Carlos Andrés Pérez, es seguramente una de las figuras más importantes del pasado siglo XX en Venezuela. Su representativo dialecto andino y comportamiento de hombre enérgico quedaron grabados para la historia, a la par de su figura de líder nacional e internacional comprometido hasta los tuétanos con la democracia.

La vida de este tachirense está plagada de momentos llamativos que darían para hacer un libro entero. Tan firme como vacilante, frases como “ni una cosa, ni la otras, sino todo lo contrario”, pueden ayudar a mostrar al hombre que debió en varias ocasiones cambiar de parecer, una cualidad que algunos admiran por considerar que es de sabios corregir, mientras otros pueden interpretar como mero oportunismo político.

Sobreviviente a dos intentos de golpe de Estado en tan sólo nueve meses, y a un “estallido social” de todavía dudosa procedencia, la vida política de CAP, como le apodaron, se distingue por tener una marca a la que le fue leal, su respeto al sistema democrático de alternancia en el poder.

Decidido como estaba a procurar la subsistencia de la democracia, al menos en el sentido de la elección directa, universal y secreta del mandatario de la nación cada cierto tiempo establecido, CAP decidió llevar más allá de las fronteras su defensa a los regímenes democráticos, incluso ayudando a promover su instauración.

Es así como durante su primer mandato, de 1974 a 1979, se enfrasca en apoyar el restablecimiento del sistema democrático en la madre patria. La España de entonces recién había visto morir a Francisco Franco (1975), militar protagonista de la Guerra Civil, que gobernó el país de manera autoritaria por más de tres décadas.

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En este contexto ocurre el anecdótico episodio que mezcla política, osadía, imprudencia y humor. Fue en una gira internacional emprendida por Carlos Andrés en 1976, cuando vislumbra una oportunidad para ayudar en la transición a la democracia de España, conducida entonces por el rey Juan Carlos I, Adolfo Suarez y Torcuato Fernández Miranda, entre otros.

El mandatario venezolano estuvo en el XIII Congreso de la Internacional Socialista, celebrado en Suiza, del 26 al 28 de noviembre de 1976. En su itinerario estaba la visita oficial a España el día 27, pero momentos antes de emprender viaje, decidió convencer a Felipe González, de subir al avión presidencial.

Para el momento, Felipe González tenía prohibición de entrada al país por ser el secretario general del Partido Socialista Obrero de España (PSOE), el cual se hallaba ilegalizado, por lo cual debía actuar desde la clandestinidad, acto que lo había llevado a ser arrestado en dos oportunidades.

Pero Pérez en su afán de colaborar con su amigo y demostrar su decidido apoyo a la apertura política de España, terminó convenciendo al sevillano de abordar el avión, total, nadie se iba a enterar.

El 27 de noviembre de 1976 llega el avión presidencial a suelo madrileño. Como es costumbre en este tipo de actos, el rey Juan Carlo I esperaba en la pista de aterrizaje al gobernante venezolano, quien con su carismática sonrisa fue directo a brindarle un abrazo.

Para sorpresa de todos los presentes, las primeras palabras de CAP para el Rey fueron:

“traigo contrabando en el avión, me he traído a Felipe González”.

Entre las risas y la confusión González logró salir de manera tal que no fue visto, como años después él mismo contaría en una carta abierta titulada, Carlos Andrés Pérez, homenaje al amigo.

Del episodio queda la anécdota que ayuda a retratar a Carlos Andrés Pérez, un hombre comprometido con la democracia, atrevido en su afán de colaborar, polémico y de gran sentido del humor.

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Escaso tiempo después de lo ocurrido, en febrero de 1977, se legalizan los partidos políticos en España, y en 1986, su amigo González logra ser elegido presidente del gobierno, cargo que ocupó en reiteradas ocasiones hasta 1996.

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