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Juan Carlos Zapata – Alnavío

Hay errores que se pagan caro. En los tiempos de Nicolás Maduro, para unos, La Salida en 2014, fue un movimiento a destiempo. Otro acto de desesperación. Lo serían asimismo las protestas de los años subsiguientes. Paradas imaginarias a ver si reventaba algo. Se consideraba que con el 30 de abril de 2019 se tenía suficiente. El levantamiento no solo no levantó a nadie sino que le dieron a Maduro y a la Fuerza Armada un discurso, una épica, y una voluntad en la lucha por el poder a todo evento. Se creía que la lección estaba aprendida, y ahora surge este 3 de mayo lo que se llama la invasión. ¿Qué pasó?


Salta a la vista para muchos dirigentes dentro de la propia oposición que se trata de un acto de desesperación de un grupo sin control, al margen del centro político. Una operación, dicen, improvisada, sin plan, sin medir consecuencias. Una chapuza. La operación habla pésimo de quienes la ejecutaron. Y habla mal del núcleo opositor.


Le hace daño a Juan Guaidó. Porque Maduro se vuelve a encontrar con argumentos para acusarlo de terrorista en el entendido de que el régimen no pierde tiempo en vincularlo a lo sucedido, incluso basado en testimonios de algunos de los protagonistas, que, por insólito que parezca, reivindican el fracaso como una gesta, revelando detalles que espantarían a los mercenarios de cualquier obra de ficción de Frederick Forsyth. Los daños -es difícil calcular aunque sean colaterales- llegan hasta Estados Unidos y Colombia. A la oposición le ha faltado voluntad en desmarcarse de esta y otras operaciones de este tipo.

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Los chapuceros, señalan estos dirigentes de la oposición con los que hablé, han metido en un problema a Guaidó. El régimen va arremeter. Con peor saña de lo visto hasta ahora, que no es poca cosa. Otra vez la Fuerza Armada y el Alto Mando harán causa común con los grupos de la coalición madurista, los que, a su vez, encuentran elementos para seguir resistiendo en el poder. La llamada Operación Gedeón le brinda otra épica a Maduro, la segunda en fila en un año. Ni siquiera Chávez tuvo una así; Chávez que soñó con alguna escaramuza de ese tipo. Ya Maduro tiene su versión. Tanto el 30 de abril de 2019 como ahora en este mayo de 2020 ha dicho lo mismo, que ya estaba al tanto de lo que venía. Por supuesto, no había que esperar mucho para escucharlo decir que Guaidó es el autor intelectual.

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