Sofos de Mileto

Antes de la carretera trasandina Los Andes se percibían como tierra lejana, con murallas de páramos que los aislaban, ríos y nacientes que venían desde las alturas, algunos torrentosos e infranqueables, y extensos pantanos llenos de leyendas de tradición oral ancestral. La distancia entre las poblaciones andinas y el centro del país parecía un recorrido infinito e imposible, si no fuera por la cercanía del Lago de Maracaibo. Quien quisiera viajar vía terrestre desde Trujillo, Mérida y Táchira hasta Caracas, debía disponerse a seguir una aventura llena de tenebrosos peligros. Entonces, el ferrocarril hasta Encontrados conectaba con la navegación marítima para llegar a Maracaibo. Allí se esperaba el vapor alemán u holandés, que después de atracar en el puerto zuliano seguía hasta Curazao, se dirigía luego a Puerto Cabello y terminaba su destino en La Guaira. Por lo general esta travesía duraba diez días.

Paisajes de altura llenos de encanto.

Con la carretera trasandina se descubrió que Los Andes era más que una comarca montañosa perdida en el mapa. Salieron a la luz espectaculares y variados paisajes, de profusos matices verdes, un aire que oxigenaba y emparamaba al más resistente, con noches de claros y fulgurosos enlaces de estrellas y constelaciones.  Más abajo, en los valles que se asentaban entre las montañas, la vida era sosegada, y el clima tibio de alegres hondonadas y serranías hacía de sus moradores comunidades pacíficas, cordiales y laboriosas, entregadas desde horas tempranas de la madrugada hasta el atardecer a la labranza, al cultivo y al pastoreo. En los caseríos y pueblos de la comarca no faltaba en la cocina de las casas de bahareque y tierra pisada una alacena llena de una diversa representación de hortalizas, verduras, legumbres y frutas, a las que se acompañaba la leche caliente del ordeño o el agua cristalina y pura del tinajero. Esto imprimió su particular marca a la gastronomía andina, aunque permitió las influencias de otras recetas extranjeras. Los que no se dedicaban al cultivo en el campo y la montaña optaban por conocer las letras, las artes y los oficios que los hacían conducir a los centros de enseñanza de la capital o incluso de otras ciudades con mayor evolución.

Aún se conserva y sobrevive la dedicación a los sembradíos y valles fértiles, pródigos de cultivo, de flora y de riachuelos que van serpenteando entre rocas, frailejones, musgos y líquenes. No faltan las selvas en el piedemonte andino llenas de árboles muy altos, que van tejiendo con sus lianas, parásitos y helechos enredaderas impenetrables. Se podría decir que el reino vegetal en Los Andes estás representado en cinco grandes estratos: 1) Vegetación Xerófila (plantas que viven en climas muy secos), de 0 a 400 m.; 2) Árboles Grandes de 500 a 2.000 m.; 3) Arbustos, más de 3.000 m.; 4) Vegetación Paramera, más de 3.500 m.; y 5) Musgos y Líquenes, arriba de 4.000 m. Como se puede apreciar, la región andina es la única en Venezuela que abarca toda esa gama, desde la xerófila en Lagunillas del estado Mérida y Borotá y Colón al norte de Los Capachos e igualmente entre La Grita y Seboruco del estado Táchira, donde se dan cardones, tunas y cactus, hasta la de musgos y líquenes en las alturas de los páramos de la región. Los fuertes cambios de temperatura, la irradiación del sol, los suelos arenosos y pedregosos han formado en los páramos andinos una flora única en el mundo. Los Geranios, el Girasol Andino, la Lupina o el Chocho, el Frailejón de Octubre, el Tabacote Morado, la Bandera Española, el Frailejón Blanco, el Chispeador y la Hierba de Oso son especies que desafían estas alturas. Los árboles grandes se encuentran básicamente en los bosques que reciben gran cantidad de agua, alrededor de los 2.000 m.; esta vegetación es parecida a la de las selvas lluviosas que están a más baja altitud, pero en este caso se dan muy bien los cedros, caobos, jabillos, laureles y bucares.

Los ríos de montaña, los de esta región, que desde las cumbres van regando páramos y valles, y no son navegables, vierten finalmente sus aguas a dos hoyas hidrográficas: a la del Caribe a través del lago de Maracaibo, y a la del Orinoco, a través del río Apure.

Los dos Andes.

Hay dos escenarios en Los Andes. Uno es el de las tierras altas, frías, adustas, con minúsculas fincas cuyos linderos son cercas de piedra. De las paredes externas de las casitas, con tejados de dos aguas, cuelgan materos frondosos de hermosas flores, y helechos. La neblina los hace más recoletos, llenos del deseo de estar siempre atados a la tierra. La gente aquí está como ensimismada en su mundo, y por ello dan la impresión de estar aprisionados, resguardados, entre cercos de sierras y permanentemente envueltos en esa neblina que desciende de los páramos. Ello a pesar que aquí las montañas son bravías y majestuosas, con cumbres que se miran retadoras, como las de la Sierra Nevada, descomunales, que desde sus picos más altos hasta El Águila gustan vestirse de blanco de cuando en vez. Paisajes grandiosos, con furiosos vientos enfrían las mejillas y reflejan un espectáculo tan magnífico, como pocos en la Tierra. No falta la grandeza y el teatro de la noche. Estas calladas inmensidades son iluminadas con la claridad lunar y la visión de un universo estrellado que da la sensación de querer uno estar en el espacio contemplando este luminiscente concierto. 

Al ir bajando los desfiladeros peligrosos, en cuyas vías de pronunciadas curvas se van encontrando tal cual capilla en recuerdo de alguno que no logró culminar el trayecto, se notan precipicios en cuyo fondo se pierden oscuros abismos. Mientras se desciende van cambiando intensamente los tonos verdosos con la diversidad de los cultivos. Las posadas marginales, las ventas de los productos agrícolas, de artesanías y de flores y las granjas vistosas al margen del camino van haciéndose más frecuentes. Los humildes labriegos poseedores de pequeños campos disponen para sus labores agrícolas de una yunta de bueyes.

Le puede interesar.  Actividad de los pescadores venezolanos

Se llega a los otros Andes. Son los de las tierras de la caña de azúcar y del café. Son los Andes de quienes luchan contra las sombras tupidas del bosque. Son los Andes de quienes han ido asentando en su suelo sus esperanzas, con mayores aldeas, poblados y ciudades. En las calles de sus villas y pueblos se desenvuelve la vida de más contacto, que va perfilando una fisonomía propia con los comercios, vecindades e instituciones públicas y privadas. En las ciudades de Trujillo, Mérida y Táchira se manifiestan grupos empresariales, profesionales y académicos. Hay aún una gama de sacerdotes, de abogados, de médicos que prefirieron quedarse para dedicarse al estudio y a su ejercicio profesional. Aquella riqueza cafetera de otrora, junto con las casas comerciales alemanas e italianas establecidas en San Cristóbal, Mérida, Tovar y Valera, en donde se ofrecían todo género de mercancías europeas,  modificó hábitos, transformó sistemas de administración, estimuló el bien gusto y abrió ambiciosas perspectivas a la juventud de la montaña andina. No hay que olvidar la influencia de la frontera, por donde en sus tiempos llegó la mano trabajadora colombiana, que al finalizar las cosechas, decidió radicarse en los pueblos y ciudades para aumentar la población.

El andino es trabajador, estudioso y gusta del poder.

Si hay caracteres fijados en el perfil del andino, los más resaltantes son su responsabilidad y el esfuerzo que le pone a sus labores, el amor al estudio y superación intelectual y la determinación, casi genética, de asumir funciones en el poder. El andino no le tiene miedo a las exigencias del campo y la ciudad. Se entrega con esmero para ganarse el sustento familiar. En cuanto a su formación, tiene la ventaja que en los Andes se encuentran diversas opciones de preparación académica. Si se va por las vocaciones sacerdotales, sólo el municipio Guásimos, en el Táchira, es sede de cinco seminarios a saber: el Diocesano “Santo Tomás de Aquino”, el Misionero Franciscano “San José de Cupertino”, (de los Frailes Menores Conventuales), el  Agustiniano “Nuestra Señora del Buen Consejo”, el Mercedario “San Pedro Nolasco” y el Pasionista “Madre de la Santa Esperanza”. Los Colegios católicos y los Liceos militares son famosos en el país. El Seminario San Buenaventura en Mérida se convirtió en 1810 en la primera Universidad Republicana de Latinoamérica, hoy Universidad de Los Andes. San Cristóbal es quizá la ciudad andina con mayores universidades e institutos universitarios públicos y privados. Más de 25 centros de enseñanza superior la hacen un núcleo del saber y de la formación de prestigio en múltiples carreras científicas, tecnológicas, humanísticas y sociales. La Universidad Nacional Experimental del Táchira, creada en 1974, es la institución de vanguardia en la enseñanza de pregrado y postgrado, con 12 Carreras Largas y otras tantas Carreras Cortas, incluidas Carreras Técnicas Semipresenciales, así como numerosas ofertas académicas de Especializaciones y Maestrías.

La hegemonía andina en el poder es otro rasgo de esta región. Comenzó con Cipriano Castro, y su Revolución Liberal Restauradora, en 1899, y continuó con los demás presidentes nativos del Táchira, Juan Vicente Gómez (1908-1935), Eleazar López Contreras (1935-1941), Isaías Medina Angarita (1941-1945), Marcos Pérez Jiménez (1952-1958 y Carlos Andrés Pérez (1974-1979 y 1989-1993).

Por ser así el andino, trabajador, preparado, responsable, honesto, hospitalario y aguerrido, es por lo cual esta tierra ahora es duramente atacada, golpeada y acosada por un régimen malévolo y vengativo. El país entero no deja de enfocar sus nuevas esperanzas de lucha en este gente, que como sus cumbres, desafían hasta la propia naturaleza, para elevarse por sobre sus dificultades. Tal vez esa carga genética, por ahora adormecida en densa neblina, en algún instante aflore y abra nuevos pasos admirables.

The Andes: the peaks of power

Sofos de Mileto

Before the trans-andean highway, the Andes were perceived as a distant land with moorland walls that isolated them, rivers and springs that came from the tops, some torrential and impassable, and extensive swamps full of legends of ancestral oral tradition. The distance between the Andean populations and the center of the country seemed like an infinite and impossible journey, if it was not for the proximity of the Lake of Maracaibo. Anyone who wanted to travel by land from Trujillo, Merida and Tachira to Caracas, had to set out to follow an adventure full of dreadful dangers. Then, the railway up to Encontrados connected with the marine navigation to arrive to Maracaibo. There people waited the German or Dutch steamer boat, which after docking at the zulian port went to Curacao, then headed to Puerto Cabello and ended his destination in La Guaira. This journey usually lasted ten days.

High-rise landscapes full of charm.

With the trans-Andean road, it was discovered that the Andes were more than just a lost mountainous region on the map. Spectacular and varied landscapes came to light, with rich green hues, an air that oxygenated and soaked even the most resistant, with nights of clear and fulgsome links of stars and constellations. Further down, in the valleys that settled among the mountains, life was quiet, and the warm climate of joyful hollows and sereneness made their inhabitants peaceful, cordial and laborious communities, delivered from the early hours of dawn to dusk to tillage, cultivation and sheepherding. The dedication to fertile crops and valleys still survives, prodigals of cultivation, flora and streams that wind between rocks, friars, mosses and lichens. There is no shortage of jungles in the Andean foothills full of very tall trees, which are weaving with their vines, parasites and impenetrable ferns. It could be said that the vegetal kingdom in the Andes is represented in five great stratums: 1) Xerophile vegetation (plants that live in very dry climates), from 0 to 400 m; 2) Big trees from 500 m to 2.000 m; 3) Bushes more than 3.000 m; 4) Moorland vegetation more than 3.500 m; y 5) Mosses and lichens higher than 4.000 m. As can be seen, the Andean region is the only one in Venezuela that encompasses that whole range. From the xerophyla in Lagunillas of the state of Merida and Borota and Colon to the north of Los Capachos and also between La Grita and Seboruco of the Tachira state, where cardons, tunas and cacti bloom, up to the mosses and lichens are given in the heights of the moors  region. The strong temperature changes, the irradiation of the sun, the sandy and rocky soils have formed in the Andean moors a flora unique in the world. The Geranians, the Andean Sunflower, the Lupina or the Chocho, the October Friar, the Purple Tobacco, the Spanish Flag, the White Friar, the Sparker and the Bear Grass are species that defy these heights.

Le puede interesar.  El profesor universitario enseña los huesos

The mountain rivers, those of this region, which from the summits are watering moors and valleys, and are not navigable, finally pour their waters into two hydrographic watershed: to the Caribbean through Lake Maracaibo, and to that of the Orinoco, across the Apure river.

The two types of Andes.

There are two sceneries in the Andes. One is that of the highlands, cold, dry, with tiny farms whose borders are stone fences. From the outer walls of the cottages, with gabled roofs, hang pots of beautiful flowers, and ferns. The mist makes them more recollects, full of the desire to be always bound to the earth. The people here are self-absorbed in their world, and so they give the impression of being imprisoned, sheltered, between fences of saws and permanently wrapped in that haze that descends from the moors.  In addition, there is no shortage of greatness and theatre of the night. These quiet immensities are illuminated with lunar clarity and the vision of a starry universe that gives the feeling of wanting to be in space contemplating this luminescent concert. As dangerous gorges go down, whose winding paths are found to be such a chapel in memory of one who failed to complete the journey, there are cliffs in which dark abysses are lost. While one descends, the greenish tones change intensely with the diversity of the crops.

We arrive to the other Andes. They are the land of sugar cane and coffee. They are the Andes of those who fight against the bushy shadows of the forest. It is the Andes of those who have been settling on the soil their hopes, with larger villages, towns and cities. On the streets of its villas and villages, the life of more contact unfolds, which is shaping a physiognomy of its own with shops, neighborhoods and public and private institutions. Business, professional and academic groups are manifested in the cities of Trujillo, Merida and Tachira. We must not forget the influence of the border, where in its time came the Colombian working hand, which at the end of the harvests, decided to settle in the towns and cities to increase the population.

The Andean is hard working, studious and likes power.

If there are fixed characters in the Andean profile, the most prominent ones are their responsibility and the effort they puts into their work, the love for study and intellectual improvement and the determination, almost genetic, to assume functions in power. The Andean is not afraid of the demands of the countryside and the city. They give themselves thoroughly to earn the family support. In terms of its training, it has the advantage that in the Andes there are various options of academic preparation. If someone looks at the priestly vocations, only the municipality Guasimos, in Tachira, is home to five seminars: The Diocesan “Saint Thomas  of Aquino”, the Franciscan Missionary “Saint Joseph of Cupertino”, (of the Friars Minor Conventual), the Augustinian “Our Lady of Good Council”, the Mercedario “Saint Peter Nolasco” and the Passionist “Mother of Holy Hope”. Catholic Colleges and Military High Schools are famous in the country. The Seminar San Buenaventura in Merida became in 1810 the first Republican University of Latin America, today University of Los Andes. San Cristobal is perhaps the Andean city with the largest public and private universities and university institutes. More than 25 higher education institutions make it a core of knowledge and prestigious training in multiple scientific, technological, humanistic and social careers. The National Experimental  University of Tachira, created in 1974, is the most up to date institution with the studies of pregraduate and postgraduate, with 12 long careers and many other short term ones, including b-learning careers, as well as many numerous academic offers in specializations and masters.

The Andean hegemony in power is another trait of this region. It began with Cipriano Castro, and his Restorative Liberal Revolution, in 1899, and continued with the other native presidents of the Tachira, Juan Vicente Gomez (1908-1935), Eleazar Lopez Contreras (1935-1941), Isaias Medina Angarita (1941-1945), Marcos Perez Jimenez (1952-1958) and Carlos Andres Perez (1974-1979 and 1989-1993). Therefore, the Andean being, hard-working, prepared, responsible, honest, hospitable and experimented, that is why this land is now severely attacked, beaten and harassed by a malevolent and vengeful regimen. The whole country continues to focus its new hopes of struggle on these people, who, like their summits, challenge even nature itself, to rise above their difficulties. Perhaps that genetic charge, for now numb in dense haze, at some point emerges and opens up new admirable steps.

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí