¿Podría la biología hacerse un lugar en el arte y encontrar en la pintura un nuevo medio de expresión? Al parecer sí. Un organelo diminuto se convirtió en la materia prima de una mujer venezolana para interpretar la realidad y transmitir las evocaciones de su imaginación.

La energía celular nutre la creatividad de Vanessa Iacono, específicamente las mitocondrias se transformaron en el motivo, el verbo y la intención de su trabajo. Con organismos celulares plasma los rostros de sus personajes, buscando con insistencia exteriorizar en la piel las más profundas pasiones de sus creaciones.

Las mitocondrias son las centrales energéticas de las células, cual corazón suministran la fortaleza necesaria para que puedan funcionar; Vanessa comprende del mismo modo el propósito de las ilusiones y las metas, es decir, como núcleos poderosos capaces de movilizar las intenciones humanas.

Vanessa pinta formalmente y desarrolla proyectos artísticos desde el 2005, más egresó como psicóloga de la Universidad Central de Venezuela y es su formación académica la base de su labor, pues con ojo analítico y reflexivo busca en las profundidades del alma los anhelos de sus musas.

Su mirada posee las facultades de un microscopio, como lo hace el instrumento, Vanessa es capaz de estudiar lugares íntimos e imprimir en una superficie aquellos detalles de la conciencia imperceptibles a simple vista.

El impacto de su “arte mitocondrial”, como lo denomina, se manifiesta a través del color, su principal recurso plástico para capturar a través de un lenguaje estético la atención de los espectadores, y luego despertar en el público un viaje interior a partir de las emociones evocadas por los rostros de sus figuras.

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“La mitocondria simboliza en mi obra la energía, pero en un sentido menos biológico, me refiero a la energía que nos mueve por pasión a hacer aquello que amamos y llevamos a cabo por vocación. En mi caso es la pintura”, asegura.

El ingenio de Vanessa lo inspira la cotidianidad, la simpleza de los gestos y las acciones. Una anciana en la plaza o un científico en el laboratorio emanan la suficiente poesía para despertar las manos de la artista, quien transforma el quehacer de la gente y sus motivos en literatura gráfica.

“Si tuviera que elegir aquello que me hace entrar en trance creativo más rápidamente, sería pintar una pared sin boceto. Solo lo que salga de mi mente”.

“Uso analogías y recursos a veces metafóricos, y finalmente planteo ese concepto a través de un dialecto cautivador, el color y la fuerza de comunicar visualmente”.

Durante los últimos cuatro años en España, Vanessa ha desarrollado un dominio de la Realidad Virtual, Aumentada y Mixta, herramientas tecnológicas aplicadas al arte contemporáneo a fin de expandir el universo creativo e imitar un mundo físico en un espacio digital o simulado, creando así un sentido de inmersión.

Al modelar sus personajes en tercera dimensión y emplear entornos de exposición novedosos, Vanessa ha logrado trabajar en la pinacoteca Thyssen Bornemisza y el museo Reina Sofía en Madrid, también en TV Española, Tele5 y en el diario El País.

El valor atractivo e innovador de sus piezas igualmente le ha otorgado un lugar en empresas de comunicación y energía como Vodafone y Acciona, revistas y espectáculos multimedia.

No obstante, la flexibilidad y disposición de Vanessa han sido rasgos indispensables de su carácter para sortear los desafíos de la migración y la adaptación a nuevas estructuras sociales, laborales y emocionales; su personalidad le ha permitido redefinir los retos y ejercer su disciplina en otros mercados y culturas.

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Precisamente en la diversidad de costumbres y modos de vida, Vanessa ha descubierto un apasionante nicho donde concebir su proyecto actual “Hands”. Fue en sus viajes, previos a la pandemia, cuando desentrañó las curiosidades de las metrópolis y se dejo invadir por la chispa de las ciudades.

Como su nombre lo indica, son manos articuladas de madera cuyo diseño las convierte en creaciones artísticas únicas con un valor estético singular. El significado detrás de la iniciativa es entender a las manos como una herramienta humana hacedora de sueños.

“En este trabajo, siempre en el marco de la energía mitocondrial, cada mano puede ser encargada como una comisión artística. Diseñé un formulario para leer las peticiones de las personas y hallar, no sólo a nivel ornamental, sino de contenido, aquello que desean”.

“Para mí, aunque tengo tantos años sin ir a mi país y ver a mi gente, llevo en mi memoria la felicidad del olor a una arepa tostada. Estos son los verdaderos significados indelebles”

Las ambiciones de Vanessa no cesan, sus próximos pasos están profundamente conectados con su hogar en Caracas; creció entre arquitectos y desde entonces admira el diseño de espacios, por esta razón emprenderá el camino del interiorismo, siendo fiel a su influencia familiar.

“Me encantaría colaborar con alguna firma de design para la producción de objetos originales en la decoración de ambientes”, dice.

La pintora venezolana guarda un deseo impulsado por la nobleza de enseñar: Vanessa espera crear una academia o plataforma donde pueda transmitir a nuevos talentos sus conocimientos e instruirse junto a sus pupilos en técnicas desconocidas.

“Una labor importante del artista no sólo es crear y mantenerse curioso, es además compartir con otros los propios aprendizajes, sabiendo que siempre podemos enseñar y conocer más”.

Por Palas Atenea

Prensa Frontera Viva

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