Ph.D. Tomás Páez.

La información que circula a propósito del asesinato de Carlos Lanz, la referida a la extradición a Estados Unidos de un presunto miembro del “Cartel de los soles” y de la extesorera del país, Claudia Díaz, cuando previamente había estado otro tesorero en prisión, el Teniente Alejandro Andrade, son la punta del iceberg de una inmensa podredumbre. La información produce náuseas e indignación, la putrefacción de los “pranes de la política”, hace que resulte poco nítida la distinción entre currículum y prontuario. Y mira que hablaban de adecentar la vida. Convirtieron la anticorrupción en su lema favorito y le añadían algunos “contornos”: patria, hombre nuevo, trabajo y salarios dignos, soberanía alimentaria. Hicieron de empresarios, empresas, la propiedad privada y el mercado, enemigos a destruir, y por ello les declararon una guerra sin cuartel.

En ella usaron todo su arsenal, la palabra preferida: EXPRÓPIESE. Recurrieron a la estatización y reestatización de empresas, la invasión, impusieron modelos “colectivos de producción”, que en última instancia estaban en manos del Estado: cooperativas (el mayor cementerio de ellas en el mundo), las empresas de producción social y la economía del trueque (ver las distintas versiones del paquete de leyes comunales). Inundaron el país de abundantes palabras llenas de atraso y, lo peor, las convirtieron en política, hundiendo a Venezuela en un enorme caos y lo sumieron en la más honda crisis experimentada por país alguno en Latinoamérica.

Con este régimen los “PRANETONES” sustituyeron a los famosos culebrones. Y pensar que fueron abatidos los responsables el decreto 1011 cuyo propósito era crear el “hombre nuevo”, y los integrantes de los golpes de Estado del año 92 cuya consigna era acabar con la corrupción. Aquellos exministros, hoy enmudecidos, aunque antes eran capaces de declarar al abrir la nevera creyendo que se encontraban ante una cámara, hoy viven saboreando lo robado a los venezolanos. Frente a ellos no se puede actuar colocándose de perfil, en clara conchupancia o en penalizables complicidades.

Los resultados de esa palabrería atrasada, convertida en política, salta a la vista. Los enormes mojones, de cemento, cabilla y acero, hoy herrumbrosos, que asfixian la posibilidad de ampliación de la Autopista Regional del Centro, forman parte del “pranetón”. Hay quienes todavía guardan un silencio cómplice o son el sostén del desmadre, son socios o posiblemente los verdaderos dueños y responsables de la devastación. Su inmutable y continuada presencia genera suspicacias, preguntas y dudas acerca de su verdadero papel: como sostén o como quien dirige tras bastidores.

Ha sido elevado el costo pagado por la sociedad venezolana por tal palabrería, promesas, proyectos carentes de sentido, huecos. Ha costado vidas, empobrecimiento y endeudamiento que pagarán nuestros hijos y nietos. Su desmedida arrogancia y prepotencia lo refleja el Plan de la Patria (2013-2019) en el cual exponen su propósito “preservar la vida en el planeta y la salvación de la especie humana”, que no es poca cosa. No avanzaron ni en lo uno ni en lo otro, pero han creado muchos cementerios: han fallecido centenares de miles de empresas y empleos formales, miles de hectáreas abandonadas después de expropiadas e invadidas, informalidad creciente, enormes pasivos ambientales y asesinados muchos compatriotas.

Se expropió y estatizó todo y de todo, hasta al propio Estado: empresas procesadoras de café, harina, aceite, alimentos, lácteos y jugos, medios de comunicación, productoras de cemento y petróleo, electricidad, medios de comunicación, fincas a las que ministros y directores robaban hectáreas y activos, la emblemática Agroisleña y, no contentos con el fracaso inicial, volvieron a estatizar Sidor y Cantv. Lograron lo imposible, colocar a todas las empresas en números “rojos rojitos”, en situación de quiebra o condición de irrecuperabled. Cuantificamos las dimensiones del tejido empresarial de las pequeñas y medianas en la publicación de los tres “Observatorios de la PYME” (2000,2005,2013) y mostramos el número de empresas cerradas, la desaparición de parques industriales, la destrucción del empleo, tecnologías y know-how.

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Esos discursos nos arrastraron a esta calamidad. Se han perdido en sus bolsillos centenares de miles de millones de dólares robados a la salud, la electricidad, el agua, el transporte y la comida de los venezolanos y eso para pagar “decisiones impulsivas”, donde el gran ausente era la legalidad, que condujeron a expropiaciones e invasiones, y nos cuestan y costarán decenas de miles de millones de dólares. El legado del saqueo nos desafía y nos exige recuperar lo robado, sin distingo de color o condición.

La contundencia de los nefastos resultados confirman su inocultable fracaso y sin que medie explicación alguna invitan a sus “enemigos”, a los empresarios, emprendedores e inversionistas a quienes declararon la guerra, y se equivocan una vez más. Los convocan a resucitar su inmenso cementerio de empresas estatizadas. Omiten la cruda realidad creada por ellos, el complejo tramado de zancadillas legales, conformado por más de 200 leyes y decretos, propiciadores de inseguridad jurídica. A ellos se suma la conversión del TSJ en su bufete de abogados y el deterioro de los más fundamentales servicios: electricidad, agua, educación, salud, transporte e Internet, todo lo cual ahuyenta la inversión privada. No solo arrasaron con el país, desaprovecharon los ingresos extraordinarios de estas dos décadas, muy por encima de los percibidos durante los 40 años de democracia. La persistencia en el error y en no perder la oportunidad de perder la oportunidad, por cierto, no es propiedad exclusiva del gobierno.

Celebramos el hecho de que el año pasado se haya puesto un freno a la profunda contracción económica. Pasamos del sótano 80 al 75; alcanzar la situación del año 2013, desandar las decenas de sótanos restantes, exigirá varios años de esfuerzo sostenido y formidables transformaciones. Requiere limpiar la maleza de centenares de leyes, decretos, normas y regulaciones contrarias al mercado y la inversión privada. Exige una mejora sustancial de los servicios básicos y  un proceso de reinstitucionalización del país. Reclama la integración y aprovechamiento del 20% de la población integrante de la diáspora. En realidad, no se vislumbra en el régimen la voluntad política para diseñar y ejecutar un programa integral de reconstrucción del país. Ello requiere algo de lo  que el gobierno carece: confianza, respeto a los derechos humanos y capacidad para garantizar la seguridad jurídica y personal.

El sector privado, los hemos dicho en otras oportunidades, merece un reconocimiento especial. No solo ha logrado sobrevivir en el desierto, sino que además retoma su capacidad dinamizadora y su disposición a propiciar cambios. El pasado 4 de julio se realizó un encuentro de empresarios y gremios empresariales de Colombia y Venezuela, en el cual participó la representación de la Cámara Colombo-Venezolana, las autoridades fronterizas y empresarios interesados en promover el comercio binacional: estuvieron presentes el Presidente de Fedecámaras, la Presidenta de Consecomercio, el Presidente de Conindustria y los Presidentes de la Cámara binacional colombo-venezolana en ambos países. El propósito de la reunión, como reza en el documento final, es “afianzar la construcción de espacios de confianza.. .que asegure el crecimiento constante y sano para la región y para ambos países”.

Ese espacio de confianza e integración económica arroja beneficios a las empresas y a los trabajadores de ambos países. Existe una clara conciencia de la importancia del comercio binacional, uno de los más importantes de la región hasta mediados de la primera década de este siglo XXI, cuando se agriaron las relaciones entre ambos gobiernos. El de Venezuela hizo una decidida contribución al deterior al excluir al país del pacto andino, cuando el difunto afirmó “Venezuela limita con las FARC, no con Colombia” y se complementó con la expropiación de la central azucarera del Táchira, propiedad de empresarios colombianos.

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El sector privado, la empresa y el mercado, conjugan los factores de producción: conocimiento, capital, trabajo, tecnología y, en el sector agrícola, también el factor tierra. Este encuentro binacional anima el proceso de integración, la creación de empleo directo e indirecto y, como apuntó German Umaña, Presidente de la Cámara colombo-venezolana en Colombia, “La integración favorece el mejoramiento de los indicadores sociales” y por supuesto económicos. Dinamiza la aviación comercial y la movilidad, el empleo y el consumo.

Hoy, más de dos millones de venezolanos han sido acogidos en distintas regiones y ciudades colombianas, hecho que imprime sentido y urgencia a los procesos de integración económica, social, cultural e institucional. La diáspora abre muchas y novedosas oportunidades para las alianzas estratégicas, la cooperación y el hermanamiento de ciudades. La presencia de diversas diásporas en los países latinoamericanos permite pensar en estrategias binacionales y regionales de emprendimiento e integración. Como hemos dicho, las diásporas no son el problema, son parte de la solución.

Una telenovela venezolana, “Por estas Calles”, hizo famosa la frase: “como vaya viniendo vamos viendo”. En lo personal me quedo con la primera parte, que habla del cambio y la incertidumbre, pues la vida es rica en experiencias y eventos inesperados que alteran todo el tablero. A la segunda parte de la frase, desde mi punto de vista, habría que agregar: principios y sentido de lo posible. Principios como el de que el fin no justifica los medios, o el de que los planes no están escritos sobre piedra y, por tanto, los mantras no pueden ser inmutables.

Son muchos los planes fracasados en estas dos últimas décadas. El cambio es una constante, no se puede confundir con deseos, exige atención, escucha atenta y diálogo permanente para resolver diferencias, construir alianzas, generar confianza y aminorar los riesgos. Todos los actores juegan y cada decisión acarrea consecuencias. Frente al cambio que se avecinaba en la correlación de fuerzas en las elecciones de 2015, y que todas las encuestadoras serias avizoraban, el gobierno optó nuevamente por la violación para modificar la composición del TSJ con miembros de su partido para disminuir el Poder Legislativo.

En la continuación de la investigación sobre la diáspora venezolana hemos realizado cerca de 200 entrevistas a profundidad e historias de vida de personas que migraron a Venezuela. En ellas se muestra el amor y profundo agradecimiento al país por haberlos acogido: su gente, la movilidad social, la escasa xenofobia, el clima, el humor. Cada uno de los entrevistados menciona la arista que más valora

Ejercieron como embajadores y establecieron fuertes conexiones empresariales, institucionales y personales entre los países de acogida y origen. Llegaron a pie, en pequeños veleros, en autobús, barco o avión. Cuando estuvieron en capacidad, enviaron remesas, invirtieron en sus comunidades de origen, establecieron negocios y alianzas. Hoy le corresponde a la diáspora venezolana ejercer la diplomacia pública y parlamentaria.

La diáspora es pieza clave para el proceso de internacionalización e inserción de las empresas e instituciones venezolanas en el mercado global. Esto lo ha comprendido una parte importante de las empresas y gremios empresariales venezolanos y es una de las razones que explica el citado encuentro binacional. Este esfuerzo inicial liderado por el sector privado puede y debe ampliarse a toda la región, con planes, creando y fortaleciendo las redes existentes. El empresario y la empresa, como se ha demostrado, es un actor fundamental del proceso de integración y desarrollo regional y allí la diáspora venezolana tiene reservado un importante papel.

@tomaspaez @vozdeladiaporaven

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