Por Frontera Viva

Temor, incertidumbre y zozobra se vive en el gremio de carretilleros -personas que trasladan mercancías y equipaje de un lado a otro de la frontera – y comerciantes informales que hacen vida entre el corregimiento colombiano de La Parada y la población venezolana de San Antonio del Táchira, ¿El motivo? La reapertura comercial de la frontera.

En un recorrido realizado por Frontera Viva en la zona, se constató la situación que viven estas personas agrupadas en la Cooperativa Puente Internacional Simón Bolívar que acoge alrededor de 1.000 transportistas de pequeñas mercancías que en un 90% son migrantes venezolanos y 250 de ellas son mujeres.

Comienzan su jornada a la hora en que se abre la frontera (6:00 am) y en una suerte de competencia se disputan los potenciales clientes que les encargarán de llevar su equipaje o mercancía al otro lado de la frontera. Cada viaje varía en su precio, dependiendo de la cantidad de maletas o bultos a transportar.

Una vez emprenden viaje hacía el puente internacional que une a ambas naciones, no solo deben soportar el peso de la mercancía que empujan y las altas temperaturas, también los malos tratos de algunos funcionarios de la Guardia Nacional Bolivariana de Venezuela, ubicados en el trayecto. Aseguran que cada uno de los carretilleros a diario debe pagar una cuota que oscila entre los 7 mil y 15 mil pesos colombianos ($1.7 a $3.6) al funcionario venezolano de turno para poder circular y trabajar en la vía binacional.

Carretilleros de la cooperativa Puente Internacional Simón Bolívar. Foto: Frontera Viva

Se han convertido en personas no solo reconocidas en la zona, también son útiles en la prestación del servicio, pero aun así han sido invisibilizados para el anunciado proceso de reapertura comercial de la frontera que se llevará a cabo este lunes 26 de septiembre.  A pesar que su trabajo es la única fuente de supervivencia con la que hasta ahora cuentan ellos y sus familias.

“Si nos quitan el paso por aquí, nosotros de verdad quedamos fritos”, dice Oscar Sequera un venezolano que trabaja como carretillero. El migrante dijo que en un día de trabajo puede ganarse entre 25 y 30 dólares, lo que le da la posibilidad de enviar dinero a su familia que se quedó en Valencia, estado Carabobo. El sueldo mínimo mensual de un venezolano es de $16.

Pedro Urbano, otro migrante venezolano proveniente de la Isla de Margarita, al oriente de Venezuela, dice que la reapertura de frontera los va a afectar a todos en sus labores diarias, a pesar de tener poca información sobre lo que será el proceso de transporte comercial binacional.

Entre las distintas versiones que comentan los carrucheros de La Parada, como también les dicen, está la supuesta condición de las autoridades de poder seguir pasando las cargas, pero sin el uso de sillas de ruedas, carritos o carretillas. Comentan que ahora deberán hacer el transporte en hombros, o sobre sus cabezas, “¿Cómo se va a cargar una persona al hombro?”, se preguntó Urbano.

Jorge Graterol, otro carretillero precisó que la apertura comercial entre Venezuela y Colombia, no solo implicaría el cierre de su fuente de empleo, también una afectación para la salud.

Carretillera en La Parada. Foto: Frontera Viva

Sin derechos  

El Coordinador del Centro de Estudios de Frontera e Integración -CEFI- de la Universidad de los Andes, Francisco Sánchez, ante la reapertura comercial fronteriza se preguntó ¿Dónde están los derechos humanos de las personas que están siendo maltratadas y solo se le permite el paso a pie, sin carros o vehículos particulares ni transporte público? ¿Por qué si se permite el paso de transporte cargas, no se permite el paso de transporte público? No se trata solo de un asunto de comodidad sino también de seguridad personal.

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Para Sánchez, temas como la redemocratización de Venezuela, los derechos humanos y la migración no se han tocado en medio de la euforia del restablecimiento de las relaciones diplomáticas, consulares y ampliación de relaciones comerciales tanto binacionales como transfronterizas

“No se han tocado aspectos fundamentales que tiene que ver con migración, derechos humanos, con la ruptura de relaciones y situaciones problemáticas que se han presentado en la crisis política venezolana inexplicable que ha generado una emergencia humanitaria compleja  y la perdida de la democracia en el país, con un régimen que paso de democrático en el año 1999, a una democracia liberal, de un régimen hibrido, ahora a un régimen autoritario, descrito por los expertos en ciencias políticas, los estudiosos de los regímenes o sistemas de gobierno”.

Así como existe un consenso general en que relaciones diplomáticas y las consulares que benefician directamente a los ciudadanos deben restablecerse y que el intercambio comercial debe permitirse, estos dos temas de migración, derechos humanos y redemocratización de Venezuela que están fuera de agenda, deberían ser el centro de la conversación.  

“Todo esto debe tener un marco de derechos humanos y de restablecimiento de la democracia. El gobierno colombiano dada su afinidad con Venezuela, está perdiendo la oportunidad no solo de ayudar, también presionar para que entiendan que si no lo hacen seguirá siendo un paria en la comunidad internacional. Parece que en Colombia no hay una política pública con respecto a las relaciones exterior que tenga que ver con Venezuela”, dijo el investigador del CEFI.

El señor Jhon Freddy Hernández, uno de los carretilleros más antiguos de la frontera colombo-venezolana. Foto: Frontera Viva

¿Regresar a Venezuela?

El hermetismo que manejan las autoridades de ambos países respecto al tema ha generado rumores entre las personas que laboran en la zona fronteriza. Algunos afirman que les impedirán trabajar porque no tienen autorización y porque muchos no cuentan con el Permiso por Protección Temporal (PPT) que otorgó el gobierno de Iván Duque para la integración de migrantes venezolanos en Colombia.

El señor José Silva tiene tres años trabajando como carretillero en el sector La Parada. Frente a la singular apertura de la frontera, teme quedarse sin su fuente de ingreso y se enfrenta a la posibilidad de tener que regresar a su hogar en Venezuela. “Me tocaría devolverme a mi tierrita”, expresó.

Sin embargo, entre los carretilleros comentan que volver a sus hogares no es una opción para la mayoría porque no tienen la certeza de poder obtener el sustento que requieren sus familias. Si bien la situación es La Parada no es ideal, llegaron allí porque “la cosa está más suave”, en comparación a otros rincones del territorio venezolano, según afirmó Lainy Vásquez.

Mujeres carretilleras

Alrededor de 150 kilos ha cargado Lainy en su carretilla. Llegó a la frontera colombo-venezolana desde Puerto Cabello, estado Carabobo, donde se dedicaba a la venta de jugos en un mercado popular.

Ella cree que la apertura fronteriza afectará al grupo de carretilleros porque disminuirá el trabajo debido al presunto paso de vehículos. Aseguró que hasta ahora no han dimensionado la magnitud del problema, pero llegado el momento, verán qué pueden hacer para seguir laborando.

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“No han pensado en nosotros. Nadie nos ha dicho cómo nos va a afectar esto”, dice.

Cuando pasa por el Puente Internacional Simón Bolívar se enfrenta al desdén de las autoridades venezolanas, que le ponen “muchas trabas” para trabajar. Cuando no la dejan pasar, le toca ir por las temidas trochas, pasos irregulares entre Colombia y Venezuela, que se mantienen bajo el control de grupos armados, según ha denunciado la ONG FundaRedes.

“Nos toca duro, pero hay que seguir adelante por los niños”, sostiene.

Lainy Vásquez junto a otras mujeres carretilleras. Foto: Frontera Viva

Trochas: una peligrosa opción de cruce

Con su pequeña hija de dos años en brazos, Maryuri Mayora, una joven de 19 años del estado La Guaira, trabaja como carretillera desde hace cinco meses para sustentar la comida y vivienda que debe pagar a diario.

Hasta ahora, pasar equipaje o mercancía de un tramo a otro es la opción que tiene Maryuri. Es la manera en la que puede trabajar y, al mismo tiempo, cuidar a su hija.

El transitar de lado a lado durante estos cinco meses la han hecho consciente de los peligros a los que se exponen los trabajadores de la zona, especialmente las mujeres.

Cuando no la dejan pasar por el puente Simón Bolívar en horas nocturnas debe recurrir a las llamadas trochas. “Yo no le recomiendo eso a nadie, de verdad. A veces violan, asesinan, dan golpizas, nosotras nos exponemos mucho a eso”, asegura Mayuri al tener compañeras que han sido víctimas de estos abusos.

Al igual que Maryuri, la señora Sandra Sánchez trabaja como carretillera en la frontera más viva de América Latina. Frente a la posibilidad de quedarse sin trabajo, ella no sabría a qué dedicarse, pues trasladar paquetes entre ambos países es su única fuente de ingreso.

“El gobierno venezolano no pensó en nosotros. Muchas personas van a salir perjudicadas aquí. Ellos debieron tomarnos en cuenta como trabajadores que estamos en esta frontera”, manifiesta.

Cuenta que a esta labor no solo se dedican hombres y mujeres, también niños desde los 10 años de edad. Todos luchando por lo mismo, la supervivencia.

Sandra Sánchez y Maryuri Mayora con su hija en el sector La Parada. Foto: Frontera Viva

“Amanecerá y veremos”

El carretillero y uno de los fundadores de la cooperativa Puente Internacional Simón Bolívar, Jhon Freddy Hernández, y la comerciante informal Solan Lucena, han sido testigos del deterioro y la indiferencia de las autoridades hacia los trabajadores del sector fronterizo desde el año 2015.

“Amanecerá y veremos” o “del dicho al hecho hay mucho trecho” son frases con la que expresan su escepticismo y desconfianza hacia lo que pudieran hacer las autoridades en beneficio, o perjuicio, de quienes dependen del trabajo diario.   

“Este trabajo no solo ha sido mi sustento y de la familia, también me ha dado para pagar la educación de mis hijas”, comentó Hernández, uno de los migrantes más antiguos asentado en el paso binacional.

Identificación del señor Jhon Freddy Hernández como carretillero. Foto: Frontera Viva

La expectativa está puesta sobre el martes 27 de septiembre, posterior a la reapertura comercial del Puente Internacional Simón Bolívar. Esperan poder sacar sus carretillas y armar sus puestos para hacer la ganancia del día, pues para este lunes 26 la orden es tener las calles vacías, sin los vendedores ni carretilleros que le dan vida a la zona.

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