Las “misiones sociales” del chavismo, hechas con el fin de aliviar la pobreza en Venezuela, lograron en algún punto beneficiar a un sector importante de la población venezolana, pero lo que mejor hicieron fue cumplir con su rol no declarado: construir una red de relaciones para el lavado de dinero, la extracción de minerales estratégicos y, lo más importante, la penetración de potencias extranjeras en el país.

Misiones para la corrupción

Las misiones chavistas comenzaron tan pronto como en el año 2000, cuando Hugo Chávez recién asumía como presidente. Desde entonces, hay señalamientos sobre el mal uso de los fondos.

En la etapa de 2005 a 2015, cuantiosos presupuestos fueron asignados directamente a los consejos comunales para llevar a cabo las obras públicas.

El objetivo que las misiones cumplieron en esa etapa fue obtener una base de simpatizantes para el chavismo y administrar libremente los recursos de Venezuela.

Entonces, las misiones Barrio Adentro, Mercal y Vivienda Venezuela, cumplían, en teoría, con la finalidad de atender necesidades de salud, alimentación y construcción de complejos habitaciones populares, respectivamente.

En los últimos años, esas iniciativas se dedican a extraer recursos para mantener a la población.  Es decir, se emplearon los recursos naturales (petróleo y oro) para proporcionar alimentos a la gente.

El régimen afirmó que esto era necesario ya que el poder estadounidense los privó de esta seguridad básica. En realidad, fueron una tapadera para la extracción masiva de recursos que empobreció a la población.

El objetivo real de este “intercambio” era trasladar los recursos de Venezuela a sus aliados extra hemisféricos mediante el establecimiento de un esquema de corrupción a gran escala.

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Petróleo y oro por comida

Dos programas, “Petróleo por alimentos” y “Oro por alimentos” le han servido al régimen de Maduro para desarrollar complejos entramados de lavado de dinero perteneciente al pueblo venezolano.

Estas estrategias se lanzaron junto a los Comités Locales de Abastecimiento y Producción (CLAP) con el fin proporcionar raciones de alimentos subsidiados a los venezolanos pobres.

En la práctica, a través de esos programas se contrataron empresas «fantasmas» que, a su vez, subcontrataron a otras para encubrir un sofisticado esquema de corrupción a gran escala para alcanzar sus objetivos secretos.

Mientras tanto, en Venezuela, los CLAP sirven como una plataforma de control social diseñada para recompensar a los partidarios de Maduro y castigar a la oposición.

Dos empresas ligadas a Alex Saab, -quien espera por su extradición a Estados Unidos en Cabo Verde-, Libre Abordo y Schlager Business Group, se desempeñaron como compañías comerciales de intercambio para el petróleo por alimentos.

La participación turca

En el comercio ilícito de oro para el programa “Oro por alimentos”, Turquía tuvo un papel fundamental. Este esquema involucra a múltiples países y compañías que buscan ocultar los flujos ilícitos de dinero y bienes.

La relación entre el régimen venezolano y Turquía se hecho más estrecha con el tiempo. La solidaridad del presidente turco, Recep Tayyip Erdogan con países sancionados como Venezuela e Irán es parte de un giro general de esas naciones hacia regímenes autoritarios y cleptocráticos.

Maduro creó una empresa conjunta del Proyecto Minerven-Marilyns Yatrim AS, compañías mineras de Venezuela-Turquía. A través de esa asociación Venezuela envió al menos 900 millones de dólares en oro que se convirtió en efectivo y luego se usó para pagar la comida del programa CLAP.

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