Cuando en un foro sobre migración infantil una voz femenina se levanta y reclama los derechos de los más pequeños, contextualiza las necesidades y posibles soluciones a la crisis que viven cientos de niñas y niños venezolanos sometidos a la migración y a situaciones de desamparo, no hay que duda que el mensaje proviene de Lala Lovera.

Se define como una “veneca” enamorada de Colombia, pero con el corazón mirando a Venezuela y a su gente.

Su trabajo social no es el resultado de acciones improvisadas o repentinas, la tarea se viene haciendo desde hace más de 17 años enfocándose siempre en el sector social, con niños, jóvenes y madres principalmente.

Lala es docente en la mención de Educación Especial, oriunda de la capital venezolana. También cuenta con una Maestría en Gerencia de la Educación, además de una especialización en Gerencia Social en la Pontificia Universidad Javeriana de Cali. Continua estudios e investigación en temas de Cooperación Internacional, Responsabilidad Social Empresarial y Migración.

La venezolana radicada en Colombia desde hace 12 años se ha convertido en una de las principales defensoras de la migración infantil venezolana al frente de la Fundación Comparte Por Una Vida Colombia.

Esta comprometida con la implementación de soluciones que contribuyan a la estabilización e inclusión de los migrantes venezolanos, siendo parte de equipos asesores multidisciplinarios en ONG, academia, sector público y privado, medios de comunicación.

La intención de ayuda recorre sus venas y entre sus acciones está la de coordinar y liderar equipos para restaurar los derechos de los niños, niñas y adolescentes que crecen en el sistema de protección colombiano, enfocándose en adopción, reunificación familiar y programas para madres embarazadas en la Fundación Casa de la Madre y El Niño en Bogotá.

Antes de la llegada de la pandemia su agenda no tenía espacio para un compromiso más, trabajaba de manera constante en diversas actividades para acabar con el ciclo de desnutrición de las familias afectadas por la migración.

“Las ayudamos a salir de la pobreza, apoyando el desarrollo de comunidades más fuertes y permitiendo a las ciudades de acogida sentar las bases de un crecimiento sostenible, inclusivo y una mayor prosperidad, específicamente en Norte de Santander, Villa del Rosario, Cúcuta y Cartagena, con la intención de replicar el modelo exitoso en Bogotá y Medellín”, comentó Lovera.

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La mamá de todos

Basta observar cómo es el desenvolvimiento de Lala en ambientes cargados del entusiasmo y la sonrisa de los niños, pero marcados por la austeridad. Ella trata por todos los medios de dar atención y amor porque ve en cada niño a sus hijos, su inspiración y maestros en el proceso que adelanta.

“Cuando eres la mamá de uno, eres la mamá de todos los niños del mundo”, acierta con la certeza que le da su experiencia.

Llegó a Colombia acompañando a su esposo quien por temas laborales pasaba largos periodos en ese país, pero desde que puso un pie en tierras neogranadinas, asegura que llegó para quedarse y bajo ese concepto ha educado a sus hijos sin perder la dignidad, ni la identidad venezolana.

No se identifica con nada de lo que está ocurriendo en Venezuela, al contrario, la hace proactiva y resiliente para accionar, actuar y moverse como venezolana para lograr los cambios que se necesitan.

Aunque se encuentra fuera del país, continua la labor social que un día inició de la mano de diversas organizaciones defensoras de la equidad y el respeto, como Fundana, Hogares Bambi, el Hospital Ortopédico Infantil, Hospital San Juan de Dios, entre otros.

Migración y realidad

La llegada a Colombia le ha hecho entender a Lala, que se encuentra en el país que ha sufrido la guerra más larga y cruenta de la historia contemporánea, “y esto ocurría al lado de mi país y yo no lo sabía, no atendía lo que era el conflicto armado”.

“Nunca entendí que esa cantidad de colombianos que llegaron a Venezuela estaban huyendo del conflicto armado, una guerra sin precedentes que ha dejado marcada una huella en cada familia colombiana. Esto lo he llegado a entender a través de los niños y de las familias, llevándome a tener un respeto por el hermano colombiano”.

La venezolana asegura que una vez en Colombia ha afianzado la creencia de que su misión de vida es el servicio y es por eso que desde allí se orienta todo su accionar.

Recorriendo Colombia se da cuenta el viraje que va teniendo la migración venezolana que llega y entiende que ese país no está preparado para recibir a todos los venezolanos que huyen de la crisis.

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El 85% de los estudiantes en los municipios fronterizos colombianos, viven en Venezuela, una situación que alertó a Lala para lograr la activación de los programas de “Comparte por una Vida Colombia” en la zona con una ruta de atención y ofrecer las herramientas al país receptor de migrantes vulnerables venezolanos.

“No es el mismo colombiano que me recibió hace 12 años como migrante que quien recibe a la actual migración. Es algo totalmente diferente por el comportamiento, vulnerabilidad y necesidad frente al Covid-19”.

En vista de esta situación Lala, se ha centrado en explicar al receptor esta nueva migración, con estrategias y entendiendo que se debe establecer un orden para lograrla de la mejor manera y que todos salgan beneficiados.

“Basta de ser románticos y decir que Colombia ha sido paciente, generoso, pero eso pudo haberse dicho hace ocho años, ahora estamos frente a una realidad y es la hora de que Colombia entienda que el niño desnutrido o con VIH, la madre embarazada y otras complejidades le pertenecen sin ponerle nacionalidad”.

Ante esta situación o que se visibiliza es que la migración requiere otro tipo de atención distinta a la que se le está dando y ese es el trabajo al que está dedicando todo su esfuerzo la docente venezolana.

El trabajo de Lala Lovera va de la mano de un paquete de herramientas para lograr una cohesión social. Este proyecto se desarrolla gracias a empresarios venezolanos y colombianos que han entendido la necesidad de intervenir en la nueva migración y de la inclusión de estas personas en Colombia.

Afianzándose en Cecodap, Encovi, la UCAB, se ha iniciado la estabilización de los niños migrantes venezolanos en edad escolar, la mayoría de ellos con cuadros de desnutrición severos y se ha logrado a través de mediciones antropométricas, tratamiento a la desnutrición y acceso a la alimentación lograr frenar cifras.

Los resultados empiezan a verse y el modelo de intervención de bienestar dirigido a los niños migrantes en frontera ha sido positivo y se está en la búsqueda de nuevos aliados para integrarlos y lograr mayores alcances.

Por Rosalinda Hernández C.

Frontera Viva

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