En un momento en el cual el régimen venezolano intenta dar un golpe de timón con la recién aprobada Ley de las Zonas Económicas Especiales (ZEE), con la cual busca, entre otras cosas, atraer capital extranjero, vale la pena revisar la historia de la Agropecuaria Flora (Agroflora), la compañía ganadera inglesa en Venezuela.

Instalada en el país desde 1908, la compañía inglesa The Lancashire General Investment Company Ltd., desempeñó labores de cría, levante y ceba de ganado, llegando a convertirse en la principal productora de carne a nivel nacional, con una facturación anual de 770 millones de dólares, según datos de Reuters (2010).

Su historia en Venezuela constituye un dato interesante por diferentes razones, una de ellas es el papel que puede llegar a desempeñar el capital privado internacional en el desarrollo de un sector dentro de la economía nacional.

La Compañía inglesa de carne, perteneciente a la familia Vestey, fue la primera en instalar un frigorífico en el país. Lo hizo en 1910 en Puerto Cabello, según señala el historiador Rafael Arráiz Lucca, hecho que permitió la exportación de carne venezolana a puertos en Gran Bretaña.

La agroindustria puesta en marcha por la compañía trajo consigo la innovación al sector, cuya eficiencia en cuanto a maquinaria, oferta forrajera, control sanitario, y cruce de razas, entre otros elementos, les permitió obtener ganancias suficientes para adquirir tierras en varios estados del país como Apure, Carabobo, Cojedes, Falcón, Guárico y Portuguesa, como menciona Pedro Piñate, en su blog Agronotas.

La actividad fue tan bien atendida por la compañía, que se convirtió en la más grande productora de carne a nivel nacional, llegando a contar con, según datos ofrecidos por Gastón Carvallo en su libro ‘El hato venezolano 1900-1980’, en poseedor de un millón de hectáreas y cerca de 100.000 cabezas de ganado.

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Otro punto a tener en cuenta, que se hace importante mencionar la reseña a esta compañía, es que desde un principio debió luchar contra el intervencionismo estatal, puesto que, durante la dictadura de Juan Vicente Gómez, este tenía el monopolio sobre los mataderos y la comercialización del ganado, además de que durante el periodo de la primera Guerra Mundial fijo los precios de la carne, como sugiere Rafael Arráiz Lucca.

En este mismo sentido, se enmarca el último punto a traer a colación en este artículo, y con el cual, por desgracia, finaliza la historia de Agroflora, puesto que desde el año 2000, varias de los terrenos de sus haciendas fueron invadidos por personas que reclamaron derechos de propiedad, así como por entes gubernamentales.

Ambos invasores se ampararon bajo el supuesto de que las tierras “pertenecían a la nación”, o que eran “tierras ociosas”, tal como lo denunció la compañía en un comunicado publicado en enero de 2005, en el diario El Nacional, luego de que el entonces ministro de Agricultura y Tierras, Arnoldo Márquez, denunciara que Agroflora estaba usurpando tierras propiedad del gobierno.

La dificultad para hacer respetar los títulos de propiedad se mantuvo constante hasta que, en agosto de 2010, el mismo presidente Hugo Chávez Frías anunció la expropiación del total de haciendas que tenía la compañía inglesa, 290.000 hectáreas de tierras y unos 130.000 vacunos, según declaraciones del entonces ministro de Agricultura, Juan Carlos Loyo, publicadas en el medio español La Razón.

La expropiación se llevó a cabo en el año 2011. Pero Agroflora ya había emprendido una demanda legal ante el Centro Internacional de Arreglo de Diferencias relativas a la Inversión (CIADI), el cual en 2016 falló a favor de la compañía inglesa que reclamaba el pago de 11 hatos tomadas por el gobierno, a través de la Fuerzas Armadas, sin obtener ningún pago.

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La información más reciente sobre este litigio, es una noticia publicada por el portal de noticias Banca y Negocios, en enero de 2021, donde se lee que el gobierno interino encabezado por Juan Guaidó había acordado pagar a la compañía más de 100 millones de dólares por los daños causados.

Así acabó una historia de poco más de un siglo de inversión en tierras venezolanas, que llevó al desarrollo de la ganadería intensiva. Es importante tener este hecho como una referencia ahora que el gobierno hace llamados a la inversión de capitales privados extranjeros.

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