Por Leonor Peña

Esa tarde el lobby del hotel parecía una sala de cine llena de espectadores que centraban su atención en la gran pantalla del televisor, porque se anunciaban las declaraciones del vice presidente de Venezuela, Jorge Rodríguez sobre el caso de los militares venezolanos en Cúcuta, que se habían exiliado en respaldo a Juan Guaidó, Presidente interino nombrado por la Asamblea Nacional.  Además, los avances del noticiero anunciaban que el régimen de la dictadura declararía directamente la persecución policial y denunciaría ante organismos internacionales a los miembros de la oposición venezolana, promotores de los recientes eventos de Cúcuta en apoyo a Juan Guaidó.

Esperaba la llegada de Maylin, con el Mayor Hugo Parra, oficial de más alta jerarquía, quien se había presentado hacía solo unos días a rendir honores como comandante en Jefe al Presidente Guaido, y quien desde entonces se avocó con disciplina solidaria a supervisar la situación de los  militares que se habían desplazado a Cúcuta,  muchos de ellos con sus familias, atentos al llamado de la oposición venezolana para respaldar el movimiento que invitaba a través de la publicitada cita, a un gran concierto de solidaridad con la democracia venezolana para luego al día siguiente entrar por el Puente Internacional Simón Bolívar, a San Antonio del Táchira llevando las cargas de ayuda humanitaria recibidas como donaciones internacionales en el aeropuerto local.

Ese día el Mayor Hugo Parra me relató la gravedad de la situación y el desamparo en que se encontraban oficiales y tropa.   Además, contó con mucha angustia de las amenazas y persecuciones que ya estaban sufriendo ellos y sus familias, y me dijo que Maylin llegaría en cualquier momento de San Cristóbal. Con tono adolorido detalló como la policía y los colectivos del régimen les allanaban las casas a ella y sus familiares, y que al igual que a los demás oficiales, sus parientes estaban siendo objeto de vigilancia y hostigamiento por parte de   grupos policiales y de agentes de los cuerpos de seguridad del régimen del dictador. Cuando la vio llegar se adelantó a recibirla y la invito a acercarse para presentarla como su pareja, entonces la reconocí.  Maylin era la joven que nos recibió en su casa en San Cristóbal,  en ese tiempo de las protestas de calle cuando la ciudad se convirtió en un territorio de guerra y el dictador amenazando con bombardear  dispuso de una escuadra de aviones Sukoy, que sobrevolaron el Táchira, provocando conmoción y pánico.  Saludé a Maylin y recordé nuestro encuentro cuando ella con generosidad cordial colaboró escondiendo, para salvarlos de ser secuestrados por la policía del régimen, a Sergio Vergara, entonces Director dela Alcaldía de San Cristóbal y a su esposa Ivanovna Barrera. 

En ese momento como una coincidencia que constela circunstancias en un instante, en mi teléfono apareció el mensaje de texto de Roxanna Barrera -hermana de Ivhanova- y comisionada de Guaido para atender el caso de los militares en Cúcuta, contestando mis mensajes y avisando que ya podíamos hablar.  Respondí enseguida y le dije:  _ No lo vas a creer.  Mira las vueltas que da la vida. ¿Sabes quién es la pareja del Mayor Hugo Parra?  Pues la señora que escondió en su casa a tu hermana y tu cuñado…   Es  Maylin Villamizar!!!   Increíbles las cosas que tiene la vida, ahora ella me contacta para que la ayude en esta emergencia de su compañero en Cúcuta, que está pidiendo  auxilio porque ustedes los comisionados de Guaido no les cumplen lo ofrecido.  Me dicen amigos que viven en Cúcuta, que han atendido a familias de oficiales venezolanos que deambulaban por las calles de Cúcuta y a muchos que pedían una colaboración en dinero para comprar comida a la entrada de los centros comerciales.   

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Le manifesté mi asombro y le dije inconforme: _Eso no puede ser.                                      

El Mayor Parra dice que lo desalojaron de su hotel por orden tuya y que no puede aceptar ir a donde lo mandaste a ubicar porque corre riesgo en ese sitio, en esa posada que es más bien una precaria casa de vecindad, cerca  del terminal de Cúcuta a donde lo enviaste. Esta muy renuente a ir porque le informaron que allí han llegado averiguando por él, agentes policiales con acento cubano que portan credenciales de la policía venezolana.  Esta es una emergencia que tienes que resolver ya.  Tu y Kevin Rojas como comisionados de Guaido tienen esa obligación, sobre ustedes recaerá toda la responsabilidad en este caso de los militares exiliados en Cúcuta y en especial del Mayor Parra Martinez.   Atiende esta lección y mira bien las vueltas que da la vida…

Convino conmigo en que esta situación era digna de un guion de película.  Le recalque que debíamos atender ya ahora mismo a Maylin, y le insistí en la gravedad y el riesgo que corrían ella y su compañero, al punto de tener que salir de San Cristóbal por las  amenazas recibidas.  Fui  clara y enfática al decirle:   _ Los militares aquí  están en desbandada porque después de abandonar sus carreras como oficiales, sus casas y familias para venir a respaldar al Presidente Guaido,  ahora los ignoran y peor aún los maltratan, los desalojan de sus hoteles y los envían a dormir a sitios de gran riesgo  en zonas rojas,  considerados guaridas de los espías del régimen dictatorial venezolano, expuestos a ser asesinados o llevados secuestrados a Venezuela, porque ustedes, tu y Kevin no cumplen con la  protección que les ofertó Guaidó.

Rosanna resolvió enseguida la situación del Mayor Parra y me dijo que no podía hablar más, que apagaría el teléfono porque en el noticiero Jorge Rodríguez la acaba de señalar como titular de una cuenta bancaria en Panamá, y que la acusaba de manejo de fondos fraudulentos de cuentas destinadas a la ayuda humanitaria y que iba a silenciar sus líneas telefónicas.  Me pidió que me comunicara directamente con Sergio Vergara y cortó la llamada.

Maylin nos narró como había pasado la frontera ayudada por amigos, porque se desmayó y entonces fue trasladada hasta San Antonio, donde tuvo que ser atendida por médicos voluntarios. Que llegó con ellos hasta el sector de La Parada, inmediato al puente fronterizo y de ahí fue llevada en una ambulancia  hasta un centro médico donde la atendieron de emergencia, debido al estado de alteración que le provocó el permanecer escondida en una zona rural por más de veinticuatro horas, esperando ser contactada.  Ya más tranquila, con voz pausada contó de las violaciones que se estaban cometiendo en contra de las familias de los militares que presentaron su apoyo a Juan Guaidó, y de cómo habían sido golpeados y torturados en sus propias casas, para después ser llevados a los calabozos de las cárceles y obligados a firmar declaraciones bajo amenaza de muerte.

Desde ese día a través del Mayor Parra recibí permanentemente información de las situaciones más urgentes y con un grupo de periodistas internacionales a quienes contactamos cuando vinieron a cubrir la situación, así como con periodistas y amigos colombianos y venezolanos conformamos una red de solidaridad a favor de las familias de los militares en Cúcuta para ayudarles con alojamientos, comidas, atención médica y transporte de emergencia a muchos de los exiliados amenazados.

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Al tiempo el Mayor Parra  me llamó para que auxiliara a María Helena Martínez de Parra, su mamá. Pude recibirla el día que cumplía ochenta años, en Pamplona de paso para Bucaramanga, donde seguiría siendo atendida de su tratamiento de cáncer. Al acompañarla a almorzar y darle mi saludo de celebración por su cumpleaños, ella extraordinariamente optimista, con su fe en Venezuela, su confianza a favor de su hijo Hugo, converso de su vida en San Cristóbal, de su trabajo como docente y de que en un tiempo fue profesora de Redacción y Estilo en el instituto donde yo había estudiado, entonces confirmamos la grata casualidad:  había sido su alumna en bachillerato.  A pesar de estar cansada por su apresurada huida no perdía su sonrisa, su gracia y esa voz tan particularmente suave y firme.

Después el Mayor Hugo Parra tuvo que salir huyendo,  vendió su vehículo y otras pertenencias para comprar el pasaje a México y pasar la frontera a Estados Unidos.  Allí se encontró con la sorpresa del incumplimiento por parte de los representantes de la oposición venezolana y los diplomáticos de Guaido, y ante la falta de ayuda y el desamparo como emigrante ilegal tuvo que acudir a sus amigos y a la solidaria red de venezolanos que lo auxiliaron para que contara con abogados que le orientaran en cómo llevar su caso ante la instancia oficial de migración.  Un año pasó recluido en un centro para migrantes hasta lograr regularizar su estadía al ganar el proceso judicial a que fue sometido, para luego poder insertarse en el mercado laboral, como obrero de la construcción.  Por estos días Maylin debe estar llegando a Estados Unidos a encontrarse con Hugo, luego de sufrir la amenaza constante de ser secuestrada en un centro penitenciario o de ser llevada a un campamento de tortura o centro de interrogatorios. Vivió perseguida bajo vigilancia permanente, amenazada ella y su familia.

Pienso en Maylin, ahora en marzo de este año veintiuno del siglo veintiuno, y creo más que nunca que ese proverbio árabe que dice: el azar no es inocente, está rubricando cada suceso, cada historia, cada desgraciada coincidencia  que marca con tanto dolor a los militares venezolanos, a esos jóvenes que asumieron ser la resistencia, rebelarse, oponerse a la barbarie de la dictadura vil de los invasores extranjeros que secuestran nuestra patria.

Maylin, como tantas mujeres compañeras, esposas, madres, hijas, hermanas de los militares venezolanos caídos en desgracia, sufre persecución y amenazas, pero al mismo tiempo es honra y fortaleza como los son las mujeres que acompañan a los jóvenes oficiales de las escuelas militares, los miembros de la tropa, los subalternos que por ser disidentes opuestos al asalto extranjero que devasta a Venezuela, son perseguidos por mercenarios policiales del sangriento dictador, que ejerce su autocracia gracias a la fuerza invasora de los gendarmes del régimen cubano, que usurpan jerarquías en nuestro mundo militar para mantener en el poder afirmando en su dominio bastardo al bárbaro dictador en su mandato.                

Maylin es una y miles de mujeres venezolanas que en el momento crucial del peligro de muerte resuelve ser compañera leal, fortaleza y amiga para estar al lado de su hombre, que con honor militar arriesga la vida por la libertad de su patria.

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