Por Leonor Peña

Teresita es Cartagena 

En el mundo del turismo mundial Cartagena es mar Caribe, es Colombia, es emblema de patrimonio cultural por su plural arquitectura colonial; su música que amalgama ritmos africanos, españoles, latinos; sus expresiones artesanales de estética pre colombina en cestería, joyería, tejidos o cerámicas.  En ese universo señalando espacio y tiempo se imponen La Torre del reloj, la Catedral, el Castillo… Ciudad de ancestral mestizaje, destaca acrisolando sabores en su gastronomía, bandera de identidad que ondea orgullosa  en ese caleidoscopio suramericano en donde Cartagena es La Sevilla del Caribe

En esta ciudad mágica llamada en el vallenato que canta el juglar mayor, La Fantástica, dos nombres femeninos resaltan como símbolos de acierto femenino: En el primer siglo colonial Catalina, perfil femenino que representa el orgullo aborigen. En  el siglo XX y estos años del siglo XXI  TERESITA ROMAN DE ZUREK, mujer de extraordinaria inteligencia y desbordante personalidad que delinea con su acción de albacea en defensa del patrimonio cultural a esta Cartagena de Indias, que ella retrata con autoridad a todo color en su obra Cartagena de Indias en la olla,  título de su incomparable libro de cocina, que  nos dice que TERESITA ROMÁN de ZUREK, es pasión cartagenera en su exigencia de promotora cultural a la hora de la excelencia culinaria; en su generosa bondad pedagógica para preservar formulas culinarias que gracias a ella han regresado a la memoria; en el riguroso exigir para cumplir la tarea de rescatar recetas tradicionales, enmarcadas en su culto a la estética local, y sobre todo en el saber hacer al invitar como anfitriona a la mesa insignia de esta ciudad, como lo es la mesa de su familia en su lar urbano.

De mis tantas visitas a Cartagena de Indias, ciudad que tiene para mí el encantamiento de los primeros recuerdos de mi niñez, y la memoriosa presencia de mi padre, -fanático turista de Cartagena-, un instante  marca relevante hito en el anecdotario de  mis visitas,  es el episodio que presencié en mis días de adolescente, en una calle del casco histórico con la catedral de fondo cuando entre aplausos y un gran vocerío las palenqueras, vendedoras de fritos, taxistas y gente de pueblo, apareció  como una catedral de gracia y dignidad ciudadana, como una revelación, la sonriente señora que saludando con majestad de reina, iba contestando halagos y recibiendo agradecida con sencilla humildad, los aplausos. En medio del jolgorio se escuchó de pronto una voz que gritó con fuerza:    Teresita… Cartagena te adora,   era una de las cocineras que al lado de su olla donde ofrecía los famosos fritos, celebraba con alegres frases la presencia de la señora que seguramente significaba para ella la gran dama de la cocina cartagenera.   A través de los años confirmé ese aprecio popular por Teresita Román. Lo comprobé reiteradamente al escuchar la irreductible admiración manifiesta tanto en las ventas de comida como  en los mejores restaurantes, en donde al preguntar de quien era la receta de un bien preparado y mejor servido plato, siempre me respondieron con la misma frase unánime: la receta es de Teresita Román.                                                    

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En febrero del año 2020 me propuse conocer personalmente a Teresita Román de Zurek.  Se cumplió mi deseo cuando me recibió en su magnífica casa de arquitectura mudéjar  en el Barrio Manga, gracias a la gentil atención del señor y gastrónomo Fermín Gómez y de Sergio Londoño Zurek, nieto de Teresita, quien como anfitrión y señor de la casa me permitió conocerla.  Fue un regalo de la vida visitar a tan admirada señora, fue como quien espera ver en su reino a su Alteza Real.   Inolvidable me será ese momento en el que viví el honor de recorrer con la guía de Sergio, esa espectacular casa con sus colecciones, sus salones, sus jardines y en su sala de visitas privadas junto a su alcoba a la  señora de noventa y cuatro años, que ha sido desde mi niñez referente de Cartagena, de recetas y crónicas culinarias y sobre todo de savoir vivre, del saber estar para  disfrutar apreciando lo mejor, de ser la mejor ciudadana de en su ciudad.  Entonces me prometí cumplir mi propósito de escribir la serie de ensayos que tengo en borrador, sobre esa excelentísima señora que hizo de Cartagena su reino y de la mesa de su casa la gran mesa del Caribe.   

Hoy a unos días de su partida comienzo a cumplir mi promesa de contar esa historia que me fascinó desde niña, esa leyenda sobre una gran mujer emblemática por su amor a su heredad  de aromas, colores, texturas y sabores cartageneros que ella supo conjugar para exaltar y compartir  en la original olla local  que luego haría servir con todos los honores en la gran mesa de la mejor gastronomía mundial.

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En su memoria le adeudamos la iniciativa que una vez desde Caracas  le hicimos llegar, en nuestra intención de realizar el encuentro gastronómico del Caribe en su nombre, con su nombre como sello y credencial de premio, de reconocimiento a los cultores y exponentes de la mejor cocina caribeña. Estamos pendientes y en deuda para que ese homenaje sea una realidad.  En su nombre va este primer texto, en pocas palabras, -siempre serán escazas para contar los aciertos de Teresita- para saludar su herencia hecha ejemplo de trabajo, su maravillosa obra, su libro que es icono en la literatura de la gastronomía,  su presencia perdurable que consolidó con acierto a su amada ciudad en ese símbolo que hace que la llamen con orgullo la Sevilla del Caribe, donde para siempre diremos junto al pueblo y los cultores del patrimonio  cartagenero: TERESITA ES CARTAGENA

1 COMENTARIO

  1. Desde Ciudad Guayana municipio Caroní estado Bolivar Venezuela. Escribe Maria Fernanda Grisel presidente de FUNDAFOLKPI y del Salón Sarrapia Venezuela deseo contactar a Teresa +584148981076

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