• Los días se repiten. No saben por cuánto tiempo les darán habitación y alimentación para ellos y sus familiares. Deben salir a buscar en la calle los pañales y medicinas para sus hijos

Incertidumbre. Ese es el sentimiento que a diario consume al grupo de militares venezolanos que, atendiendo la orden de Juan Guaidó, dejaron atrás sus uniformes y llegaron a Colombia plegándose al gobierno de transición, desde el pasado mes de febrero.

Y es que esa incertidumbre proviene ya no del hecho de lo que pudiera pasarle a ellos sino que ahora se agrega el hecho de compartir este sentimiento con sus familias que se encuentran, como ellos, compartiendo habitaciones en varios hoteles de la ciudad de Cúcuta.

En el hall del hotel Acora, en pleno centro, dos de ellos explican su situación, sus temores.  Juan y Camilo, nombres ficticios que usamos por su propia petición: “El gobierno de Colombia al entregarnos el PEP nos indicó que no podríamos hacer declaraciones públicas por nuestra condición de militares y el momento político en la frontera”.

Y eso se les respeta. Son militares con rango y pertenecientes a la Guardia Nacional y el Ejército. Al momento de pasar al lado Colombiano estaban convencidos de una pronta resolución en Venezuela, su reincorporación plena a las Fuerzas Armadas y que su vida militar continuara.

Ahora, con sus hijos, esposas, padres, la historia es diferente. Tan extraña para ellos como los casi cuatro meses transcurridos. Ahora sus días transcurren en pensar cómo resolver lo de los pañales de los niños, el dinero para trasladarse a otros sectores, las innumerables reuniones con ACNUR, Cancillería de Colombia, representantes del Gobierno Guaidó, políticos y una variopinta de aparecidos que, según lo afirman, “…solo quieren figurar”

Juan es claro: “Nos sentimos abandonados. A pesar de tener un lugar donde dormir y un sitio en donde nos dan alimentación hay muchas carencias. Una de ellas es que siempre han pensado en nosotros adultos pero no en nuestros hijos pequeños  que necesitan pañales y familiares que necesitan medicinas entre otras cosas”.

Allí se encuentran 75 personas. En otros hoteles hay más o menos. Son varios. Camilo lo ratifica: “lo que nos preocupa es que nadie nos dice hasta cuando se mantendrá este apoyo. Al principio hablaron de tres meses, de una incorporación laboral, pero luego ha venido el silencio”.

Han disminuido las visitas institucionales y temen que su situación esté pasando a un segundo plano dentro de las prioridades oficiales tanto en Colombia como en Venezuela.

-¿Cuál es su situación legal ahora?

-Nos ofrecieron tres alternativas: el PEP con el que renunciamos a nuestro estatus de refugiados, un permiso de tránsito temporal para salir del país buscando otros destinos y una tercera opción con la que manteníamos el estatus de refugiados pero nos quedábamos sin otro tipo de apoyo.

– O sea, ¿un sí o sí?

-Prácticamente. La mayoría aceptamos el PEP, otros pocos se fueron buscando destino al sur y ninguno se mantuvo como refugiado. Creo que eso era lo que buscaba Colombia.

Teniendo el PEP pueden trabajar. El problema es que son militares venezolanos, en zona de frontera y cargando la responsabilidad de sus familias. “Sinceramente no pensamos en esto así: yo me veía trabajando en mi cargo en el Ejército. Ahora no se” confiesa Juan.

  • ¿Se sienten amenazados o perseguidos?
  • Hay rumores de que han secuestrado algunos compañeros en el Hotel Villa Antigua, eso queda más cerca de la frontera. Pero nada confirmado. Aquí nos sentimos más seguros pero si observamos la presencia de gente extraña que le hace fotografías al hotel o se detienen largo tiempo al frente de él como fijándose en quien entra o sale de aquí.

A quien pueda ayudarlos les han pedido medicinas, alimentos y pañales para los niños y algunos familiares adultos que les acompañan.

  • ¿Y ustedes que piden?
  • El presidente Guaidó que resuelvan pronto en el país. Queremos regresar  y apoyar. Siendo militares y pidiendo excusas a los que pudieran sentirse afectados, aquí falló un poco la estrategia, la organización. No estaban preparados para una situación como la de nosotros.

Unos niños juegan cerca, inocentes del futuro. Sus padres se muestran preocupados, en un ocio diario agobiante como el calor en Cúcuta.

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