Cuatro años después del cierre de fronteras para Yasmin Pinzón el balance podría ser totalmente desalentador: como colombiana deportada de Venezuela donde siempre vivió desde niña, habiendo perdido todo lo material que pudo acumular en esos años, empezando de nuevo en un su país de origen pero sintiéndose extranjera.

Por ayudar a los venezolanos en el barrio donde vive en Cúcuta, ha sido amenazada.  Sin embargo no pierde la esperanza de que las cosas, tarde o temprano, mejoraran para ella y los suyos.

Yasmín Pinzón.

“Nuestra situación ha sido siempre difícil. Llena de necesidades, preocupaciones. De verdad que esta es la situación que estamos viviendo los colombianos retornados y los migrantes venezolanos porque nada fácil es ver como nuestras vidas, nuestras cosas quedaron abandonadas allá y otras personas llegan a quitarle lo poco que uno tenía allá”.

Vivía en el estado Trujillo, en Sabana de Mendoza, y fue víctima de la violenta reacción del gobierno venezolano en agosto del 2015 cuando cerró las fronteras y obligó, de forma forzosa, a la repatriación de miles de colombianos con deportaciones masivas que hoy siguen siendo denunciadas ante organismos internacionales de derechos humanos.

Autoridades militares llegaron a su vivienda y la sacaron apenas con tiempo para recoger algunas cosas. La llevaron a la frontera por el Zulia y simplemente le abrieron un expediente con otros cientos de sus compatriotas para justificar su expulsión del país en donde construyó sueños por muchos años.

Vivió con su familia seis meses en unos albergues instalados por el gobierno colombiano para sus nacionales repatriados. Posteriormente se hizo a una pequeña casa en el Barrio Camilo Daza donde actualmente vive y da refugio y apoyo a familias venezolanas que llegan a la ciudad buscando escapar de la crisis que se vive en Venezuela.

Sin embargo se considera abandonada por el Estado colombiano “quien es responsable de apoyarme por ser víctima del conflicto interno colombiano que me llevó hasta Venezuela”

Lo más triste es que Yasmin llegó a Venezuela huyendo de la violencia del conflicto interno que la obligó a emigrar con su familia. Su vida es marcada por una violencia institucional que la obligó a cruzar la frontera dos veces, de lado a lado, por la misma causa.

  • ¿En Colombia cómo te has sentido, como colombiana o venezolana?
  • Me he sentido como venezolana siendo colombiana. Esto me ha generado problemas. A pesar de mis problemas me he dedicado a ayudar a los migrantes venezolanos porque comprendo su situación y necesidades ya que son las mismas que he vivido yo a lo largo de mi vida. Mi espacio, mi hogar lo he convertido en un refugio de paso de familias venezolanas con las que hemos compartido un plato de amor compartiendo historias, momentos buenos y malos.

A veces sin tener nada que poner en el plato, esa solidaridad ha sido suficiente para llevar un poco de consuelo a los migrantes que le acompañan. “Yo tengo hijos venezolanos y no importa que me señalen o tengan gestos negativos hacia mí. Estamos luchando para salir adelante”

Pinzón afirma que la xenofobia se hace presente cada vez con más fuerza. Indica que mucha gente que le critica dice que  la salud, la atención y millonarios recursos se van para atender a los venezolanos.  Sin embargo, asegura, esto no es así.

“Esas ayudas son puro papel. Las ayudas no se le están dando a quienes de verdad lo necesitan, a quien de verdad está padeciendo hambre”.

  • ¿Esas ayudas anunciadas no están llegando a los venezolanos?
  • No le están llegando. Yo sí le puedo demostrar con pruebas como padecen las familias migrantes. Casas en donde están 25 personas a veces sin nada que comer, madres  cabeza de familia con varios hijos, viviendo en montes, en donde no tienen un techo bajo el cual dormir.

Afirma que han llegado a su casa familias venezolanas migrantes pidiendo su apoyo para conseguir bonos alimentarios que otorga la Alcaldía de Cúcuta y que cuando van a solicitarlos, siempre le dicen que esos bonos ya fueron entregados a quienes necesitan. “Esas tarjetas, esos bonos, no están llegando a los más necesitados. Con esos bonos están haciendo negocios”.

  • ¿Que sientes cuando conoces esta situación?
  • Hay momentos en los que siento rabia. Frustración, impotencia. La rabia que yo siento es que se escucha de beneficios, de ayudas a venezolanos y que no llegue realmente a quienes lo necesitan. Esa es mi rabia.

(Alans Peralta/Xendero)

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