Sofos de Mileto

La Semana Santa permite rememorar los últimos momentos que vivió Jesucristo. En la tradición cristiana él, con su sacrificio en la Cruz, dio la mayor prueba de amor por los hombres.

Es por ello que cada año cientos de actores populares se mezclan con miembros de la comunidad, y se preparan para representar algunos de los papeles que darán vida a distintos personajes que forman parte de la historia de la Pasión y Muerte de Cristo. Se representan más de 15 cuadros artísticos que narran importantes momentos de la historia sagrada: La Entrada Triunfal de Cristo a Jerusalén, la Multiplicación de los Panes, el Sermón de la Montaña, la Resurrección de Lázaro, La Santa Cena, el Huerto de los Olivos, el Vía Crucis, la Crucifixión, la Resurrección y la Asunción. Estos actos han pasado a formar parte de los atractivos turísticos de muchos lugares de Venezuela.

Los sitios donde más se escenifican estas tradiciones religiosas son Tostón y la Mesa de Esnujaque, en Trujillo; Caripito, en Monagas; La Parroquia, La Punta, Santo Domingo, Jají, Los Nevados, El Morro, Zea y Chachopo, en Mérida; El Hatillo, Baruta, Chacao y Canaguá, en Miranda; Villa de Cura, en Aragua; Caigua, en Anzoátegui; y Carúpano y Catuaro, en Sucre. Aunque cada una tiene sus particularidades, la mayoría sigue un guion más o menos común. Por ejemplo, en Caripito, la representación popular se inicia el Domingo de Ramos, ante la presencia de miles de personas que se reúnen en la plaza principal, para presenciar: El Ciego de Nacimiento, Samaritana y Entrada Triunfal; y continúa durante toda la semana, hasta el Sábado de Gloria, cuando se escenifican: La Resurrección, La Aparición de Jesús a los Discípulos de Emaus y la Ascensión. En esta oportunidad se retoma la antigua tradición de colocar cruces y velas encendidas frente a las casas.

En el caso de Tostós, las representaciones comienzan el miércoles cuando el personaje que representa a Jesús de Nazaret baja sobre un burro por la calle que conduce a la iglesia, seguido por sus doce apóstoles. Se hace el Vía Crucis en las procesiones del Santo Sepulcro, representando en estaciones las doce veces que Cristo cayó con la Cruz a cuestas. Para la dolorosa escena se preparan tarimas sobre las cuales se levantan los Palacios de Pilatos, Herodes y el Monte de los Olivos. Las imágenes de la Virgen María, San Juan y la Cruz siguen el cortejo fúnebre. Una vez concluida la dolorosa escenificación se realiza el Sermón de las Siete Palabras, refiriéndose a las últimas oraciones que pronunció Jesús antes de morir. Así se divulgan los episodios sagrados de la sagrada Pasión de Cristo en la comunidad.

En el Santo Sepulcro de Villa de Cura, la noche del Jueves Santo los villacurianos hacen un velorio orando por el advenimiento de los tiempos de bienestar. Al día siguiente los Cargadores cumplen con el pago de promesas llevando la imagen de Cristo en sus hombros, y las mujeres -organizadas en un grupo de Magdalenas- van caminando hacia atrás durante la procesión, siempre de cara al Santo.

En muchas de estas representaciones los actores lucen un vestuario a la usanza de la época. La comunidad casi entera se aboca con esmero al diseño de los trajes y los confeccionan de acuerdo a las referencias bíblicas. No se deja a un lado la vestimenta que empleaba la guardia romana y pretoriana: muñequeras, pecheras, capas, cascos, sandalias, espadas, estandartes y hasta los respectivos caballos.

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Este año 2021 las comunidades creyentes y religiosas van a extrañar la participación en estas tradiciones de Semana Santa. La radicalización se ha vuelto férrea, a tal punto que en algunas ciudades la Guardia Nacional y las autoridades policiales han desalojado a los fieles devotos de las iglesias, con la orden terminante de no dejarlos participar en ninguno de estos actos litúrgicos. Es que por medio de estas escenificaciones de la Pasión de Cristo, poblaciones venezolanas, profundamente católicas, han logrado expresar varias necesidades culturales. Les permiten convertir en acto colectivo vocaciones e intereses de actuación teatral, al mismo tiempo que con ellas se afincan sus creencias religiosas compartidas. Además, son pretextos para el reencuentro colectivo entre los lugareños y aquellos que incluso se dan cita desde poblaciones aledañas. Por otra parte, son eventos que han tomado la significación social de unir a la comunidad en torno a la intervención de todo el pueblo en estas fechas religiosas, con un fin muy preciso, ratificando el orgullo local y el sentido de pertenencia. Esta semana sólo podrán participar por la pantalla del televisor y de la computadora, o escuchar por radio los actos que rememoran la Crucifixión de Cristo, recordándonos su vida, muerte y resurrección.

Traducción al inglés

The Living Passion of Christ

Holy Week allows us to remember the last moments Jesus Christ experienced. In the Christian tradition he gave, with his sacrifice on the Cross, the greatest proof of love for mankind.

That is why every year hundreds of popular actors mix with members of the community, and prepare to play some of the roles that will bring to life different characters that are part of the story of the Passion and Death of Christ. More than 15 artistic paintings are depicted that tell important moments of sacred history: The Triumphal Entrance of Christ to Jerusalem, the Multiplication of the bread, the Sermon on the Mountain, the Resurrection of Lazarus, The Sacrament, the Orchard of Olives, the Via Crucis, the Crucifixion, the Resurrection and the Assumption. These events have become part of the tourist attractions of many places in Venezuela. The sites where these religious traditions are most staged are Tostón and the Mesa de Esnujaque, in Trujillo; Caripito, in Monagas; La Parroquia, La Punta, Santo Domingo, Jají, Los Nevados, El Morro, Zea and Chachopo, in Mérida; El Hatillo, Baruta, Chacao and Canaguá, in Miranda; Villa de Cura, in Aragua; Caigua, in Anzoátegui; and Carúpano and Catuaro, in Sucre. Although each has its own peculiarities, most follow a more or less common script. For example, in Caripito, popular representation begins on Palm Sunday, in the presence of thousands of people gathering in the main square, to witness: The Blind of Birth, Samaritan and Triumphal Entrance; and continues throughout the week, until the Sabbath of Glory, when they are staged: The Resurrection, The Apparition of Jesus to the Disciples of Emaus, and the Ascension. On this occasion the ancient tradition of placing crosses and candles lit in front of the houses is resumed. 

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In the case of Tostós, the performances begin on Wednesday when the character representing Jesus of Nazareth comes down on a donkey in the street leading to the church, followed by his twelve apostles. The Via Crucis is made in the processions of the Holy Sepulchre, representing in seasons the twelve times that Christ fell with the Cross in tow. For the painful scene stands are prepared upon which rise the Palaces of Pilate, Herod and the Mount of Olives. The images of the Virgin Mary, Saint John and the Cross follow the funeral procession. Once the painful staging is completed, the Sermon on the Seven Words is performed, referring to the last prayers Jesus uttered before he died. This is how sacred episodes of the sacred Passion of Christ are disseminated in the community. In the Holy Sepulchre of Villa de Cura, on the night of Holy Thursday the villacurians make a wake praying for the advent of welfare times. The next day the Chargers fulfill the payment of promises by carrying the image of Christ on their shoulders, and the women – organized in a group of Magdalene – walk backwards during the procession, always facing the Holy One.

In many of these performances, the actors wear a wardrobe in the style of the period. The almost entire community takes care of the design of the costumes and makes them according to biblical references. The clothes worn by the Roman and Praetorian guards are not set aside: wristbands, chest armors, capes, helmets, sandals, swords, banners and even the respective horses.

This year 2021 believers and religious communities will miss participation in these Easter traditions. Radicalization has become fierce, to the point that in some cities the National Guard and the police authorities have evicted the faithful devotees from the churches, with the final order not to let them participate in any of these liturgical acts. It is that through these scenes of the Passion of Christ, Venezuelan populations, deeply Catholic, have managed to express various cultural needs. They allow them to convert vocations and theatrical performance interests into a collective act, while at the same time refining their shared religious beliefs. In addition, they are pretexts for collective reencounter between the locals and those who even meet from nearby populations. On the other hand, they are events that have taken on the social significance of uniting the community around the intervention of the whole town on these religious dates, with a very precise purpose, confirming the local pride and sense of belonging. This week we will only be able to participate on the television and computer screen, or listen on radio to the acts that commemorate the Crucifixion of Christ, reminding us of his life, death and resurrection.

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