La primera línea de defensa contra la pandemia provocada por el coronavirus la compone el personal de salud, quienes durante su labor presencian el fallecimiento de los enfermos por el virus y los arduos intentos de recuperación por parte de los contagiados. Asimismo, se han convertido en acompañantes de los pacientes en su proceso de sanación o en organizadores de las despedidas entre los insalvables y sus familiares.

Ese es el complejo contexto descrito por profesionales hospitalarios a Venezuela Migrante: son venezolanos que enfrentaron las consecuencias del Covid-19 en nuevas latitudes.

Ana Patricia Sampayo-Zabala recuerda con tristeza el fatídico paso de la pandemia por España, pues desde hace un año trabaja en un geriátrico en Cataluña donde ha experimentado, cual película bélica, la medicina de guerra, el momento cuando el médico debe decidir quién vive y quién no. 

Para Ana, los meses de abril y mayo fueron los más duros. En esos momentos presenció cómo las autoridades, en medio del colapso de los hospitales y centros de salud, atendían a los pacientes dependiendo de sus posibilidades de vida.

“En las residencias para ancianos muchas personas fallecieron”, aseguró la médica venezolana. “Recuerdo que, durante algunas semanas, la Consejería de Salud de Cataluña no aceptaba derivaciones de los enfermos mayores de 80 años que resultaran positivos al coronavirus”, dijo. En más de una ocasión sus pacientes presentaban dificultades pulmonares severas, pero solo podía suministrarles oxígeno o analgésicos para tratar de hacer menos dolorosa la muerte.

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Junto a Ana laboraban dos médicos y personal de enfermería, el grupo debía ingeniar formas para prestar atención a todos los abuelos: “Entre nosotros dábamos los cuidados paliativos, ya solo como cuidados con morfina para enfermedades terminales y así aumentar su calidad de vida. Si tenía distrés respiratorio había que inyectarle para que mejorara un poco y, si ya manifestaba mucho dolor o se encontraba en fase de sufrimiento, era necesario suministrar las pautas de confort hasta que la persona falleciera”, cuenta.

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En general, los ancianos ingresados en hogares para mayores se encuentran en el lugar porque sus familiares no pueden encargarse de ellos, algunos padecen limitaciones físicas o mentales que les impiden valerse por sí mismos y la edad contribuye a aumentar su dependencia y vulnerabilidad.

El panorama para esta población fue aún más complicado con el confinamiento total de las residencias, sobre todo desde el punto de vista emocional, explica Ana. Tan solo una vídeo llamada era el medio de contacto con sus seres queridos, mientras se abría un vacío afectivo en los ancianos.

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“Muchos abuelos tenían necesidades que nosotros no podíamos cubrir, como estar con sus familiares”, dijo Ana. Hubo un caso en particular que la marcó profundamente. Fue cuando le correspondió a ella hacer la videollamada. De un lado los familiares despidiéndose, y del otro, en su presencia, los abuelos dando su último suspiro.

Pero también había alegrías. Uno de los momentos de mayor felicidad para Ana en su trabajo era ver la recuperación de sus pacientes. Se convertía en una celebración. “Ver que hubo muchas personas que quedaron con secuelas leves, y otras muchas sin ningún tipo de secuela, siempre es muy gratificante porque sientes que todo valió la pena”, expresa.

Llegan las vacunas tras meses de arduo trabajo

La noticia de la inmunización al personal de salud fue un aliciente y un alivio luego de esfuerzos titánicos por parte del sector médico para controlar los contagios y tratar a los enfermos. Tanto su labor como su alta exposición al coronavirus los posicionó como un grupo priorizado a inocularse contra Covid-19.

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“Todos estamos cansados de tener miedo de contagiarnos y contagiar a nuestras familias, amigos. Queremos poder trabajar más tranquilos”, sostiene Daniela Allocca.

Ana coincide: “Cuando dijeron que las primeras personas en recibir las vacunas seríamos los miembros de la residencia, tanto los ancianos como los trabajadores, sentimos emoción”.

No obstante, Ana cree que aún queda una tarea importante pendiente: mayor documentación para combatir las dudas sobre las vacunas. “Incluso entre profesionales que trabajan directamente en el sector sanitario, hay dudas sobre la seguridad y componentes de la vacuna, y sobre su efectividad, me parece que es consecuencia de la falta de información”.

Con información de Venezuela Migrante

Prensa Frontera Viva

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