Tomás Páez

Invito a leer con atención la justificación y considerandos del decreto No. 4.653, de la Gaceta Oficial del martes 15 de marzo de 2022, donde se dictamina el salario mínimo y el monto de las pensiones y jubilaciones. De su lectura se puede extraer una primera gran impresión: la mentira como estrategia y política del gobierno. Cuesta imaginar las caras, de concreto armado o granito, de quienes concibieron y se atrevieron a escribir semejante ristra de embustes; una verdadera pieza de cinismo.

Leemos en los considerandos: “en la construcción del socialismo, la refundación de la patria venezolana, basada en principios humanistas, sustentado en condiciones morales y éticas que persiguen el vivir bien del país y del colectivo” (negrillas nuestras). Lo afirman sin rubor y sin vergüenza alguna, pese a los desmentidos de los datos y las evidencias. Solo basta ver a distintos voceros del alto gobierno en prisiones internacionales contando las complejas tramas del monumental robo perpetrado a los venezolanos. 

En el texto prosiguen las mentiras, veamos: “Que el estado democrático y social, de derecho y justicia garantiza a los trabajadores y trabajadoras, la participación en la justa distribución de riquezas generadas” y … “la mayor suma de felicidad posible”. Las frases hacen cobrar vida a la profecía de Orwell en su texto 1984, y es, además, una confesión de su sordera y desprecio a las, movilizaciones, los reclamos y las exigencias de los trabajadores, los jubilados y pensionados venezolanos. 

Incapaces de asumir responsabilidad alguna, culpan a terceros de sus desmanes. Así lo advierten en otro de los considerando, “ .. es una función fundamental del gobierno revolucionario la protección social del Pueblo de la guerra económica desarrollada por el imperialismo y sectores apátridas nacionales que impulsan procesos inflacionarios y desestabilización económica como instrumentos de perturbación económica, política y social”. En palabras cotidianas “eso si te tienen ellos”, saben escurrir el bulto, su “buenismo” lo entorpecen otros.

Rematan diciendo: la “recuperación económica sostenida del poder adquisitivo..la justa distribución de la riqueza.. la capacidad de generar trabajo estable y de calidad.. y que los trabajadores y trabajadoras disfruten de un salario mínimo” el cual corresponde fijar al Estado, como lo estableció el difunto. Este salario mínimo del cual nadie sensato puede vanagloriarse, se sitúa en los escalones inferiores del concierto de  países latinoamericanos. Nos preguntamos si realmente creen en lo que han escrito o es parte de la escenografía. Si realmente lo creyesen, guardan cierto parecido con el Teniente japonés, Hirro Onoda, quien admitió, solo que con tres décadas de retraso, que la II Guerra Mundial había finalizado. 

El discurso y la estrategia del embuste para ocultar los desmanes, el saqueo y los errores, erosionan la CONFIANZA. Esta merma de la CONFIANZA no le pertenece en exclusiva al gobierno, como indican todas las encuestas: se propaga a los partidos políticos y a sus representantes. Recuperarla es una necesidad, es central para el rescate de la democracia y la reconstrucción del país y ello exige cambios, una gran dosis de humildad y una extraordinaria capacidad de enmienda. 

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En lugar de culpar a otros de nuestros errores, de haber propuesto políticas inviables y poco factibles – hechos son amores y no buenas razones, reza el dicho – es preciso desplegar un intenso trabajo de conexión con los problemas, inquietudes y expectativas de los ciudadanos y sus organizaciones y empeñarse en escuchar a la sociedad toda. En este terreno resultan insuficientes mensajes o “narrativas” para subsanar el desapego y la desconfianza o las “tormentas virtuales” en las redes sociales; es preciso concentrarse en lo importante.  

Un reciente reporte del BID titulado “Confianza: la clave para la cohesión social y el crecimiento en América Latina y el Caribe” subraya la importancia de la CONFIANZA para el desarrollo. La institución recomienda a los gobiernos elevar el nivel de transparencia del presupuesto, el gasto y las regulaciones, además de mejorar las campañas de información que comuniquen el cumplimiento de promesas y resultados”. El reporte “Establece la correlación entre mayor confianza y mayores niveles de productividad, mientras que bajos índices de confianza propician la informalidad.”

El informe sostiene que el crecimiento de la informalidad resulta de la escasez de confianza. En Latinoamérica, entre el 50% y el 75% de las empresas y el empleo se desenvuelve en el terreno de la informalidad, a escala mundial alrededor del 62% obtiene sus recursos en el terreno de la informalidad social y económica. El sector informal emplea en el mundo a más de dos mil millones de personas: emprendedores y trabajadores y el grueso de ellos se concentra en las ciudades, ellas albergan más del 50% de la población global. Se estima que en el año 2050 hospedarán a más de dos tercios de la población del planeta y diariamente acogen más de doscientas mil personas, de acuerdo a datos de organismos internacionales y es en ellas donde se desarrollar el proceso migratorio global.

El importante rol que desempeñan las ciudades las ha llevado a ensanchar sus competencias para absorber talento y mejorar su competitividad, para acercar empresas, instituciones y ampliar su capacidad para intercambiar información. Países y regiones formulan políticas a fin de lograr un mayor grado de confianza y de formalización económica y social. Desde ya, recobrar la confianza en las instituciones, en los partidos y sus representantes y en la democracia no se logra por decreto. Comporta un desafío mayúsculo, imposible de eludir si el propósito es impulsar el desarrollo de las ciudades y países de origen y acogida. 

La pugnacidad de los extremos afecta la confianza y hace que el futuro democrático resulte de improbable realización.  También afecta negativamente la confianza las recientes decisiones del gobierno con el fin de controlar el Poder Judicial para intentar garantizarse la inmunidad o para utilizarlo en contra del adversario político. Para el ejercicio de la democracia es indispensable la independencia del sistema judicial; corresponde al Estado de Derecho preservar la libertad de las personas.

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Contra ese propósito conspira igualmente la polarización de los extremos. Por fortuna, los resultados de las encuestas evidencian que la polarización va perdiendo la pelea en Venezuela. El odio entre posturas extremas, excluyentes del otro, cede paso al reconocimiento de la diversidad y pluralidad y a la constitución de un amplio centro incluyente en el que ambas tienen cabida. 

La desconfianza no es consecuencia del azar o la mala publicidad; sin desconocer sus aportes a entronizarla, sería injusto desconocer que quienes han devaluado la palabra han hecho de la mentira su forma de vida o construyen mantras carentes de asideros, se han hecho acreedores, merecedores de los resultados que muestran las encuestasy, hay que admitirlo, se la han ganado a pulso.

Ese debate, que parece haberse aplazado, es necesario volverlo a colocar entre las prioridades de la agenda política y social, como acertadamente lo sugiere el informe del BID. Los cambios de postura, como si de cambios de chaqueta se tratara, le hace un flaco favor a recuperar la confianza. Es preciso abordar y dar respuesta a los motivos que explican la pérdida: la ineficiencia, el hecho de que a unos cuantos les sobra codicia, la ausencia de control democrático sobre todos los recursos y la forma en que son utilizados, la opacidad de la información y en la rendición de cuentas, la soberbia y el hecho de no haber aprendido a escuchar lo que no entienden. 

Recobrar la confianza en las instituciones y en la democracia tiene carácter prioritario, es el sistema que ofrece a los ciudadanos la posibilidad de formular sus demandas, expresar sus inquietudes, expectativas y desacuerdos, de organizarse y manifestare y la oportunidad de dirimir y procesar las diferencias y conflictos sobre la base de reglas y normas, obviamente siempre modificables y mejorables. 

En palabras de Winston Churchill, la democracia es la mejor forma conocida de organizar la convivencia y a mediano y largo plazo responde a las necesidades de las personas y comparativamente es superior a todos los modelos totalitarios. Lo complementa con esta otra, “se ha dicho que es la peor forma de gobierno, y estamos de acuerdo, si se exceptúan todas las demás que se ha probado”. 

Giovanni Sartori, nos advierte, “la democracia está siempre en peligro y es frágil porque es un sistema de gran generosidad que confía en los ciudadanos”, añade: «Pero conviene distinguir entre la máquina y los maquinistas. Los maquinistas son ciudadanos y no son nada del otro mundo. Pero la máquina es buena, es más, es la mejor máquina que se ha inventado para permitir a los hombres ser libres y dejar de estar sometidos a la voluntad tiránica y/o arbitraria de otros hombres. Fabricarla nos ha llevado dos mil años».

@lavozdeladiasporaven  @tomaspaez

1 COMENTARIO

  1. Muy buena esa reflexión, y muy simple y sólido su argumento. Cada decreto del gobierno venezolano no hace más que aumentar la desconfianza y reforzar todas ‘las formas de informalidad’. La realidad se encamina en un sentido contrario a la perorata conque el gobierno quiere adornar sus engaños

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