En un viaje de poco más de 21 kilómetros, Pizzolante escribió una de las canciones más dedicadas en serenatas no sólo en Venezuela sino también en países tan distantes como México.

Graduado como ingeniero civil de la Universidad del Zulia en 1956, Ítalo Romano Pizzolante Baldi, supo llevar los números, las ecuaciones y las gráficas de su profesión, con su afición por la música y la poesía.

Pizzolante nació en Puerto Cabello un 2 de diciembre de 1928. Era hijo de Antonio Pizzolante y María Baldi, dos ciudadanos italianos provenientes de Salerno, en Nápoles, que llegaron a Venezuela en busca de un mejor futuro en la década de 1920, como cuenta Oscar Sayago en el portal italiani.it.

Si su pasión por la ingeniería lo llevó a ser docente de las cátedras de Estructura y Taller de tecnología en la facultad de Arquitectura de la Universidad Central de Venezuela (UCV), su pasión por la música lo condujo a ser merecedor de reconocimientos como el primer lugar en el Festival del Bolero en La Habana, en 1992.

Este músico carabobeño le regaló al país una de las canciones románticas más conocida, y lo curioso del caso, es que lo hizo sin intención alguna de que trascendiera más allá de la sala de una casa. El hecho hace necesario remontarse a 1965, cuando manejando el trayecto de Morón a Puerto Cabello, Pizzolante empezó a escribir unos versos para su amiga Ana Arismendi.

Arismendi, según cuenta el mismo autor en entrevista con César Miguel Rondón, le había pedido como regalo de cumpleaños una canción, seguramente porque ya conocía el talento que éste tenía para decir las cosas con la belleza de un poeta, pues se le conocían canciones como Mi Puerto Cabello, que en 1998 pasaría a ser declarada himno oficial de aquella ciudad.

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Pizzolante sostiene que escribió “Motivos” en unos quince minutos, y que para su inspiración le bastó con observar el paisaje y recordar vivencias, percatándose que hasta las cosas más sencillas de la vida pueden ser un motivo para cantar, como por ejemplo “una simple estrellita de mar”.

La canción que terminó de moldear en el piano de la casa de su amiga Arismendi, fue presentada al público en diciembre de aquel mismo año 1965, y se conserva la tarjeta de presentación donde la escribió por vez primera.

El autor probablemente nunca imaginó que sus versos llegarían a ser tan versionados, algunos periodistas como el ya citado Oscar Sayago habla de más de “60 interpretaciones de diversos artistas”, mientras otros postulan que supera los 100.

En la lista de intérpretes se puede hallar a Alfredo Sadel, La Rondalla Venezolana, Chucho Avellanet, Armando Manzanero, Vicente Fernández y Luis Miguel, teniendo este último una curiosa anécdota con la canción de Pizzolante, pues la incluyó en su álbum México en la piel, el cual se suponía era un compendio de canciones de su país. Según detalla Patricia Aloy en un artículo para Venezuela Sinfónica, Luis Miguel habría declarado que puso la canción en el álbum por ser la favorita de su madre, Marcela Basteri.

Esta última historia revela la relevancia que tuvo la canción fuera de la frontera nacional. Ítalo Pizzolante falleció en Valencia, Carabobo, el 12 de marzo de 2011, dejando tras de sí un legado de composiciones que se siguen entonando, y dejando saber que todo es mucho más fácil y bello si “existe un motivo”.

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