Sofos de Mileto

¿Tecnología con consciencia?

Comenzamos por reafirmar que Inteligencia Artificial (IA) es aquella tecnología que es consciente de su entorno y que lleva a cabo sus tareas siendo capaz de maximizar sus posibilidades de éxito. Estas tareas suelen implicar cosas como planificación, investigación, procesamiento del lenguaje y reconocimiento facial.

La investigación de la IA empezó en 1956, pero hoy en día resulta más relevante que nunca. Desde Siri y Alexa hasta la relativa reciente división Google AI, estamos en un mundo destinado a estar cada vez más moldeado por la inteligencia artificial.

La inteligencia artificial determina muchas cosas en nuestra vida diaria. Ya existen casas inteligentes y coches que conducen solos. Esto todavía no está al alcance de todos, pero es algo real. Además, el impacto de la IA en nuestro quehacer es tan generalizado que, muchas veces, ni somos conscientes de que estamos interactuando con ella.

Niños y adultos participan en videojuegos con personajes que reaccionan y se adaptan a la forma en que juega el usuario. Estos son un ejemplo claro de IA que casi damos por sentado. En Mercadeo ya estamos en presencia de predicciones de compra que nos enseñan productos antes de que los necesitemos, o las recomendaciones de películas en Netflix.

Los bancos también utilizan tecnologías parecidas al monitorear el fraude. Además, muchos sitios web utilizan la IA para su apoyo al cliente. Wired, Yahoo, Fox y Associated Press aseguran utilizar la Inteligencia Artificial para crear contenido. La IA no puede reemplazar a un periodista de investigación, pero sí puede hacer cosas sencillas, como publicar resultados deportivos.

Tal como se puede notar, la IA fue diseñada con la intención de que la máquina se comportara como un humano, con la capacidad de tomar decisiones complicadas. Es una herramienta que, según Allen y West, en su trabajo How artificial intelligence is transforming the world, “nos permite repensar cómo integramos la información, analizamos datos y utilizamos las percepciones para mejorar el proceso de toma de decisiones”, es decir, todo apunta a que ella ya se convierte en un instrumento que está cambiando el mundo que conocemos.

Inteligencia Artificial en la Educación de hoy

La aplicación de la inteligencia artificial en la educación está cada vez más cerca de ser una realidad de alcance masivo. El aprovechamiento de la tecnología es un reto necesario en la actualidad para las instituciones de formación a la hora de buscar una educación de calidad.

Ante los cambios tecnológicos es importante que todos nos adaptemos, pero para los niños, los trabajadores del mañana, es algo fundamental. Por eso, es clave que el sistema educativo adopte estrategias de enseñanza orientadas hacia áreas de “razonamiento analítico, colaboración, diseño, demostración visual de información y pensamiento independiente”, tal y como Allen propone en el trabajo antes citado. En consecuencia, los profesores adquieren un rol muy diferente del tradicional, siendo facilitadores de la educación en un mundo en rápida transformación.

Prosigue el autor señalando: “Los beneficiados de la inminente era de la inteligencia artificial serán los países y empresas que pueden crear los algoritmos más poderosos, reunir el mayor talento, acumular el mayor número datos y organizar las más potentes computadoras”.

Preguntas claves surgen: ¿dónde podemos encontrar la inteligencia artificial en la educación y en nuestros colegios? ¿Qué puede hacer la IA para cambiar la educación en el futuro?

¿Desaparecerán los docentes con la IA?

Hoy en día, el debate sobre el papel de la IA en las escuelas está activo en plataformas como Brainly, una red social donde los alumnos se encuentran para colaborar. Compañías como CTI están creando libros de texto personalizados atendiendo a las necesidades concretas de los alumnos.

La IA, además, ya está mejorando los métodos tradicionales de enseñanza y corrigiendo sus deficiencias. Los maestros tienen un tiempo concreto para interaccionar con los alumnos, pero una IA puede estar disponible para los estudiantes las 24 horas del día. Así que, de esta forma, puede fomentar el aprendizaje a distancia. Incluso, puede manejar muchas tareas administrativas aburridas, lo que permitiría a los profesores tener más tiempo para centrarse en los alumnos.

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Encontrar los recursos adecuados en el momento adecuado será más rápido y fácil de lo que ya es. De este modo, los alumnos podrán personalizar su experiencia de aprendizaje. Una IA será capaz de identificar las áreas en las que los estudiantes tienen más problemas y encontrar el método correcto para mejorar su rendimiento.

Ante el planteamiento de si los maestros terminarán siendo algo no necesario, la respuesta resulta clara: no. El papel de un educador va más allá de la simple entrega de información de una forma eficaz.

Si bien la IA puede ser un gran activo para los docentes, los profesores están destinados a enseñar a los estudiantes otras cosas además de conocimientos. Por ejemplo, cuál puede ser su lugar en el mundo. Los dirigirán para que lleguen a convertirse en adultos con éxito a través del conocimiento. Asimismo, los educarán en aprendizaje social y emocional. Solo los seres humanos pueden educar a los niños para que se conviertan en grandes seres humanos en el futuro. Las nuevas generaciones también necesitarán aprender habilidades sociales, autoconciencia e indicaciones sobre cómo tomar decisiones. Estas habilidades nunca podrían ser enseñadas por una máquina.

En definitiva, aunque la IA será muy útil en el futuro y ayudará en la educación, nunca será útil sin profesores competentes que sepan cómo utilizarla en su beneficio y en el beneficio de sus alumnos.

Inteligencia Artificial en la educación del futuro

A fin de eliminar la pobreza para 2030, un plan diseñado por la United Nations Educational, Scientific, and Cultural Organization (UNESCO), establece como una de las metas más importantes garantizar el acceso a una educación de calidad.  De acuerdo con la UNESCO, se van a necesitar 20.1 millones de nuevos maestros para enseñar en primaria y secundaria. Además, se requerirán otros 48.6 millones para reemplazar aquellos que dejarán la profesión, ya sea porque se van a retirar, terminan sus contratos o simplemente porque abandonan la carrera por otras mejor pagadas o que ofrecen mejores condiciones. Como vemos, ¡se necesitan muchos maestros!

Entonces, ¿cuál es el plan para suplir la necesidad de maestros calificados? En el Festival Británico de Ciencias de 2017, Anthony Seldon, un experto en educación, propuso como solución el empleo de Inteligencia Artificial (IA). Es decir, de robots o humanoides.

De hecho, la IA no solo ya está reemplazando a las personas en posiciones rutinarias o peligrosas (de cajeros o recogiendo desechos nucleares), sino también a los especialistas en finanzas, médicos y mercadólogos, comentó Kristin Houser en el artículo “La solución para nuestra crisis educativa puede ser la Inteligencia Artificial”.

No obstante, la profesora Rose Luckin, quien trabaja para un laboratorio en Londres dedicado a transformar la educación a través de los medios digitales, explica que en la actualidad todavía no existe un sistema digital que pueda competir con el ser humano. En una entrevista para Futurism, dijo que “ningún robot podría cumplir con la amplia gama de funciones que ejecuta cada día una maestra de carne y hueso, ni podría desarrollar el repertorio de habilidades y destrezas que esta posee”. Sin duda, dicha afirmación tiene peso, por lo expuesto anteriormente.

Sin embargo, eso no significa que en el futuro la Inteligencia Artificial (IA) no vaya a hacerse cargo de una extensa variedad de tareas propias del salón de clases. Aunque hoy no existe una máquina con la empatía y la habilidad para inspirar de los docentes, se estima que para 2027 los robots conseguirán reemplazar o asistir en gran parte de sus labores. Por ejemplo, podrían llevar la asistencia, corregir exámenes rutinarios, e incluso generar nuevas lecciones usando plataformas como Teachers Pay Teachers. Pero la IA puede hacer mucho más que el trabajo monótono.

Por ejemplo, las aulas podrían estar equipadas con procesadores de lenguaje, tecnología para el reconocimiento de gestos, entre otros sensores psicológicos capaces de recolectar y analizar información sobre cada estudiante, para conocer sus necesidades. Si los alumnos no han dormido bien, no han comido adecuadamente o se encuentran bajo mucho estrés, no pueden concentrarse, y esto dificulta el aprendizaje, esta información permitiría al educador entender mejor por qué los niños no están aprendiendo a toda capacidad. Incluso, si un estudiante necesitara atención individual, podría ser instruido con tutorías propulsadas por Inteligencia Artificial.

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Es así como se espera que en una década cada maestro tendrá un robot-asistente. Considerando el enorme peso que tienen los maestros sobre sus hombros y la inmensa demanda global de nuevos maestros, la IA se perfila como una alternativa tan viable como cercana.

¿Y dónde quedan las universidades?

La formación en tecnologías de IA es una tarea muy importante en colegios y en escuelas de Secundaria, pero ¿qué papel tiene en la universidad? ¿Qué necesita cambiar la universidad para facilitar la formación de trabajadores con capacidades en tecnologías de inteligencia artificial?

Según Michael Landon-Murray, autor del artículo Big Data and Intelligence: Applications, Human Capital, and Education, “en 2014 era muy raro, virtualmente inexistente, encontrar programas en Data Science”. Esto afecta también a las empresas porque los centros de investigación de muchas universidades son fuentes de formación para las mismas. Si se incrementa el número de personas que puedan aprender a usar las nuevas tecnologías, aumentarán las posibilidades de desarrollar más innovaciones. Por eso, se requiere subrayar la importancia de incluir los estudios de nuevas formas de ciencia, como IA o Data Science, en las universidades para que la capacidad de aprender a innovar no esté limitada a un grupo reducido de personas.

Sin cambios en la educación, no será posible equipar a una población para innovar en la tecnología del mañana. La IA es la tecnología del futuro, y los estudiantes, en especial los universitarios, son los artífices de ese futuro. De ahí la importancia en no dejarlos atrás en la carrera por la innovación.

Retos para repensar la educación

No podemos sólo pensar teóricamente sobre el futuro de la innovación. Los docentes y las instituciones tenemos la responsabilidad de educar con las herramientas necesarias para entrar en este mundo digital. En esta línea, y siguiendo a Allen y West, ya citados, en relación con los efectos de la IA en la educación, en su trabajo señalan que “el mejor escenario posible sería conocer, al final de cada día, si el estudiante está cumpliendo con las expectativas para así poder corregir rápidamente las deficiencias detectadas; porque, en el peor escenario, los estudiantes rezagados abandonarán el sistema ante la emergencia de esta nueva realidad”.

Sin embargo, en la era de la IA, será indispensable poner el énfasis en una educación holística y personalizada porque solo ”cumplir expectativas” y “corregir deficiencias”, será insuficiente. Por otra parte, trabajar el razonamiento analítico, colaborativo y el pensamiento independiente en los estudiantes, exige revisar la idea actual de éxito académico. Para poder medir adecuadamente esas nuevas competencias los profesores deben ser facilitadores, ayudar a los estudiantes a desarrollar nuevas habilidades, de forma constante, cuya evaluación no puede ser medida por un test estandarizado.

Es obvio que el mundo está cambiando a pasos agigantados, pero la pregunta indispensable es ¿cómo cambiará nuestro sistema educativo? Allen de nuevo, en otro artículo Why we need to rethink education in the artificial intelligence age,  destaca la importancia de mejorar el acceso a Internet y Wi-Fi en las escuelas, así como la de no aumentar la desigualdad de oportunidades en educación. Según el Pew Research Center, “5 millones de familias con niños en escuelas no tienen acceso a Internet en casa”. Estos estudiantes tienen menos habilidades para investigar, conseguir becas y obtener información y orientación sobre oportunidades académicas.

Internet es integrador, porque su acceso significa abrir la información, no dejando en la oscuridad a una parte de la población portadora de nuevas ideas. Aunque el acceso a Internet será esencial, no supondrá la solución completa. Los profesores necesitarán aprender cómo enseñar con la ayuda de Internet y necesitarán enseñar sobre el propio Internet, una herramienta muy útil, pero sólo si conocen cómo utilizarla. Pero todo esto tampoco será suficiente. Porque todos los actores involucrados en el proceso de enseñanza – aprendizaje ya deberían dominar aspectos básicos de la inteligencia artificial, su uso, su alcance, su importancia y su impacto. De no hacerlo, quedarán enterrados en la brecha.

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