Carlos Ramírez López

En los albores de las elecciones presidenciales del año 1998 Venezuela era un hervidero que protagonizaba Hugo Chávez quien durante 4 años anduvo desatado por la plaza pública proclamando una rebelión electoral para asumir el poder mediante el voto, esto dando continuidad a su fallida rebelión militar. En ambos casos tenía como tema principal, o más bien tema único, la corrupción de los 40 años de gobiernos adeco/copeyanos. Él no se ahorraba calificativos, arrancando aplausos hasta llegó a gritar que les freiría las cabezas, “voy a freír en aceite la cabeza de los adecos; si yo fuese presidente, el Congreso no duraría minutos; tengo una mano en el pueblo y otra en los cuarteles”.

Esas barbáricas propuestas calaban profundamente en la población cuyas mayorías reclamaban venganza contra las élites de la política tradicional que en todo el tiempo precedente se manejaron en un escenario de corrupción estimulada con la impunidad que les garantizaba el control del sistema de justicia a través de las nefastas tribus que se turnaban en el Consejo de la Judicatura donde e cocinaban los nombramientos de los jueces de acuerdo a los porcentajes de poder que AD y Copei tenían en el Congreso, repartición que también, y fundamentalmente alcanzaba a la magistratura del Tribunal Supremo.

Así fue como se instauró Chávez en el poder, prometiendo cambios radicales en las políticas del país a través de la venganza y que la gente aplaudía porque en verdad que se sentía víctima -que en efecto lo era- de aquellas clases políticas que se ensordecieron y que no tenían respuesta ante aquel discurso de odio. “Quiero que gane Chávez para ver a los adecos y copeyanos corriendo” era una letanía que corría profusamente por todas partes.

Eran tan estruendoso el emotivo apoyo que generaba Hugo Chávez que los partidos del sistema abandonaron a sus candidatos propios (Irene Sáenz por Copei, Alfaro Ucero por AD) para sumarse a un Polo Patriótico en apoyo al ex gobernador Salas Romer

¿Porqué?

La campaña de odio de Hugo Chávez pudo prender porque los partidos Acción Democrática y Copei como dueños del escenario hacían lo que les daba la gana, cada vez mas se deslizaban por el declive de la corrupción y de la impunidad. Solo en tiempos de elecciones se aparecían por los barrios regalando láminas de zinc para los techos de los ranchos, como cantaba Alí Primera:

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Qué triste, se oye la lluvia

En los techos de cartón

Qué triste vive mi gente

En las casas de cartón…

Por eso ganó Chávez, porque encarnó la protesta contra aquellas injusticias. Por cierto que jamás se ha visto una autocrítica de los responsables, ahora esa misma clase política clama contra lo que nos ocurre pero sin reconocer sus cuotas de responsabilidad.

Cierto que Chávez primero y Maduro después han multiplicado con creces, todos aquellos males, hundieron profundamente a Venezuela en este oscuro pozo en el que ahora se encuentra, pero sus antecesores, carecen de autoridad moral para pretenderse los ductores de una política para la recuperación de la democracia.

Colombia, Petro, “Colombia Humana”

Mas o menos lo mismo está pasando en Colombia, un sujeto con un historial de vínculos con la violencia guerrillera que es la mas grande transnacional del narcotráfico levantó campaña bajo el lema de sacarla de ella, pero también del hambre, del desempleo, y para lo cual ha tejido un gran movimiento de opinión, una coalición política denominada “Pacto Histórico”. Sus consignas van contra la desigualdad social y la pobreza, males de los que acusa a la oligarquía. Su mayor “virtud electoral” -similar a la de Hugo Chávez- es la que estuvo preso haber hecho armas contra el Estado democrático como integrante de un grupo guerrillero. Su planteamiento está concentrado contra las élites tradicionales a las que acusa -y no sin razón- como responsables de las carencias que sufre la mayoría de la población.

Petro aparece victimizado además de su prisión por guerrillero, también por el sistema de justicia cuando fue destituido como Alcalde de Bogotá mediante sentencia del Consejo de Estado, máximo tribunal de lo contencioso administrativo de Colombia, hecho que sancionó acremente un fallo de la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) en el año 2013.

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El vengador disfrazado de “Colombia humana”

“Hemos tenido un país en el que nada se ha podido cambiar en dos siglos, y a mí me dan ganas de cambiarlo. Ser el primero que lo cambie”, dijo Petro en una entrevista reciente, publicada por The New York Times.

En resumen, el de Petro es también un discurso vengador que ha logrado calar profundamente en los sectores populares, es la misma receta chavista que está a poco de repetir la trágica historia que padece Venezuela, él promete “acabar con las cúpulas podridas”. Al electorado común que rechaza a las élites económicas y políticas está dirigido su mensaje de venganza “contra las 7 familias dueñas del poder” a las que el pueblo pobre, el pueblo excluido, el pueblo marginado, quiere ver corriendo.

Por allí anda Zapatero

Federico “Fico” Gutiérrez

Hemos visto de Federico Gutiérrez, “Fico”, el contendiente que con apoyo de la coalición “Equipo por Colombia” cuenta con mayor intención de voto después de Petro, hace ofertas similares como luchar contra la corrupción, fortalecer la seguridad y la justicia, reducción de la pobreza mediante programas sociales.

Ojalá no sea tarde ya para esto, y funcione una justa apreciación del legado de Iván Duque quien dio continuidad al de Uribe en la ruta de la pacificación con un crecimiento sostenido de la economía y baja inflación, aún cuando se mantienen las élites que siguen dictando pauta concentrando el rechazo de las grandes mayorías, tanto que está allí presente el grave peligro de que el voto popular se dirija al objetivo “ver correr a los oligarcas de las 7 familias”.

El dilema que enfrenta Colombia es el mismo de Brasil, Argentina, Perú, Chile, Bolivia…es democracia verdadera o populismo engañador.

Dios proteja a Colombia.

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