La vida es un derecho fundamental inalienable de cada individuo, cuando se garantiza este derecho se permite y se da paso al desenvolvimiento de cada persona, en este punto es donde los factores bio-psico-sociales para moldear nuestra personalidad, nuestra forma de pensar, así como la estructura de valores y principios que nos representaran y nos caracterizaran durante nuestra existencia; este proceso no es aislado es un proceso que coincide igualmente a un proceso de conformación de la identidad social, donde cada persona de manera individual da su aporte para la construcción de la misma, en este sentido la sociedad termina siendo un reflejo exacto de la sumatoria de los intereses de cada uno de sus integrantes.

Una sociedad donde se permite la libertad para llevar acabo el proyecto de vida de cada persona, donde se garantiza la propiedad privada como el fruto de del trabajo alcanzado por los propios medios, donde la democracia se perciba como el verdadero poder de los ciudadanos para hacer valer su soberanía, donde hombres y mujeres seamos igual ante la ley, donde garantizar la vida y la dignidad de cada individuo sea objeto de los estados, son las sociedades occidentales, sociedades que se construyeron con los principios de libertad, igualdad y fraternidad.

En consecuencia las intenciones de acabar con estos modelos de sociedades libres no son más que la intención de acabar con la libertad y vida de millones de personas, una práctica común entre aquellos que personifican en su ser y sus modelos de gobierno el antagonismo de los valores occidentales y que la historia nos ha mostrado cruelmente la consecuencias cuando recordamos la China comunista de Mao, la  extinta URRS (Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas), La Nicaragua Sandinista, la Cuba de los Castros, la Argentina de Peron, el Chile de Allende, El Brasil de Lula, y la Venezuela de Chávez.

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Nuestra vida y cultura está formada por los principios y valores de occidente, representada en la libertad, democracia y la república como forma de vivir en lo político, social y económico. Donde se goza de la plenitud de los derechos humanos y fundamentales de cada individuo. Donde la ciudadanía es el centro del poder y la soberanía. Oriente es el enemigo letal para aniquilar el sistema y el Estado tal como lo conocemos, su cultura y estilo de vida son de regímenes totalitarios y vulneración a las libertades. Todo eso representa un choque a nuestro estilo de vida, que los criminales que hoy tienen secuestrado el poder en nuestro país quiere abrir sus puertas, para de una vez por todas cambiar de raíz todo lo que representa lo que por tantos años nos costó construir.

Irán, Rusia y China son los grandes enemigos de la Republica y de la vida occidental, el régimen venezolano es su representante en esta transnacional del crimen tienen más de 20 años haciendo nexos con grupos terroristas-comunistas que creen en este proceso de interregno, del caos total. Los venezolanos deben tener presente que estas relaciones profundizan y agudizan la situación país, todo este plan cultural de dominio, solo para mantenerse en el poder a toda costa, sin importar la vida de los ciudadanos, si no los intereses malignos que representan geopolíticamente.

El lineamiento de estos acuerdos y negocios entre los criminales, deja en evidencia que Venezuela será el centro de sus operaciones en este lado del mundo, donde sembrar el terror será política diseñada por el Régimen. Recordando al fallecido Hugo Chávez citando Antonio Gramsci “Hay algo que está a punto de morir y no termina de morir, hay algo que está a punto de nacer y no termina de nacer”. Ese modelo denominado Socialismo del XXI es el que debe dominar nuestro territorio según ellos. Enfrentarnos a estos capos, terroristas con una ideología que representa la destrucción de nuestro país, nos lleva a una lucha asimétrica  en el campo de la composición del poder, generando ellos una propaganda ideológica que lleva al ciudadano a la frustración, la indefensión y al control. Ante eso debemos preparar y promover a la ciudadanía. Que pueda enfrentar la cultura hegemónica que propicia el régimen de Nicolas Maduro.

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Redacción: Séneca.

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