, algunos, con cuadro asmático y diabético.

La nave solicitó permiso para desembarcar en Las Malvinas, permiso que fue negado por las autoridades británicas. Se dirigió luego a la costa argentina y allí también las autoridades prohibieron el desembarco. Ambos países alegaron no estar en capacidad de ofrecer asistencia médica adecuada a estas personas. El crucero “Greg Mortimer” estaba marcado por la pandemia.

Gestiones diplomáticas de Australia y la buena voluntad del gobierno de Uruguay permitieron que este país aceptará el arribo. La nave lucia desahuciada, sin médico y sin los recursos adecuados para enfrentar la enfermedad finales de marzo. El gobierno uruguayo hizo una búsqueda, sin resultados, de médicos para atender la emergencia en el Mortimer.

La empresa Vikand, prestadora del servicio médico en el barco y el Ministerio de Salud de Uruguay no consiguieron médicos de ese país dispuestos a abordar la nave. Además debían tener especialización y hablar perfectamente ingles. A través de un contacto en Chile, los médicos venezolanos Anderson Ortiz y Nohelia Rojas, residentes en Uruguay aceptaron el reto.

Rojas habla tres idiomas: español, italiano e inglés. Es especialista en Diabetes, titulo de la Universidad  Católica de Uruguay, y titulada como médico en la promoción 39, de diciembre del 2012, en el Núcleo La Morita, de la Universidad de Carabobo. Vivió un tiempo en Miami estando siempre vinculada al servicio humanitario en el Hospital de Saint Jude para pacientes de cáncer y como voluntaria para la Fundación de Diabetes y la Asociación Diabética , ambas en Uruguay. Reunía todas las condiciones solicitadas para este caso.

Desde un principio ambos médicos venezolanos pusieron en riesgo su vida. Señala Rojas que uno de los momentos mas tensos fue el abordaje del barco, de nave a nave. Esto se hizo en un mar embravecido lejos de la costa. Ambos pudieron haber caído a las aguas en medio de dos naves casi tocándose. A pesar del momento, a pesar de ir directamente a un brote masivo de COVID, Rojas no sintió miedo. “Este barco me recordó siempre porque estudié medicina”. 

¿Porqué ellos? ¿Cómo la vida pone a unos jóvenes profesionales venezolanos en la aventura? Rojas no tiene respuesta solo se afirma en el Juramento del profesional. “Después de que la empresa había hecho comunicación con muchos organismos importantes en Uruguay no consiguieron médicos que cumplieran con las características que requería el puesto de trabajo”.

Así los médicos iniciaron una rutina diaria que todavía tienen: la evaluación de todos los pasajeros y tripulantes para evitar cualquier complicación. La determinación de las gravedad de los casos, la garantía de dar a los pasajeros y tripulación la tranquilidad de que ellos se encargarían y los cuidarían.

Cuando se le comenta sobre las cientos de historias de médicos venezolanos en el mundo luchando contra el COVID, Rojas no deja de sentir emoción: “Me siento muy orgullosa de ser venezolana y de tener colegas tan ejemplares”.

Después de su travesía, el 10 de abril, el “Greg Mortimer” pudo atracar en el puerto de Montevideo. Con las orientaciones de los médicos venezolanos se procedió al traslado urgente de 8 personas y dos de ellos fueron remitidos directamente a UCI. De ese grupo un tripulante filipino falleció, siendo hasta ahora, la única victima de la crisis en el barco.

El día 11 de abril, con coordinación conjunta de Australia, Uruguay y la empresa, se estableció un cordón humanitario que permitió el traslado, en cuatro autobuses custodiados por la Armada, de 31 pasajeros asintomáticos y 27 contagiados de nacionalidad australiana y neozelandesa. Un Airbus 340 clínica aérea proveniente de Portugal se los llevó hasta sus países en vuelo directo.

Siguiendo el protocolo el barco se ubicó de nuevo a 20 kilómetros de la costa uruguaya en una cuarentena obligatoria. Es así como el resto de los pasajeros, tripulantes y los médicos venezolanos continúan en la nave.

Nohelia Rojas califica al pueblo uruguayo como solidario: “y con este barco y conmingo siempre lo ha demostrado”. Ha sentido el apoyo de sus amigos y colegas además de la emoción de muchos por la experiencia que ha vivido. Hasta el ex Alcalde de Caracas, Antonio Ledezma le ha felicitado en medios internacionales. 

Sobre el futuro, además de seguir en su campo profesional, escribirá un libro de su experiencia como migrante y sobre lo ocurrido en el Greg Mortimer. No le será difícil ya que escribe regularmente sobre temas médicos para un periódico en la ciudad de Miami donde vivió.

El ejemplo de estos médicos venezolanos y otros tantos en el mundo del COVID 19 ha sido motivo de orgullo. Frente a la xenofobia que se vive contra venezolanos en Latinoamérica ella es clara: “no merecemos ser juzgados”. Alans Peralta Mora

Nohelia Rojas en el área médica del Greg Mortimer
Subir al barco fue uno de los momentos de mayor tensión
Uno de los pocos momentos de tranquilidad en la nave
En su consultorio en Montevideo

1 COMENTARIO

  1. Médicos venezolanos dejando en alto la calidad de tan loable profesión y a su país, Venezuela se crece con sus médicos, que orgullo, siempre adelante @doctoranoa muchas bendiciones

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